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El 23-F no fue un golpe, sino un"giro de timón", con la venia del Rey. Luego Tejero se salió del guión y la cagó

24/02/2014 06:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con tres implicados principales, el general Armada, Milans del Bosch y Tejero, de la Guardia Civil, Con el conocimiento y venia del rey don Juan Carlos, el 23-F, que derrocaría al presidente Suárez, terninó siendo una aventura en lugar de ser "un giro de timón" con gobierno de concetración nacional

La historia del 23-F es una historia oral, ya que el golpe se hizo sin papeles, sin planeamientos serios excepto los del general Alfonso Armada, rigurosos y unificados, con los datos principales que no conocen sino a medias los tres principales implicados (Armada-Tejero-Milans). Hay versiones antagónicas y contradictorias, con intoxicaciones y datos con los que se ha intentado ocultar la verdad, con declaraciones de los culpables, juzgados y condenados, que no se han podido comprobar en todos sus extremos, ya que, incluso han existido restricciones para poder investigar, desde el punto de vista estrictamente judicial, determinados aspectos de aquella aventura. Los únicos documentos oficiales que existen relacionados con el golpe, son los posteriores a la toma del Congreso.

La muerte del general Alfonso Armada Comyn, en diciembre de 2013, a los  93 años, indultado por el Gobierno del socialista de Felipe González tras cumplir 6 años de los 30 a los que fue condenado, no enterró ni mucho menos la verdad histórica y judicial sobre “el golpe” de Estado del 23-F. Cada vez más historiadores, investigadores y testigos directos están desvelando que la asonada no se produjo como la contaron sus protagonistas, sino que el “golpe” la avaló el propio rey Juan Carlos, y conectó los hilos de la trama su hombre de confianza desde 1960, Alfonso Armada (secretario de la Casa del Rey Juan Carlos con la acquiescencia del dirigente socialista Enrique Múgica (PSOE). Fueron quienes en principio se movieron para hacer posible un “Gobierno de Concentración” para gobernar España tachando los errores del Presidente Adolfo Suárez.

Sí existe un documento fuera de serie, el de la doctora Carmen Echave, la médico del Congreso cuyo valioso y valeroso testimonio nunca ha sido negado ni rebatido. Ella fue quien anotó secretamente los nombres de los complicados, e tras escuchar la larga conversación que el general Armada mantuvo con otro comprometido para ponerle al corriente.Oyó todos los nombres que Armada proyectaba integrara en el nuevo gabinete de “concentración“. y los escribió en su propia agenda para no olvidarse.

La fiabilidad del testimonio de la doctora Echave lo corrobora la periodista Victoria Prego, especializada en la Transición, y lo confirma su colega Pablo Sebastián, que menciona cómo Fernando Alvarez de Miranda (UCD) y Alejandro Rojas Marcos (Partido Andalucista) supieron que Felipe González había dado el visto bueno a un “Gobierno de concentración nacional”:

Aqui la conocida “lista de los 19”, políticos y militares que, por fidelidad al rey, odio a Adolfo Suárez, ambición, o las tres cosas a la vez, estaban dispuestos a todo con tal de poder ocupar un sillón ministerial.

Los 19 del “giro de timón“ eran:

- Presidente: general Alfonso Armada

– Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)

– Vicepresidente para Asuntos Económicos: J.M. López de Letona (Banca)

–Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)

–Ministro de Defensa: Manuel Fraga Iribarne (Alianza Popular)

–Ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba (PSOE)

–Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD)

–Ministro del Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro

–Ministro de Obras Públicas: José Luis Alvarez (UCD)

–Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)

–Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE)

–Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)

–Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (presidente de la CEOE)

–Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)

–Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE)

–Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)

–Ministro de Autonomías y Regiones: general José Antonio Sáenz de Santamaría

–Ministro de Sanidad: Enrique Múgica Herzog (PSOE)

–Ministro de Información: Luis María Anson (presidente de la agencia Efe)

