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¿De qué hablamos cuando hablamos de Carver?/Luis David Niño Segura

09/06/2014 13:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Luis David Niño Segura

Escribo estas líneas minutos después de enterarme que Alexander Shulgin falleció a los 88 años víctima de su cáncer de hígado. El padrino del éxtasis, sin quien no pudiésemos entender la vida en la década de los 70's, is no more. Incluso me atrevo a pensar que la música creada por Pink Floyd o Lou Reed no se escucha igual si no es a través del éxtasis. Caminos insospechados de la psicodelia que transformó la vida entera de una generación que quebró los parámetros del sueño americano. Así que desde esta humilde página hago un reconocimiento a la vida del padrino del éxtasis: Ground control to Major Tom... ojalá y nos veamos en los sueños.

Pero es esa misma tradición la que generó un quiebre, como todos los choques generacionales. La rebeldía, la insensatez y la ansiosa necesidad de sobresalir, de ser diferente, es lo que marca a las generaciones. Esas que no encuentran camino, esas son, por lo tanto, las generaciones perdidas, que en la línea del tiempo tenderán a desaparecer sin dejar rastro alguno.

Por lo tanto, considero que al menos en el arte tiene que existir cierta continuidad que permita la reproducción de los modos de vida, y no me refiero a un proceso dialéctico hegeliano (el cual le ha hecho un daño irreparable a la humanidad), sino a un mecanismo de autoreproducción que quizá, inconscientemente, haga perdurable la vida o al menos la haga más digna o soportable. En la literatura ?y en las diversas manifestaciones de arte- las castas suelen ser referentes académicos, la línea del tiempo la medimos mediante movimientos literarios que se van gestando por los contextos particulares que los rodean o les fueron previos. Así, el realismo no escapa a estas tendencias esnobistas; por ejemplo, decir en voz alta 'poeta maldito' suele referenciar un cierto grado de intelectualidad que la mayoría de las veces no se tiene.

En fin, el realismo es una expresión que se ha usado desde el siglo XIX. Escritores como el mismo Baudelaire o Balzac son algunos de sus grandes representantes. Es un movimiento de ruptura con el romanticismo que deja de lado la tradición de la belleza y lo trascendental (filosóficamente es darle muerte a Kant) como origen de lo estético. El lenguaje desde donde el realismo es identificado como tal, es seco, con variaciones estéticas que lo llenan de diferentes tonalidades y con la utilización de un lenguaje común, de circunstancias particulares así como de imágenes que reproducen, de la manera más fiel, los entornos o contextos en que los personajes se desenvuelven. Quién puede negar que Balzac fuera un gran observador de la sociedad francesa o que en Baudelaire no encontremos frialdad, crudeza y belleza al mismo tiempo: "A través de los barrotes simbólicos que separaban dos mundos, la carretera y el castillo, el niño pobre enseñaba al niño rico su propio juguete, y éste lo examinaba con avidez, como objeto raro y desconocido. Y aquel juguete que el desharrapado hostigaba, agitaba y sacudía en una jaula, era un ratón vivo. Los padres, por economía, sin duda, habían sacado el juguete de la vida misma." (El juguete del pobre)

Por eso cuando hablamos de realismo sucio -o con el cliché anglosajón de dirty realism- nos referimos solo a un juego tétrico de sin sabores. Es un lujo mercadotécnico que en economía genera ganancias, incluso funciona como una etiqueta underground; es decir, autoasumirse como un realista sucio es el símbolo de expulsión dentro de la industria literaria. Por lo tanto, no existe tal cosa denominada realismo sucio, como bien lo expresó Richard Ford a Juan Carlos Galindo en 2010: "el realismo sucio no fue más que un simple truco publicitario [...] nunca fue para ser tomado en serio" (http://elpais.com/diario/2010/08/07/babelia/1281139964_850215.html).

