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Gracias a mi investigación, acabé con las andanzas de un peligroso falso médico en la Ciudad de Buenos Aires

08/11/2014 01:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Era una noche calurosa de verano, allá por 1975, todo comenzó mientras me encontraba sentado en la mesa de un Pub, situado en la calle Sarmiento al 1800 de la Capital Federal y disfrutando de una gaseosa bien helada

Por Raúl Enrique Bibiano

Por vuelta de las 02:00 de la madrugada, se me acercó a la mesa aquél sujeto de contextura gruesa, calvo y de ojos saltones, vestido con un atuendo de médico; pidiéndome que le cuide unos minutos su maletín que, según sus dichos, contenía material quirúrgico, dado que acababa de terminar una operación de un fibroma que había deparado 5 largas horas.

Ni bien traspuso la puerta del sanitario, y dada mi enorme desconfianza, (por los actos terroristas de esos tiempos) recuerdo que abrí su maletín y para mi sorpresa, solo había en su interior unas cuantas rifas del ministerio de salud pública y algún recetario, nada más. A los pocos minutos el sujeto salió del toilette secando sus manos con un pañuelo, se aproximó a mi mesa y agradeciendo mi gentileza por cuidar su valioso “maletín” me preguntó si me quedaría un poco más allí.

Como mi respuesta fue que hacía pocos minutos que había llegado, me pidió que lo esperara un rato, dado que vivía a solo unos cientos de metros de allí, que iría a darse un baño y regresaría para charlar un rato porque su esposa estaba de viaje. De repente, sacó del bolsillo de su chaqueta de médico un tarjetero y me entrego una tarjeta en la que se podía leer Dr. Julio Eugenio Pincowikz – Médico Cirujano- y dando la vuelta se perdió tras cruzar la puerta de entrada al local.

En aquel momento me dediqué a idealizar un plan para investigarlo en caso que regresara, dado que una corazonada me decía que se trataba de un personaje fabulador de quién era mucho más acertado no creer una sola palabra. Para muestra ya sobraba con su primer engaño sobre el supuesto contenido de su maletín.

Había transcurrido una media hora mientras desde que se había marchado y de pronto lo vi ingresar nuevamente. En esta nueva ocasión, llegaba vestido muy elegante, vistiendo un costoso traje y solamente portaba en su mano derecha una agenda forrada en cuero marrón…

Con mucha educación, me pidió permiso para tomar asiento y quedamos frente a frente compartiendo la mesa. Acto seguido llamó al camarero y pidió un café, ofreciéndome beber lo que yo deseara. – Le acepté la invitación pidiendo también un café y me al tiempo que el camarero se dirigía hacia el mostrador, me preguntó si vivía en el barrio y a que me dedicaba.

Obviamente, desde el incidente primer momento cuando advertí que me había engañado con el supuesto contenido de su maletín, ya tenía preparado un plan que comenzaba a poner en práctica. –Soy estudiante – le respondí, Estudio psicología. Después de todo, si el afirmaba que era médico, lo cual rápidamente intuí que era completamente falso, no tenía nada de malo hacerlo creer algo que en realidad yo no hacía.

Mientras bebíamos el café, con una inmensa confianza como si me conociera de muchos años, me preguntó si tenía algo que hacer durante la mañana, dado que el debía desplazarse hasta la localidad de Berazategui para ver una “enferma” dado que también realizaba medicina laboral y no conocía mucho aquella localidad, siendo que acompañado por mi se sentiría mucho más seguro.

Yo no podía salir de mi asombro, porque realmente no le creía ni una sola palabra pero a esas alturas, ya formaba parte del inicio de una tarea de investigación que para mí, resultaba de lo más importante. Me había propuesto sacar mentira verdad de la verdadera actividad del “Dr. Julio” y sin desaprovechar la oportunidad, le dije que aceptaba acompañarlo.

Terminamos el café, llamó al camarero y luego de pagar su invitación, nos levantamos, salimos a la calle y nos despedimos, pero antes de eso, me anotó en una hoja de recetario sin membrete la dirección de su domicilio para que pase a buscarlo en esa misma mañana.

