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Guillermo Schulemburg Prado, adiós al controvertido abad de Guadalupe

20/07/2009 23:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El domingo 19 de julio, dejó de existir uno de los personajes más polémicos de la Iglesia católica mexicana: el abad emérito de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulemburg Prado

abad

El domingo 19 de julio, dejó de existir uno de los personajes más polémicos de la Iglesia católica mexicana: el abad emérito Guillermo Schulemburg Prado. Señalado y recriminado, el último abad mitrado de la Basílica de Guadalupe dejó ese lugar del culto debido a sus declaraciones polémicas sobre la existencia histórica de san Juan Diego y las apariciones de Santa María de Guadalupe.

Su trayectoria eclesiástica destacó por haber construido la nueva Basílica de Guadalupe, consagrada el 12 de octubre de 1976, y las instalaciones de la Casa Huipulco del Seminario Conciliar de México. Nació en México, D.F. el 12 de junio de 1916 y fue ordenado presbítero el 27 de octubre de 1940. En últimas fechas ejerció su ministerio como canónigo de Catedral y de la Basílica de Guadalupe, además de haber pertenecido a la familia pontificia en México, como protonotario apostólico. Schulemburg fue retirado de la Basílica de Guadalupe el 31 de octubre de 1996 al afirmar que Juan Diego era más un símbolo del indigenismo que un personaje real, ante la canonización que se efectuó en la ciudad de México el 31 de julio de 2002 por el Papa Juan Pablo II.

Para el desaparecido abad, el verdadero milagro de Guadalupe no fueron las apariciones del Tepeyac en 1531, sino el peregrinar constante de un pueblo que, durante más de cuatro siglos, sigue encaminando sus pasos hacia esa colina privilegiada.

En ocasión de la aparición de sus memorias, Antonio Cerda, reportero de la revista Siempre!, entrevistó a monseñor Schulemburg, un clérigo a quien se le señaló de ser pudiente y adinerado, además de ser un buen aficionado al golf.

No voy a hablar más de la Virgen: Guillermo Schulenburg/Abad emérito de la Basílica de Guadalupe.

Cerda Ardura, Antonio, Siempre! Junio 22, 2003.

El guadalupanismo mexicano continúa siendo uno de los más sólidos pilares de la unidad nacional, a pesar de todas nuestras divergencias y posiciones ideológicas", sostiene el abad emérito de la Basílica de Guadalupe. Guillermo Schulenburg Prado, en su libro Memoria del "último Abad de Guadalupe" (Grupo Editorial Miguel Angel Porrúa), el cual fue presentado el 21 de mayo pasado.

Un año después de que Schulenburg concedió una entrevista para la edición número 15 de la revista Ixtus (Espíritu y cultura) y que publica en Cuernavaca. Javier Sicilia, colaborador de Siempre!, sus palabras desataron una auténtica tormenta, ya que un periodista italiano, Andrea Tornelli, asumió hallar en sus respuestas la negación de las apariciones de la Virgen María, bajo la advocación de Guadalupe.

Aunque Schulenburg considera a la Virgen de Guadalupe como "el baluarte más firme de nuestra religiosidad y la forjadora indiscutible de la unidad nacional", mantiene su convicción de que "el milagro guadalupano fundamentalmente ha consistido en el constante peregrinar de nuestro pueblo, durante más de cuatro siglos, hacia esa colina privilegiada" (el cerro del Tepeyac), y en su obra se niega a ahondar en la sobrenatural aparición acontecida ante el indio Juan Diego, en diciembre de 1531.

En la primera parte de la entrevista con Siempre!, Schulenburg revela las razones por las que se rehúsa a mantener la polémica y señala que la Virgen de Guadalupe siempre ha estado presente, incluso, en el sector político nacional.

Cuestión científica

ANTONIO CERDA ARDURA.- El culto a la Virgen de Guadalupe está fundado quizás en una inspiración divina o en un sentimiento de orfandad del pueblo mexicano tras la Conquista. ¿Por qué se niega a hablar, en su libro y públicamente, de la existencia de la Virgen?