El problema fue que el autor material de la “mise in scene“, de la toma del Palacio de las Cortes, el verdadero golpista, el coronel de la Guardia Civil,   Antonio Tejero, les salió rana. No aceptaba la lista que le presentaban, tras hacerse con el congreso. Pudo no haber ocurrido nada, sino un “incidente”, pero un operador de TVE dejó encendida una cámara que puso al descubierto la opereta bufa. La vio todo el mundo. El general Armada no consiguió convencer a Tejero de que se le invistiera allí mismo presidente del Gobierno junto con dirigentes de AP, PSOE, PCE, UCD e independientes. Pero el teniente coronel Tejero consideró a algunos de ellos “traidores” por ser socialistas, comunistas, de  izquierdas, y no los aceptó decidiendo en adelante actuar por  cuenta propia y… se salió del guión que estaba en la mente y los papeles del general Armada.Y ni permitió al general poner el pie en el congreso secuestrado.Tejero sí era ultraderechista, involucionista y franquista, pero fue mero instrumento, ni jefe, ni inspirador, ni ideólogo del golpe. Es decir el 23-F no fue un golpe típico de la derecha.

 El hecho de que la radio y la TV continuaran transmitiendo, con un energúmeno que puso a todos cuerpo a tierra, disparando 37 tiros al aire en el Congreso y el mundo entero viéndolo en directo, era extraño para cualquiera. Una película, que pudo titularse el “golpe de timón” y se hizo absolutamente sospechosa a nivel internacional, de principio a fin. En otra entrevista al preguntársele al coronel Alberto Perote del CESID, que vivió en directo todo el asunto, qué habría pasado si Tejero hubiera obedecido y las cámaras hubieran sido desconectadas, su respuesta fue rotunda: “El general Armada habría salido del Congreso investido como presidente del Gobierno”.

Rojas Marcos fue siempre un testigo incómodo

porque junto con la doctora del Congreso lo sabía todo y surgieron muchos ¿por qués?, que no se han aclarado.

Volviendo el relato hacia atrás, nos centraremos en el dueto General  Armada--Juan Carlos de Borbón. Alfonso Armada, fue el preceptor y secretario del rey Juan Carlos, al que conocía desde que muy joven. El entonces Príncipe, comenzó sus primeros estudios en Madrid tras un acuerdo entre su padre Don Juan de Borbón y el general Franco. Armada siguió con solicitud todos sus pasos, día a día, por las Academias Militares, y otros colegios y clases particulares. Y así llegó a conocerlo mejor que a un hijo, y a tener una influencia especial sobre él. Con habilidad, dedicación y capacidad de trabajo se convirtó en un hombre imprescindible que preparaba las audiencias del Príncipe, que vetaba entrevistas, que entonces según él, podían resultar peligrosas y el que filtraba toda  información que llegaba a palacio. En toda esa época  siguió manteniendo, para preocupación de su padre Don Juan de Borbón una estrecha relación con el general Franco al que informaba absolutamente de todo. Hasta la llegada del general Sabino Fernández Campo nombrado jefe de la Casa Real, El general Armada fue el que manejó todos los resortes de Zarzuela.

Durante años es quien realmente mandó en Palacio, y lo dejó por intervención directa del presidente Adolfo Suárez, con el que chocó en diversas ocasiones, la última en 1977, cuando Armada, descontento con el giro que está tomado la política española con el primer Presidente democrático de la historia reciente del país, se lo dijo.

El presidente Suárez, Armada (entonces todavía secretario de la Casa Real), y el Rey, tuvieron una bronca monumental en la que Armada le echó en cara a Suárez el descontrol del gobierno en temas autonómicos; el peligro que los Estatutos de Euskadi y Cataluña  suponían para la unidad de España; la falta de iniciativa en la lucha contra el terrorismo y la degeneración moral que la política del Gobierno. Todo lo cual estaba--según el general-- causando daño incalculable en el pueblo español. Armada terminó afirmando casi a gritos, que para él España estaba por encima de la Constitución y de la propia Corona a la que dijo defender. Para él, primero estaba Dios, luego la Patria, después la Constitución, cuarto el Rey. “Señor” -llegó a decirle  Suárez al Rey, en esa misma reunión, - “estamos ante un golpista”.