En mi reloj daba la hora 03:30 de la madrugada y debía levantarme en pocas horas para pasar a buscar a mi sospechoso, caminé las pocas calles hasta el departamento, subí, me quité la ropa y me zambullí en la cama hasta que a las 09:00 me despertó la chicharra del despertador que no dejaba de sonar!

Hacía bastante calor aquella mañana, la ducha fría me ayudó a despejarme y el café cargado me ayudó aun mucho más para despabilarme del todo. Mientras que bebía aquel café, pensaba que ni valía la pena planear alguna estrategia, dado que no tenía ni idea de lo que vendría a suceder aquella mañana. Salí y caminé aquellas 4 calles hasta el domicilio del entonces “Dr. Julio”-

Ni bien toqué el timbre del portero eléctrico me invitó a subir a su apartamento porque se estaba vistiendo y accedí a ingresar para aprovechar a observar in situ el hábitat de este sujeto, era una forma de poder realizar una suerte de inspección ocular disimulada.

El departamento no era nada del otro mundo, 1 dos ambientes pequeño, que contaba con un dormitorio, un comedor, baño y cocina interno. Este sujeto tenía unos 50 años de edad, lo cual y a lo que tenía a la vista, sumado a todos sus comentarios respecto a sus actividades, no hacía más que fomentar más dudas que certezas respecto a su supuesta actividad profesional…

Nos trasladamos en autobús hasta la estación de trenes y continuamos viaje en tren hasta Berazategui, unos 27 kilómetros al sur de la Capital Federal. Como no podía anotar cada movimiento de este sujeto, solo podía memorizar todo cuanto hacía y decía para después pasar todo prolijamente a una hoja de mi anotador cuando estuviera solo.

Al llegar a la estación de la localidad, nos dirigimos hacia la comisaria, donde se presentó como médico legista, lógicamente que iba vestido con su atuendo impecable de médico, portando su maletín al que ya había revisado en el primer momento que lo tuve a la mano. Jjamás había visto a un sujeto tan intrépido y audaz frente a mi cometiendo todo tipo de actos anormales! Pidió hablar con el oficial de servicio y le pidió que nos trasladen en un móvil hasta el domicilio donde debía verificar el estado de salud de una paciente.

Yo no podía creer lo que estaba observando. Lo más insólito fue que no solo lo trataron como si fuera una personalidad, también le facilitaron un patrullero para trasladarnos hasta el domicilio al que debía ir que se encontraba en un barrio cerca del centro de Berazategui.

Recuerdo que al llegar, tocó timbre y se presentó como medico laboral de una panadería situada en la calle Bartolomé Mitre, donde esta joven era empleada. Solamente le efectuó una breve entrevista y le entregó un certificado en el que le otorgaba tres días de reposo….

Salimos del domicilio y nuevamente abordamos la patrulla que nos dejó de regreso en la estación para abordar el tren hacia la Capital Federal. Luego del largo trayecto, finalmente nos trasladamos nuevamente en autobús hacia la zona del barrio de Once, En esta oportunidad, nos dirigimos a una Panadería y Confitería aledaña al Sanatorio Mitre. En el lugar, este sujeto se entrevistó con el propietario del comercio, que resultó el empleador de la empleada visitada por él.

A medida que iba observando cada acto de este supuesto Dr. Julio, más me sentía sorprendido por su audacia. Recuerdo que luego nos retiramos y fuimos a comer unas porciones de pizza a un lugar allí cercano y regresamos caminando hasta su departamento, donde lo dejé despidiéndonos hasta la noche. Dado que según él, debía trasladarse a ver unos pacientes a una clínica en la zona oeste del gran buenos aires.

Aprovechando que me encontraba en casa, me senté a escribir ordenadamente cada situación de la que había resultado un testigo presencial y aguardé el próximo encuentro para continuar con mi labor de observación.

