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Lo Que Puedes Hacer Para Aliviarte Cuando Tu Cuerpo Duele

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06/07/2020 05:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los que han padecido de estos u otros malestares: ¿cuánto darían por tener en sus manos una herramienta que les permita atenuarlos o hacer que desaparezcan en esos críticos momentos? En este artículo está la ayuda

¡Qué desagradable es cuando el cuerpo duele!

Un dolor de estómago o de muelas, un cólico nefrítico, una garganta que no te deja tragar, una cefalea donde toda la cabeza te late, unos calambres o una sensación de ardor o comezón por todo el cuerpo.

Los que han padecido de estos u otros malestares: ¿cuánto darían por tener en sus manos una herramienta que les permita atenuarlos o hacer que desaparezcan en esos críticos momentos?

Además, en situaciones como estas no solo sufre el cuerpo, sino también la mente porque se satura de mil pensamientos tratando de buscar las causas o las soluciones a esas incomodidades.

La buena noticia es que en este artículo te brindo un poderoso ejercicio que te ayuda a mitigar el dolor y calmar a tu mente cuando tu organismo se vea envuelto en semejantes tempestades.

Antes de explicarte el ejercicio se hace necesario que recuerdes algunas cuestiones que son obvias pero que tendemos a olvidarlas fácilmente y que nos ayudarían mucho en cuidado de nuestro cuerpo-mente.

Lo primero a tener presente es el hecho que, aunque al nacer la Vida se manifiesta a través de nuestro cuerpo; desde la más temprana infancia perdemos la conexión con él.

Te lo explico:

Cuando naciste no tenías mente, pero ya tenías un cuerpo, por eso el cuerpo es más sabio y más antiguo que la mente.

El ser, la vida, está en las profundidades del cuerpo. Si consigues entrar a fondo en tu cuerpo, en todas esas profundidades encontrarás la vida.

Por eso los niños son más sabios que nosotros. Ellos escuchan todo el tiempo a su cuerpo y no a su mente. Solo cuando tienen hambre comen, solo cuando tienen sueño, duermen.

Desgraciadamente nuestra educación muchas veces aniquila esta sabiduría infantil.

Se dice que a un niño le preguntaron qué cosa era para él un abrigo y respondió: “Eso es una cosa que mi mamá me pone cuando ella tiene frío”.

¿Quieres mayor milagro que el funcionamiento del cuerpo?

Ese funcionamiento es extraordinariamente complejo e inconmensurablemente inteligente.

Comes y el cuerpo transforma la comida en órganos, tejidos, células. Comes y el cuerpo transforma la comida en pensamientos y emociones.

No existe ninguna maquinaria que pueda hacer eso. Las ciencias no han podido aun descubrir todo ese intrincado mecanismo de transformación.

Súmale a esto que, en los planos subatómico e inconsciente, nuestros cuerpos se curan y regeneran constantemente.

Todo lo que se desgasta por el uso en el interior de nuestro cuerpo de lo cual no nos damos cuenta, se repara constantemente de modo natural.

Los científicos han descubierto que todas las células se están renovando continuamente a diferentes velocidades, aunque se haya desmentido el difundido mito de que cada 7 años tienes un cuerpo nuevo.

¡Con qué coherencia funciona este recipiente de la Vida!, ¡con qué ritmo y armonía!

¡Qué razón tenía Cristo cuando sentenció que el cuerpo es el templo del espíritu!

Por eso, el cuerpo es tu amigo.

¿Cuál es tu relación con él?

¿Tratas de escuchar y decodificar lo que él te quiere decir?, ¿Acaso entiendes de verdad el lenguaje de tu cuerpo?

Casi nunca escuchas a tu cuerpo. Todo lo contrario; lo maltratas, lo lastimas, lo explotas

¿Lo acaricias y lo cuidas? o, por el contrario; ¿lo agredes, lo sobrecargas y le das poca importancia mientras te esté respondiendo como deseas?

No te apresures a responder a estas preguntas y solo dime si has tenido las siguientes experiencias:

1-Estás realmente cansada; tu cuerpo te pide a gritos un descanso, un momento de restauración; pero tu mente sale como fiscal y te dice: “No, no es posible; te faltan muchas cosas o tareas todavía por hacer”.

2-No tienes ni pizca de hambre, pero te sientas a la mesa a embutir a tu cuerpo, muchas veces, de comida chatarra.

3-No tienes sueño, pero obligas a tu cuerpo a dormir tomando toda suerte de fármacos.

4-Tienes un trabajo sedentario y te pasas tiempos y tiempos sin realizar ni gota de ejercicios haciendo que toda tu estructura corporal vaya colapsando poco a poco.

Si has pasado por estas u otras experiencias entonces estás lejos de respetar y de considerar a tu cuerpo como el santuario donde habita la Vida.

En resumen: Casi nunca escuchas a tu cuerpo. Todo lo contrario; lo maltratas, lo lastimas, lo explotas.

El cuerpo no protesta, pero a lo último te pasa factura en forma de enfermedades.

Así que cuando sufras algunas dolencias te sugiero:

PRIMERO: Que seriamente revises el tipo de relación que tienes con tu cuerpo.

SEGUNDO: Que realices este ejercicio para que puedas atenuar un poco esos malestares hasta que restablezcas una conexión sana con él.

EL EJERCICIO.

Cuando sientas algún dolor o alguna molestia, sin importar la posición en la que te encuentres, por favor, cierra los ojos y simplemente imagina que te estás convirtiendo en una estatua.

Imagina que no puedes mover el cuerpo, no pue­des mover los ojos, no puedes llorar, no puedes gritar, no puedes hacer nada.

¡Deja tranquilo al cuerpo! Comienza a sentir que tu cuerpo tiene la consistencia de una piedra, o de una estatua.

Es como si tu cuerpo se tornase poco a poco en algo sólido e inamovible.

Te sugiero que durante el ejercicio no te pases de listo y quieras engañar al cuerpo. ¡No lo hagas!

Si llega alguna molestia; sea física como un mosquito, o una hormiga; o sea mental, como la sensación de picazón o ardor, no muevas ni un solo milímetro al cuerpo.

Es como si todo tu cuerpo se hubiera convertido en piedra.

Enfoca toda tu atención en sentir que te estás convirtiendo en una estatua.

Si así lo haces y el grado de dolor no decrece; entonces como se dice jocosamente en mi país, “Te devuelvo el dinero”.

ACLARACIÓN:

No creas que con este ejercicio has resuelto el problema de tu precaria conexión con tu cuerpo.

Mi consejo es que no sigas postergando el hecho de ocuparte un poco más de él y menos de la mente y sus deseos.

Termino con la siguiente reflexión:

Al igual que un hogar no lo forman las piedras de sus paredes, sino la calidad de la persona que lo habita, así tu cuerpo, tu hogar, no lo conforman sus órganos ni sus células, sino el sabio uso que haces de él.

¡Ah!, otra cosa:

Me gustaría conocer tus experiencias en relación a la práctica de este ejercicio.

MUCHAS GRACIAS.


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