El único plan factible de Armada para apartar del todo al presidente Suárez era proponerse él mismo como Presidente de un Gobierno de concentración nacional, para lo que previamente ya había establecido contactos con dirigentes políticos, especialmente del PSOE. Pero el plan sufrió alteraciones por la repentina e imprevista dimisión de Adolfo Suárez, el 29 de Enero de 1981, para según dijo él en su discurso de despedida, “no ser un nuevo paréntesis en la historia de la democracia de España“.

La cuestión es que el golpe del 23-F nunca fue ”contra el rey “, sino ”a favor del rey”, y por eso nunca hubo ningún plan para tomar Zarzuela. Ni apresar a Juan Carlos. Fue un pulso entre Armada y Sabino Fernández del Campo, juego de ajedrez, Zarzuela pura.

Y efectivamente, Armada se convirtió en el  cerebro del golpe 23-F,   para el que contaba con el apoyo incondicional del teniente general Milans del Bosch y el teniente coronel Antonio´Tejero de la Guardia Civil, que era el “desencadenante” de la operación que desde ese momento  sí podía llamarse golpe militar, porque efectivamente había la inevitable Junta Militar.

Para ello Tejero había alquilado cuatro grandes autobuses en que trasladar al Congreso a los 780 números de la Benemérita que  participaron en la operación miitar.

En dos palabras el “giro de timón” constitucional

consistía en la toma ordenada del Congreso de los Diputados y el secuestro del Presidente del Gobierno, el gabinete en pleno, y la totalidad del poder legislativo, la sublevación de la Capitanía General de Valencia y la incorporación, después de la salida de la División Acorazada en Madrid (que no llegó a salir), y un telegrama del Rey dirigido a los máximos jefes militares, por el que  se confirmaba que había ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomaran todas las medidas pertinentes para mantener el orden constitucional, dentro de la legalidad vigente.

Había también un bando de Milans del Bosch por el que se declara el toque de queda y se suprimían las garantías constitucionales.

Tal cosa hubiera sido imposible si, previamente, el rey no hubiera nombrado al general Armada, Jefe de la Junta de Estados Mayores, tras una entrevista mantenida el 18 de diciembre e 1980.  Cuando dos días depuse el rey se lo  comunicó al Presidente Adolfo Suárez, éste se enfadó muchísimo porque  sospechaba y lo había dicho ya en 1977, que el general Armada era un militar golpista y aunque no tenía pruebas, sabía bastante de la antipatía del general hacia él, tanto personal como política. Y nadie lo ha dicho, pero barruntaba que los militares preparaban algo para salirse de él.

El 3 de enero de 1981 volvieron a reunirse durante varias horas Juan Carlos y Armada en el refugio de montaña de La Pleta, en Baqueira Beret; el 29 de enero, Adolfo Suárez ( como hemos dicho) comunicó al Rey Juan Carlos su dimisión irrevocable; el 29 de enero se hizo pública la dimisión; el 3 de febrero, desde el aeropuerto de Barajas, y antes de salir hacia el País Vasco, Juan Carlos comunicó a Armada su nombramiento como 2º JUJEM( General Jefe de la Junta de Estados Mayores), lo cual Armada le agradeció vivamente.

El 23-F excepto las voces de orden altisonantes del teniente coronel de tricornio  poniendo cuerpo a tierra a todos los parlamentarios, no pasaba nada. Tejero tenía que mantener orden en la sala y esperar ulteriores órdenes de Milans del Bosch. Algo que puso al teniente coronel Tejero en guardia, fue el hecho de que se le presentó en la puerta del Congreso secuestrado el general Armada como el candidato para presidir el nuevo gobierno de concentración. Resulto que a él le habían prometido que el jefe de la junta Militar iba a ser Milans del Bosch ante lo que se opuso de primeras, a permitir el paso al palacio del Congreso al general Armada con estas palabras: ”Mi general aquí el sitio es para Milanes del Bosch y yo no he llegado tan lejos para eso”.

La lectura de la lista de los 19 ministros de gabinete de concentración le sentó

 

“¿Por qué Felipe González -como lo ha recordado mil veces Fernando Álvarez de Miranda citando a Adolfo Suárez y lo ha confirmado Alejandro Rojas Marcos- prefería un Gobierno de concentración nacional presidido por un militar, como el que proponía Armada, en vez del Gobierno de Suárez?  El coronel Martínez Inglés coincidió con Milanes del Bosch en prisión y le contó todo.