A todo esto, yo jugaba con ventaja porque yo sabía donde vivía este tal Julio pero él ignoraba donde era mi domicilio. Finalmente como a las 20:00 horas nos volvimos a encontrar en un bar, a donde este llegó vestido de traje y corbata trayendo consigo solamente una agenda en la que por su tamaño, pude ver que también traía consigo unas rifas del ministerio de salud pública. Aprovechando la oportunidad, de manera indirecta lo interrogué respecto de las rifas y sin dudarlo me respondió que le hacía un favor al ministerio vendiendo las rifas a modo de “darle una manito al estado”…

Este sujeto tenía una labia increíble y era capaz de convencer a cualquiera con sus fabulaciones, lo que no conseguía hacer conmigo, dado que solamente intentó engañarme una sola vez y desde allí en adelante, yo lo miraba como a un delincuente, al que lógicamente, debía probarle acertadamente mis sospechas. Aquella noche recuerdo que no estuvimos demasiado tiempo reunidos, pero antes de despedirnos, me invitó a que lo acompañe al Departamento Central de Policía Federal, donde debía visitar a unas amistades…

De regreso a casa, nuevamente retomé mi redacción de todo cuanto se había hablado y sobre cuanto había recaído en mis sentidos y luego de preparar mi cena, me di una ducha, cené y me acosté a descansar plácidamente, pero ansioso por saber los próximos movimientos del supuesto Dr. Julio.

Nuestro tercer encuentro fue prácticamente al medio día, desde su domicilio en la entonces calle Cangallo al 1800, nos trasladamos a un entonces famoso restaurante situado por aquel tiempo en la avenida Callao a unos 80 metros de su domicilio. Cuando llegamos nos acomodamos en una mesa y el dueño del establecimiento gastronómico vino de inmediato a saludarlo y a ofrecerle todo lo que quisiera de su restaurante.

Luego de aquel almuerzo, me dijo el tal Julio, ahora vamos a ir a visitar a unos amigos… Fue entonces que crecería más desconcierto en mis sospechas respecto a este personaje…

Desde aquel restaurante, recuerdo que nos dirigimos a pie atravesando la plaza del congreso para llegar en pocos minutos nada menos que hasta el propio Departamento Central de la Policía Federal Argentina, situado en Moreno 1550. Recuerdo que ingresamos por la puerta central donde el personal de la guardia de infantería nos permitió el acceso sin preguntarnos nada, ni a donde era que íbamos ni quiénes éramos.

Primero nos dirigimos a Fotografía Policial, que en aquellos tiempos funcionaba en la sede del Departamento Central, al igual que Documentación y muchas otras divisiones Policiales. Allí se entrevistó con un personal subalterno a quién me presento, indicando que yo era su sobrino… Luego me referiría que este suboficial había conseguido quitar su fotografía del legajo personal, es decir de su Prio.

Pero no terminaba de sorprenderme una situación que pasábamos a otra como por arte de magia. De allí nos trasladamos nada menos que al entonces Gabinete de Toxicomanía, donde preguntó por su jefe, el Dr. Humberto Cavarretta. Muchos me miraron, pero guardaron silencio… De inmediato nos hicieron pasar a su despacho donde el tal Dr. Julio con total demostración de confianza, tomó asiento frente al Comisario y me presentó también como “su sobrino”… A mí se me caía la cara de vergüenza su actitud y desparpajo, pero como debía proseguir con mi papel de ingenuidad, no pronuncié palabra alguna durante todo el tiempo en que allí duró su visita, la que en realidad ni fue tan demorada ni trascendente. Don Humberto también me clavó la mirada sin decir nada, creo que intuyó que mi presencia acompañando al tal Julio podía ser parte de alguna actividad…

Al retirarnos del Departamento Central de Policía Federal, fuimos a un pequeño café situado en la esquina de la calle San José Adolfo Alsina, donde tomamos un café y desde allí continuamos en un taxi hasta la Avenida san Juan, en el barrio de San Cristóbal, Nuestro destino era la fábrica de helados Baires. Allí entregó unas rifas de sorteo del Ministerio de Salud Pública y a posteriores, en medio de su charla con uno de sus propietarios, le ofreció una “recomendación para adquirir una portación de Armas”. Lógicamente que aquella “Recomendación” había que pagarla, no era para nada un favor gratuito, porque debía, según sus propias palabras, adornar a ciertos funcionarios…

A la mañana siguiente, nuevamente nos encontramos y lo acompañe a un laboratorio que se encontraba situado en la calle Montevideo al 100 donde este tal julio, dejó en un recetario sin membrete el pedido de unas muestras médicas, el sello que aclaraba su firma rezaba Dr. Julio Eugenio Pincowikz, Médico Cirujano, MN 18.515. Jamás olvidé aquella matrícula. Desde allí nos dirigimos hasta Helados Baires, donde habíamos estado la tarde anterior y en donde este tal Dr. Julio, como así lo llamaban todos, hizo entrega de una recomendación en la que llevaba insertada el nombre nada menos que del Comisario Humberto Cavarretta. Por aquella papeleta recibió nada menos que una jugosa suma dineraria.