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Pero el término ha tenido tanto éxito que su inclusión se ha convertido en un verdadero Significante lacaniano. Concuerdo con Enrique López completamente, la escritura de dicho género literario no es más que minimalista (La jornada, Raymond Carver veinte años después: 2009) y en todo caso si se le quiere poner una etiqueta, tendría que ser realismo minimalista. El primer gran minimalista norteamericano fue la Rana Carver (1928-1988) aunque fue un poeta medianamente exitoso es más reconocido por su trabajo como cuentista, sus cuatro obras de narrativa:¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981 la más controversial de todas), Catedral (1983) y Tres rosas amarillas (1988), representan una auténtica cátedra de la escritura minimalista, del estilo austero, la exacta inutilización de adjetivos y adverbios, son la firma de un Carver atareado por las presiones de la vida común y de su vida matrimonial. Incluso llegó a declarar que escribía cuentos porque la vida conyugal no le permitía concentrarse por mucho tiempo como para escribir una novela. Su narrativa nos lleva a pasajes desoladores, de lo conocido a lo inesperado, historias superfluas, sin gran mérito ni lujo, incluso con tintes monótonos, pero que van exigiendo al lector el uso de la imaginación y la recreación absoluta. Hay críticos que encuentran en Carver simbología, lo cual en lo personal creo que es un burdo trabajo psicológico al puro estilo de freudianolacaniano.

Lo que encontramos cuando hablamos de la exquisitez de la literatura de Carver es el reflejo de temores, de mediocridades, de aburrimientos y de insatisfacciones, y no me refiero a los personajes sino a los lectores. Así, la prosa carveriana es un espejo de la inutilidad de la vida, como dijera Chava Flores a que le tiras cuando sueñas... eso es lo que pasa en Carver, a qué le tiran sus personajes y a qué sueñan: a nada, simplemente están ahí inmóviles y al mismo tiempo dándonos una lección. La sátira y humor lúdico de Póngase usted en mi lugar nos permite recrear el contexto pasado e imaginar el futuro de la historia contada; en Catedral nos encontramos con una experiencia mágica, casi espiritual y tan sencilla como sólida. Pero Carver también es sinceridad que nos permite sentir empatía por la vida que se va, por el tiempo echado a perder... en La vida de mi padre encontramos cierto sentimentalismo que nos hace pensar en nuestra propia existencia, en nuestra infancia y en nuestra madurez perdida con agradecimientos nivelados. Es más fácil decirle a una madre te amo que a un padre, por eso, una vez que terminamos de leerlo, el único pensamiento que nos deja es recordar el cariño que bien o mal le tenemos a esa figura de autoridad.

Pero Carver no solo es uno de los mejores escritores norteamericanos, es también polémica y confusión. En 1998, justo diez años después de haber fallecido, se conoció que Gordon Lish, su editor en la revista Esquire y McGraw Hill, hipercorregía los escritos de Carver desde un 9 hasta un 78%, en algunos casos, incluso llegaba a modificar el final de la historia -hizo que algunos personajes que fumaban dejaran de hacerlo, retiró de las tramas las complicaciones psicológicas y simplificó todo con gran arte- (James, Campbell, The Times Literary Supplement, The real Raymond Carver: 2009). Aunque la noticia causó discusiones en el ámbito literario, no considero que sea para desacreditar la capacidad narrativa de Carver. Los escritores saben que los correctores de estilo pueden ser un verdadero dolor de cabeza, pero sin ellos, las obras que han sido en ocasiones monumentales, no serían lo mismo sin ese toque final de estética. El problema radica que Lish por lo regular eliminaba o suprimía una importante cantidad de palabras que hicieron del estilo de Carver una verdadera guía de prosa minimalista. Sin embargo Tess Gallager ?la segunda esposa de Carver-, logró que la casa inglesa Jonathan Cape publicara ?en 2009- las versiones originales de La Rana, antes de que existieran las correcciones de Gordon Lish.

Entonces ¿qué fue lo que realmente escribió Carver? ¿Es en verdad el padre del minimalismo de la literatura realista norteamericana de la década de los 70's y 80's? La última palabra la tenemos sus lectores, por mi parte sigo creyendo que con o sin la ayuda de Lish, Raymond Carver se hubiera convertido en lo que conocemos ahora. La madera de minimalista ya la tenía y las historias él las creó, Gordon solo las pulió con austeridad y le ayudó a enfocar su alcoholismo y transformarlo en estética de lo grotesco y lo común.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Carver? Estamos hablando del escritor con una vida caótica y llena de talento, del creador de la inocente broma denominada realismo sucio, así como del hombre que le debe a Gordon Lish haber encontrado su estilo: el minimalista. Así que, Will You Be Please Be Quiet, Please?

Lic. Luis David Niño Segura

[email protected]


Sobre esta noticia

Autor:
Cronicasrevista (4989 noticias)
Fuente:
grupocronicasrevista.org
Visitas:
408
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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