La heroina del 23-F fue la Dra Echave, médico del Congreso, que escuchó la lista de los 19 candidatos al gabinete de emergencia y los anotó

En su libro “La transición vigilada”, retirado del mercado a los 15 días, el coronel Martínez Inglés incluía las únicas declaraciones del general golpista Milans del Bosch sobre esos acontecimientos. Era  un hombre completamente distinto de Armada, no era un hombre de Palacio sino un militar castrense cien por cien, que siguió en prisión durante nueve años y se sentía engañado y abandonado.

 Habían coincidido en la misma celda y el coronel Martínez Inglés le prometió no divulgar sus confidencias hasta después de su muerte. Milans del Bosch dijo: “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, sintiendo el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con el plan fabricado básicamente por Armada”.

  Juan Carlos-General Armada: una amistad inquebrantable y un pacto de silencio. Por no acusar a su señor rey, Armada se calló y pasó cinco años en la cárcel hasta que fue indultado.

El periodista Jesús Cacho también investigó este tema escabroso en el libro “El negocio de la libertad’. Su colega Rafa Plaza afirma que Cacho  había entregado los originales a la editorial Plaza y Janés del grupo Berstelsmann, pero le dijeron que lo publicarían si mutilaba un 50%. “No queremos problemas”, le comentaron. Lo llevó entonces a la editorial Foca, y el libro ya hace tiempo alcanzó en la undécima edición, la venta de 90.000 ejemplares.

Cacho menciona y  confirma la aprobación  total de Juan Carlos para la operación, terminada la cual con el desenlace conocido el general perdedor Armada  pidió  autorización al Rey para hacer públicas sus conversaciones  previas al “golpe” que guardaba en un documento escrito y firmado de su puño y letra y rubricado con nombre y  apellidos, graduación, promoción, fechas, etc..La carta en que le pedía ese favor existe y era antes del juicio contra él. Armada le rogaba al rey “por el honor de mis hijos y de mi familia"  autorización para utilizar el documento de la entrevista mantenida el 13 de febrero como pieza clave ante el Consejo de Guerra. Con un testimonio así en su favor, que era todo verdad, esperaba incluso una sentencia absolutoria. Pero su amigo entrañable, el rey don Juan Carlos, denegó el permiso…Y el Consejo de Guerra le condenó a 30 años de cárcel. ¿Por qué  hizo el Rey tal cosa?.¿Desconfiaba de la memoria del general Armada sobre lo tratado en esas entrevistas?. Imposible..

Conociendo a Armada como el Rey le llegó a conocer desde niño a lo largo de los años, se puede decir que el general y preceptor era una biblioteca  viviente que conservaba todos los documentos, declaraciones, recortes, sobre uno de los capítulos más misteriosos de la reciente historia de España. Armada, por formación y por oficio, era un personaje minucioso, tomaba nota de todo, lo guardaba todo, hacía observaciones al margen de lo anotado. Durante el juicio, con una carpeta azul debajo del brazo de la que no se separaba, consultaba notas, tomaba apuntes, repetía datos. Por eso la causa de la negativa a ayudar a su “padre educador” podía ser pensar que éste pudiera olvidar o mentir o tergiversar algo…cosa imposible porque Armada sustanciaba lo que decía con documentos guardados en su carpeta azul. Autorizar un documento vital para la defensa de su amigo era lo normal, pero… Indudablemente tenía papeles reveladores que se acumulaban bien clasificados de lo que Armada había dicho al rey y lo que éste le había contestado en cada entrevista, junto a toda la información adicional: la que venía de Zarzuela, la del Estado Mayor del Ejército y la propia de quien en esos momentos era el número dos en el Estado Mayor. Se podría más bien decir que el general no es que pudiera omitir por olvido algo trascendental, sino que recordaba demasiado.- Y eso era peligroso para el Rey.

 

Otros tres testigos más, los coroneles Diego Camacho y Alberto Perote, junto con el propio jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, quien fue despedido después por el rey porque éste no admitía sus consejos en que  desaprobaba sus continuas “tropelías” reales, han dejado testimonio de  lo que saben. Con ellos habló o recabó su testimonio el catedrático Roberto Centeno.