A estas alturas, ya había visto bastante y había escrito bastante, por lo que ahora venía la segunda parte de mi actividad investigativa, reunir cada elemento probatorio en su contra para probar que se trataba de un peligro social, dado que dentro de las idas y vueltas durante esos días, inclusive lo había visto diagnosticar y recetar a inclusive niños e inclusive había podido establecer que derivaba a muchas personas a realizarse análisis completos a un laboratorio clínico situado en la calle Segurola, a donde también lo acompañe en uno de esos tantos días a “retirar sus comisiones” por la derivación de clientes.

Aquella tarde me distancié del tal Dr. Julio con la excusa que debía realizar una serie de cosas por varios días que me iban a impedir reunirme con él. No era mentira, realmente la colecta de probanzas en su contra, me darían mucho trabajo…

Eran las 9 de la mañana cuando me encontraba viajando hacia Berazategui, mi primer misión era contactar a la empleada de aquella panadería que había sido visitada por el tal Dr. Julio días atrás y convencerla para que me permita extraer una fotocopia de la receta médica que le había dejado el tal Dr. Julio. En realidad cuando me presenté en su domicilio y como ya me habían visto días atrás, ni bien toqué timbre enseguida me hicieron pasar y fue allí que contándoles lo que sucedía, como así también me aceptaron mi pedido de mucha reserva al respecto, no solo me facilitaron la receta para hacer una fotocopia, directamente me la entregaron para que la utilice como elemento de prueba.

De regreso a la Capital Federal, me constituí en el laboratorio en donde el tal Dr. Julio había dejado un pedido de muestras médicas mediante una receta con su firma y el sello aclaratorio que constaba igual que en el certificado extendido a la joven empleada en Berazategui. Explicado el motivo al Laboratorio, de inmediato buscaron entregarme alguna otra petición anterior del tal Dr. Julio, y encontraron unas cuantas, por lo que me entregaron una en original para contribuir a mi labor investigativa.

De allí me trasladé de inmediato a la dirección del Hospital Escuela conocido como Hospital de Clínicas, donde conocía a la secretaria privada del Director, por aquél entonces no existía internet ni medios digitalizados capaces de contribuir a un rápido chequeo sobre la matrícula profesional que ahora tenía a la mano como perteneciente al tal supuesto Dr. Julio Eugenio Pincowikz, por lo cual mi amiga se comunicó al Ministerio de Salud Pública con un pretexto a fin de corroborar a quién pertenecía la Matrícula Nacional 20.515, lo cual en menos de una hora, pudimos establecer que no correspondía al sospechoso Julio Eugenio Pincowikz.

Había tenido un día agotador y cuando salí del Hospital Escuela, me encontraba agotado de todo el periplo que había realizado durante todo el día desde primeras horas de la mañana. Entonces regresé a casa y me senté a escribir taza de café de por medio, todos los pormenores del caso para acabar con las andanzas de alguien que había dado el paso más errado de su vida… Toparse conmigo.

En horas de la mañana, luego del desayuno, me trasladé al Departamento Central de Policía, donde me entrevisté con el Comisario Humberto Cavarretta, jefe del entonces Gabinete de Toxicomanías, a quién ya conocía de tiempo atrás y que hacía un par de días había visto como falso sobrino del tal Julio en su despacho.

Ni bien nos reunimos, lo primero que me dijo recuerdo que fue –Pibe, ¿qué fue todo eso de que sos sobrino de ese Dr. julio? --- Claro que mi respuesta le crispo los nervios, al enterarse que estaba nada menos que investigando al tal julio por tratarse de un “FALSO MÉDICO”, pero como ya sabía que estaba trabajando como investigador privado mientras que estudiaba, me preguntó si estaba seguro de lo que le estaba insinuando.