GUILLERMO SCHULENBURG PRADO.- No hay que confundir la existencia de la Virgen con la aparición. La devoción, el amor y el culto a la santísima Virgen María, que es única bajo mil advocaciones, en este caso, de Guadalupe, están profundamente enraizados en el corazón del pueblo de México. De eso no hay la menor duda. Ese culto es muy respetable bajo todos aspectos, pero no debo entrar más en polémicas estériles. Más aún: esa polémica puede oscurecer este culto tradicional.

En el Tepeyac tenemos esa imagen veneradísima que se ha difundido por todo el país y que esta en nuestras casas, en los caminos o la llenamos en estampitas en nuestra cartera y a la cual visitamos en peregrinaciones. Después de que su santidad, el Papa, vino a México y finalmente elevó a la calidad de santo al indio Juan Diego, menos todavía debemos discutir esta problemática. Por el gran respeto que le debemos al Santo Padre y por tomar él esa decisión de canonizar a Juan Diego, para nosotros es un caso cerrado. Los historiadores, científicos, académicos y quienes tengan afición a ello pueden seguir ahondando en la documentación y ampliarla, pero eso es una cuestión científica.

A.C.A.- Usted siempre sostuvo que el verdadero milagro del Tepeyac era el culto ("En nada se enturbia la calidad de nuestra fe con demostración o sin demostración de las apariciones"). Por ello se le acusó hasta de herejía y dio la impresión de que creó un problema entre jerarcas de la Iglesia católica, específicamente entre usted y el cardenal Norberto Rivera.

Para el desaparecido abad, el verdadero milagro de Guadalupe no fueron las apariciones del Tepeyac en 1531, sino el peregrinar constante de un pueblo

G.S.P.- Cuando se cumplían los cien años de la coronación de la Santísima Virgen María de Guadalupe como Reina de México y Emperatriz de Las Américas, la revista Ixtus me preguntó sobre el significado de esa circunstancia y dije que era un momento para una pastoral intensa en todo este país y que, por el significado de esa devoción y de lodo el cristianismo en si mismo, había que celebrar con un sentido espiritual y no con una solemnidad tan pomposa y material como había sido hacía cien años.

También se me preguntó sobre la cuestión de la beatificación de Juan Diego y yo me referí al significado de Juan Diego como un símbolo del indigenismo ("Es un símbolo, no una realidad... Juan Diego es una tradición"). Pasó un año y de repente un llamado "vaticanista", de la revista italiana 30 Giorni (Andrea Tornelli), comenzó a argüir en mi contra y se armó un escándalo que pareció una disputa en el interior de la Iglesia. No quise hacer ninguna declaración, porque no lo creí conveniente y me pareció inútil e innecesario, ¡Se sacó de contexto una frase de cinco palabras! En lugar de analizar el conjunto de lo que había declarado, la cizaña se sembró junto con el trigo y esa cizaña produjo inquietud. Afortunadamente eso pasó de actualidad y, para mí, es asunto terminado.

A.C.A.- ¿Quedaron como enemigos usted y el cardenal Rivera? Hacia afuera de la Iglesia se vio una división tremenda.

G.S.P.- ¡No! ¡Para nada! Rivera siempre ha dicho que somos amigos. Es respetuoso conmigo y yo con él... Y reconozco que es el arzobispo de México. Punto. Nosotros somos muy disciplinados: lo aprendimos en el seminario y así nos formamos. No hay por qué tener ninguna enemistad con don Norberto.

Hubo opiniones de clérigos por aquí y por allá, pero de ninguna manera participé en la discusión. En mis memoria cuento exactamente la verdad de lo que significa el Tepeyac y el por qué construimos esa Basílica a la Virgen María. Ese fue uno de mis empeños principales, si no el esencial, desde que llegué al santuario. Fue una de las promesas que le hice a la Santísima Virgen María, cuando le indiqué: Señora, tu templo está muy mal, casi cayéndose, y no tiene el cupo necesario para las celebraciones litúrgicas. Es necesario que te hagamos uno nuevo". Y afortunadamente el pueblo de México, con gran fe, levantó ese templo y tuvimos para eso la gran ayuda de la autoridad pública.

A.C.A.- Eso siempre se ignoró en el debate.

