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La más grande historia de amor de todos los tiempos

28/09/2009 10:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las historias de amor siempre han existido y hacen que nuestro corazón se agite de emoción

Historias como Romeo y Julieta de William Shakespeare, cuya frase celebre El hombre a quien más odiaba, es ahora a quien más amo, ha seducido a miles de espectadores. Contrasta con Historia de Amor de Erich Segal, en la que el autor nos hace suponer que el amor es, dentro del límite de la tolerancia, la más grande de las paciencias. O la historia de, Amor Ciego, del Francés Patrick Cauvin, que precisamente nos hace reflexionar en que el amor es, a veces, como su protagonista, ciego en realidad. Y no se diga del Amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, en la que nos hace presentir que la esperanza es lo último que muere, y de la trágica redención en la historia de cumbres borrascosas de Emily Bronté. Todas ellas tienen conceptos diferentes en cuanto a qué es el amor, pero hay una sola historia de amor que cuenta con todos los atributos en cuanto del significado de amor, y va desde el sacrificio hasta la muerte por lograr la conquista de quienes, a pesar de todo, siguen inmersos en la indiferencia.

Esta es la más grande historia de amor de todos los tiempos. Durante el envío de sus cartas a la congregación Cristiana Romana, el Apóstol Pablo les dice; por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte y fue así como la muerte entró a toda la humanidad porque todos pecaron. Hablaba de Adán y de Eva. Dios los había creado para habitar un hermoso lugar al que le llamó paraíso, pero su desobediencia los indujo a pecar en contra de Dios y esto provoco su expulsión de ese lugar y su separación con el. Este pecado provocaría la muerte física en estos personajes, de modo que el pecado fue transmitido a todos sus descendientes, los cuales tendrían el fin en la muerte. Pero su separación con Dios no solo provocó el pecado y genero la muerte física, sino que además la humanidad quedó en poder de quien es amo del pecado; el demonio. Desde entonces el mundo ha sido gobernado por el demonio.

A partir de ese momento, Dios empieza un plan para rescatar a su pueblo del dominio del demonio y se basa en profetas para dar a conocer que tiene un plan para salvar a la humanidad. Dios dijo; ya no demoraré más. Yo le daré a Jerusalén la salvación y mi honor al pueblo de Israel. A prometido un salvador en la descendencia del rey David y le dice; yo pondré en el trono a uno de tus descendientes y afirmaré su reino. Este salvador traerá justicia, tal y como Isaías lo profetiza: del tronco de Isai brotara retoño: un vástago nacerá de sus raíces. El espíritu del Señor reposara sobre él: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor al Señor. El se deleitara en el temor al Señor; no juzgara según las apariencias, ni decidirá por lo que oiga decir, sino que juzgará con justicia a los desvalidos, y dará un fallo justo a favor de los pobres de la tierra. Era el Mesías prometido en las escrituras lo que el pueblo de Jerusalén esperaba con ansia. El profeta Daniel, sin embargo, habría de dar cuenta del tiempo en que este Mesías prometido debía aparecer en la tierra; habrá siete semanas desde la promulgación del decreto que ordena la reconstrucción de Jerusalén hasta la llegada del príncipe elegido. La llegada del Mesías ha sido contemplada bajo la expectativa de salvación y como es de suponer, el pueblo de Jerusalén espera la aparición de un príncipe guerrero que lo rescate de la esclavitud del pueblo Romano. Bajo esta expectativa de un Mesías militante, el profeta hace realidad lo que dijo; la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamaran Emmanuel (Dios con nosotros) y respecto de su nacimiento también se profetizó; pero tu Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres las menor entre los principales de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel.

Dios se hace un hombre perfecto en el cuerpo de su hijo amado Jesucristo

El milagro se hace patente. Dios se ha hecho un hombre perfecto en su hijo Jesús y la profecía de salvación empieza a hacerse realidad. El profeta Isaías había señalado tiempo atrás; el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido. En efecto. Jesús es reconocido como el salvador por un hombre Judío de nombre Simeón. Las escrituras dicen que este hombre era justo y devoto y el espíritu santo estaba sobre el. A pesar de ser un fariseo, puede reconocer su presencia siendo Jesús apenas un niño cuando José y Maria lo llevan al templo a presentarlo al Señor según la costumbre Judía. La Biblia dice; Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios. Según tu palabra, soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz, porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel.

Jesús inicia el plan de salvación, pero su arma no es una espada poderosa como suponían, sino una arma más bella y eficaz; su palabra. Con el termino de Evangelio (buena nueva), Jesús inicia su predicación anunciando; Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos esta cerca. Utiliza parábolas para hacer más sencillas las explicaciones y reúne un grupo de 12 personas a quienes hace sus discípulos. Sana enfermos, hace milagros antes no vistos, expulsa demonios y resucita a muertos. La fama del Mesías se extiende en toda Galilea y la gente acude a verlo en grandes cantidades, como aquella vez en el monte, en su famoso sermón del monte o en aquella otra donde reunió a más de 5000 hombres a quienes dio alimento cuando no había mas que un pan y un pez.

Dios había anunciado por medio del profeta Isaías lo siguiente; éste es mí siervo, a quien he escogido, mi amado, en quien estoy muy complacido; sobre el pondré mí espíritu, y proclamara justicia a las naciones. No disputara ni gritara; nadie oirá su voz en las calles. No acabara de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia. Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza. Todo estaba preparado. Los últimos acontecimientos se estaban dando para el inicio de su final. Para constatarlo, Jesús les hace una pregunta a sus discípulos; ¿Quién dicen que soy yo? Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente, respondió Pedro. El hijo del hombre –les dijo Jesús- ha de venir en la gloria de su padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. Les aseguro que alguno de los aquí presentes no sufrirán la muerte sin antes haber visto al hijo del hombre llegar en su reino. Jesús sabía que el momento había llegado. Había anunciado su palabra y la gente estaba efervescente y él sabía que era el momento esperado, de modo que tenía que hacerse realidad la profecía: Mira, tu rey viene hacia ti, humilde y montado en un burro, en un burrito, cría de una bestia de carga. Jesús envió a dos de sus discípulos con este encargo; vayan a la aldea que tienen enfrente, y ahí mismo encontrarán una burra atada, y un burrito con ella. Desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les dice algo, díganle que el señor los necesita, pero que ya los devolverá. Los discípulos fueron e hicieron como los había mandado Jesús. Llevaron la burra y el burrito, y pusieron encima sus mantos, sobre los cuales se sentó Jesús. Había mucha gente que tendía sus mantos sobre el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las esparcían en el camino. La gente que lo veía pasar gritaba; ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del señor! ¡Hosanna en las alturas! Cuando al fin Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió ¿Quién es este?, preguntaban. ¡Es el Mesías!, contestaba la gente.

Jesús es presentado en la sinagoga y es reconocido como el salvador por un hombre Judío llamado Simeón

Continuara…


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