El comisario era además médico y profesor adjunto de la cátedra de toxicología de la UBA, yo lo llamaba Dr. Humberto, entonces le dije, -Vea Dr., Nadie mejor que Usted como profesional de la medicina y además Comisario de esta Policía, tendrá un mejor criterio de mi actuar contra un grave peligro hacia la sociedad como el accionar de este sujeto al que ni bien conocí, comencé a investigar motus proprio, porque sospeché de Falso Médico desde el primer momento en que lo conocí hace unos días: Entonces sin decir más palabras, le entregué todo el informe que había elaborado sobre la conducta del sospechado Pincowikz junto a las pruebas recogidas.

Cuando el Comisario se acomodo en su asiento, y comenzó a tomar lectura de todo cuanto había elaborado en forma de parte de inteligencia, de inmediato convocó al jefe de la División Seguridad Personal, quién no se demoró en llegar a su despacho, dado que ambas jefaturas se encontraban situadas en el segundo piso del Departamento Central de la Policía Federal.

Cuando ingresa el jefe de Seguridad Personal, el Comisario Cavarretta nos presenta y le comenta quien era yo y el motivo por el cual lo había llamado con tanta premura. Luego de ponerlo al tanto del caso en forma verbal, le da para que lea mi informe y también las pruebas que yo había recolectado para reforzar mi acusación.

Luego de leer con mucha atención todo cuanto había escrito al respecto y que no quedaban dudas que aquel supuesto médico no era más que alguien que por su accionar demostraba resultar un peligro para la salud pública de la Sociedad, me miró y en pocas palabras le dijo al Comisario Cavarretta: Esto es un desastre, ese tipo entró al Departamento de Policía como dueño de casa y todas las demás cuestiones aquí narradas, no pueden quedar fuera de la órbita de la Justicia, pero será necesario que el pibe (por mi) se haga cargo de la denuncia… Ambos comisarios se miraron y luego me miraron a mí que de inmediato con un sí, acepté hacerme cargo de denunciarlo legalmente al tal Julio.

En ese mismo momento se realizaron las consultas con el juzgado de instrucción de turno y se dispuso la orden de allanamiento y detención del acusado Julio Eugenio Pincowikz, allanamiento que realizó la División Seguridad Personal en las primeras luces del día siguiente.

Pocos días después, fui llamado por el juzgado para preguntarme si mi investigación privada en la que había resultado además denunciante, se había originado por pedido de un tercero o si se había tratado de una acción independiente. Cuando expuse los motivos de mi investigación y la inmediata acusación del caso a las autoridades, el Secretario del Juzgado me felicitó por la labor que había realizado, lo que resultaba para ellos novedoso por tratarse de un adolescente que se dedicaba a realizar investigaciones privadas, algo inusual en aquellos tiempos.

Vale destacar que este sujeto indeseable, inclusive había proporcionado al Abogado Carlos Raúl Guillermo Cichello, que luego llegó a ser nada menos que Presidente del Colegio de Abogados de la Capital Federal, un Certificado en el que indicaba que la esposa del abogado, sufría "serios transtornos psiquiatricos", con el cual, el abogado según su propia esposa me lo manifestó durante una entrevista, había sido utilizado para intentar hacerla pasar por "insana". ¿A cuantas personas les he salvado la vida y la libertad con esta detención lograda por mi actuación independiente? La verdad lo ignoro...

En medio de esta investigación, recuerdo que inclusive me entrevisté con el famoso jurista Argentino Omar Breglia Arias, dado que este falso médico se decia su amigo personal... La labor desplegada por aquel entonces en el curso de la investigación realizada ha sido extensa y afortunadamente fue tan rapida que lo importante ha sido sacar de circulación a un personaje siniestro que pudo acabar con muchas vidas.

Esta fue mi primera investigación privada dentro del marco penal, cuando tenía solo 20 años de edad, por medio de la cual, dejaba demostrada mi capacidad profesional. Luego le siguieron innumerables investigaciones que en algún momento también con certeza las iré publicando.


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Autor:
Raúl Enrique Bibiano (490 noticias)
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