G.S.P.- Lo han hecho a un lado. Se olvida que esa obra la pudimos realizar en 18 meses. Alguna vez que estuve en Río de Janeiro, habían levantado una nueva catedral. En el interior se parece a nuestra Basílica, pero no en el exterior. Ahí pregunté cuánto se habían tardado en construirla y me dijeron que diez años y, además, también contaron con ayuda del gobierno. ¡Pero no tiene el atrio que tiene nuestra Basílica! Es un gran homenaje a María y ha tenido una enorme utilidad: todas las grandes celebraciones se han podido hacer en la Basílica, incluidas las visitas del Papa. En el templo caben 10 mil personas, más 200 en cada una las siete capillas de la parte superior... Todo eso ha sido una promoción extraordinaria del culto a nuestra señora.

Absoluta honestidad

A.C.A.- Cuando usted estaba por irse de la Basílica (el 31 de octubre de 1996), de repente taro muchos enemigos: lo acusaron, incluso, de ser inmensamente rico.

G.S.P.- Fue un intento de demeritar la absoluta honestidad con la que se manejó el comité de construcción de la Basílica. Tuvimos momentos difíciles y de sacrificio, y en ocasiones nos faltaron hasta centavos para continuar, lo que no habría sido posible sin los préstamos de los bancos. Teníamos más de 300 acreedores, a los cuales se les fue pagando. Desgraciadamente después dijeron esas mentiras. ¡Las cosas que se inventan, al paso del tiempo, se aceptan como verdades!

A.C.A.- En lo personal, ¿usted tenía dinero?

G.S.P.- Siempre he vivido de la misma manera. Un párroco en una buena parroquia tiene emolumentos más importantes de los que yo tuve siendo abad de la Basílica. De todos los donativos y bienes se llevó una administración muy puntual, de la cual yo no estaba a cargo, pero sí supervisaba, y de acuerdo a las normas del derecho canónico, que son claras. Mantuvimos un informe permanente de la situación de la Basílica, incluida su economía.

A.C.A.- Siempre se ha dicho que entra mucho dinero y que se va a Roma.

G.S.P.- ¡Es uno de los pecados que siempre le han adjudicado a la Basílica! Cuando era niño, decían: "¡Mira nada más todo lo que se recibe en esa Iglesia! ¿Qué pasa con todo eso que entra?" ¡Se fijan en los donativos, pero no en los gastos, que son tremendos! Sostener la Basílica es un problema y muchos meses tuvimos números rojos. No alcanzaba para el culto, el mantenimiento, más de 300 empleados y alrededor de 30 sacerdotes. Eso se olvida y es muy importante.

Respecto a mi forma de vida, siempre ha sido la misma. Los sacerdotes somos solteros y tenemos gastos importantes. Además, mi familia siempre contó con los medios de subsistencia necesarios. ¡He sido buen administrador de lo que el Señor me ha dado y llevo 63 años de sacerdocio!

A.C.A.- ¿Qué opina de la llamada comercialización de la imagen de la Virgen de Guadalupe?

G.S.P.- Las imágenes siempre se han reproducido y han estado a la venta en los comercios de dentro y fuera de la ciudad. No tengo un juicio formal al respecto y no quiero pensar mal del arzobispo de México y de las nuevas autoridades de la Basílica.

A.C.A.- A la construcción de la Basílica lo ayudaron hasta presidentes.

G.S.P.- A partir de Gustavo Díaz Ordaz.

A.C.A.- Los políticos, bajita la mano, siempre están presentes en las cosas de Dios.

G.S.P.- Además de las experiencias que cuento en el libro, hubo muchas otras. Alguno, que pretendía ser gobernador, se encomendaba a la Virgen de Guadalupe e iba a dejar su donativo. Hay miles de formas, pero, curiosamente, en ese lugar siempre se hace presente el sector político del país. A pesar de todas las etapas por las que hemos pasado, hasta llegar al nuevo estatus desde el punto de vista de la libertad religiosa, la Virgen de Guadalupe siempre ha estado detrás de todos. Ese también es un fenómeno especial y singular. No obstante su gran significado religioso, siempre es un tema tabú. Muchos creen que hablar de ello puede ir en detrimento de su vida social, política o religiosa, ¡Como que a la Guadalupana no hay que tocarla nunca!

Sursum Corda. El blog de Guillermo Gazanini

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