El coronel Diego Camacho investigó el 23-F

“Los golpistas del 23-F fueron víctimas de la fatalidad cuando el teniente coronel Tejero,   se negó a obedecer al general Armada por las razones antedichas. En una entrevista radiada el coronel Camacho dijo que él denunció todo lo que se tramaba ante su superior el general Calderón, sin saber que también éste formaba parte de la trama y que todos sus superiores también estaban implicados en el golpe y lo apartaron de inmediato.”. Según este coronel, el Rey quiso dar marcha atrás cuando Armada le comunicó por teléfono que el coronel Tejero no le obedecía e iba por libre.

El jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos cuando fue expulsado de su puesto por el Rey, le contó a Trevijano cómo en el libro de visitas al monarca del día 11-F aparecía borrado el nombre de D. Alfonso de Borbón y en su lugar se había puesto el del general Armada, que se presentó  en la Zarzuela, sin el conocimiento de su capitán general. Y -continúa el general Fernández Campos- “tratándome, ante mi sorpresa como si fuera un soldado raso”. “ Luego Armada me exigió: “dígale a Juan Carlos que estoy aquí y vera cómo me recibe (el Rey) en el acto”, lo que efectivamente sucedió. Ya habían concertado Armada y el rey la fecha en que iban a concretar los detalles del “golpe”. Y ese fue el día.

Juan Carlos a Milans del Bosch: “ya no puedo echarme atrás” es ya una frase histórica del 23-F. La pronunció el Rey. Según le contó el exjefe de la Casa Real, Fernández Campos,   a Trevijano…. a las tres de la mañana del 24-F, el Rey ordenó a un capitán de servicio en la Zarzuela que se presentara en la Agencia EFE y retirara el cable enviado por el mismo Rey a Miláns del Bosch la suspensión de la operación político-militar avalada por él mismo. A esa hora de la madrugada Milans del Bosch, en teoría, ya había sacado los tanques a la calle. Fue entonces cuando Juan Carlos dijo: “ya no puedo dar marcha atrás”. Como Milans no obedeció al Rey al instante, el mensaje del monarca en la televisión no podía emitirse hasta la madrugada.

Para que se entienda el matiz maquiavélico de la escenificación, los papeles de Armada y Milans del Bosch, en sí, no son los de unos golpistas, sino los de reconductores de una situación de elevada emergencia nacional. Tejero es el golpista, Armada y Milans son salvapatrias, los libertadores.

En el 23-F los militares complicados no exactamente en la lista de los 19 sino los que intervinieron, pagaron el pato, todos los condenados menos uno eran militares, aunque en el golpe había más civiles que militares, y al igual que su jefe máximo y cerebro general Alfonso Armada en la aventura todos mantuvieron la boca cerrada”

   

De esta forma el plan de Armada, que en principio iba a ser una especie de “Operación De Gaulle”, se reconvirtió. En 1958, “mon general” maniobró con la sublevación militar de Argelia para transformarse en jefe del Estado, aunque sus compañeros de armas, empezando por Salan (parecido al teniente coronel Tejero de esa historia). Fracasada la IV República De Gaulle pretendió reconducir el camino de Francia-ahora sin Argelia- mediante una reforma constitucional, que dio lugar a  la Quinta República. Un gobierno presidencialista de coalición con representantes de todos los partidos políticos. Un giro de timón a la francesa.

 

 A semejanza, el 23-F es también un golpe de estado constitucional  (monárquico) que debería terminar con la elección, por parte del Congreso de los Diputados, de un Presidente constitucional. Da la impresión de que Juan Carlos se terminó creyendo el papel heroico que le ha concedido la propaganda monárquica desplegada desde el golpe, de modo que ha interiorizado que fue él quien lo paró todo, cuando Tejero dio un bandazo. El 23-F en su origen y en su evolución no tiene nada que ver

 con un golpe de Estado ultraderechista, involucionista y franquista, que gallardamente Juan Carlos supo desactivar.

 La mentira tiende a hacer perder el sentido de la realidad. Quien desbarató el golpe no fue el monarca, sino paradójicamente el teniente coronel Tejero no por sus disparos en el techo del hemiciclo y sus maneras verdes de conducirse, sino frenando al general Armada a la puerta del Congreso.

La versión del golpe de Estado del 23 de febrero del periodista Manuel Soriano, en el libro “La sombra del Rey”, que es lo que era el general Sabino Fernández-Campo (Jefe de la Casa Real), hasta que Juan Carlos le echó por cantarle las cuarenta sobre sus francachelas, s más bien una biografía hagiográfica, es decir, de una alabanza no del rey sino de su sombra. La publicación en la edición de 2008, de una entrevista con el propio Sabino, concede al libro la condición de ‘biografía autorizada’, es decir, revisada y dado el conforme…

 De hecho, el autor narra no sólo los hechos, desde la óptica del biografiado, recoge sus opiniones y también tiene acceso a sus más íntimos y terribles sueños. “A Sabino Fernández Campo le dieron un título nobiliario con grandeza de España. A Alfonso Armada lo condenaron a treinta años de prisión. Esa es la diferencia entre el ganador y el perdedor del pulso que se echaron el 23 de febrero de 1981 el ex secretario de la Casa Real y Alfonso Armada, el más constante, valorado y leal servidor del rey desde su niñez . Podía haber sido al revés.

 Sabino Fernández Campo se ve, en sueños, como un rebelde y con un final muy dramático incluso. Los tanques llegan al palacio de la Zarzuela y el Rey los recibe exclamando: ‘¡Menos mal que habéis llegado, el general Sabino me tenía secuestrado!’. Un fuerte dolor en el pecho le despertaba con la impresión de haber recibido un tiro en el corazón. Había sido una pesadilla.

La interpretación de Sabino Fernández Campo incluye los siguientes elementos: a) fue un golpe de Zarzuela; b) un pulso interno entre Armada y Sabino; c) Juan Carlos siempre pudo optar por una u otra solución. Desde luego, el final de la pesadilla no deja en buen lugar el nivel moral del monarca al que sirve, tan capaz, al menos en sueños, de nombrarle conde de Latores como de fusilarle. Es tan curioso y antinatural ese oficio vitalicio y, además, hereditario de rey, de primer funcionario de la nación, que no valora el mérito de sus colaboradores y el servicio que estos le brindan, con frecuencia, de manera servil, como son los casos de Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch que no fueron fusilados, pero recibieron condenas de treinta años por encabezar un golpe notoriamente monárquico como fue el 23-F. Sin ucronías, sin saltos en el tiempo, ese 23 de Febrero Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch eran las referencias monárquicas del Ejército, los amigos del Rey.

A los dos los conocía muy bien Juan Carlos, y “los dos estaban imbuidos de ideas mesiánicas: salvar a España y al Rey del peligro que corrían”, guiados por un “monarquismo ciego” y “dolidos con la democracia por la que se consideraban maltratados”.

Según el filósofo Karl Popper, en su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” (Editorial Paidós) “debería renunciarse a la ingenua creencia de que cualquier conjunto de datos históricos sólo puede ser interpretado de una manera. Pero esto no significa, por supuesto, que todas las interpretaciones sean correctas. En primer lugar, siempre hay interpretaciones que no están realmente de acuerdo con los datos aceptados; en segundo lugar, existen algunas que necesitan cierto número de hipótesis subsidiarias más o menos plausibles para resistir la evidencia de los hechos registrados, por último las hay (interpretaciones) incapaces de relacionar un número dado de hechos que pueden vincularse y, en esa medida, explicar que “diferentes interpretaciones podrían incluso complementarse mutuamente”.

Añade Popper que “toda generación tiene sus propias dificultades y problemas y, por lo tanto, sus propios intereses y puntos de vista. Lo que significa que cada generación tiene derecho a mirar y reinterpretar la historia (el pasado), a su manera, lo cual complementará los enfoques de las generaciones precedentes”.

Es decir, no podemos tener la verdad absoluta o la interpretación definitiva sobre un hecho histórico, pero sí podemos eliminar aquellas interpretaciones que no están avaladas o son desmentidas por los hechos. Y eso ocurre con el 23-F, 33 años después.

 

 

 

 


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