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Las haciendas pulqueras actuaron a favor de los insurgentes

22/11/2009 07:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Después de la minería, la industria pulquera fue una de las actividades que mayores rendimientos reportó al virreinato novohispano durante todo el siglo XVIII, hasta 1810, año en que inició la gesta heroica de Independencia. Fue a partir de las primeras acciones militares que la industria pulquera comenzó a resentir los efectos del desorden social, que este movimiento trajo consigo. Fue casi inmediatamente que las pulquerías de la Ciudad de México fueron objeto de una estrecha vigilancia de las autoridades virreinales. Así lo narra el artículo "Pulque insurgente", aparecido en el número de noviembre de la revista "Relatos e historias en México", que con motivo de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana publica Editorial Raíces. Según el texto, no fue sino hasta ese entonces, que el consumo de bebidas en las pulquerías estuvo regulado por ordenanzas que restringían a los bebedores de permanecer por largo tiempo en el interior de esos establecimientos. Las haciendas pulqueras de los llanos de Apan, Hidalgo, redujeron seriamente su producción desde el inicio de la Guerra de Independencia, ya que las autoridades virreinales veían en las pulquerías puntos de reunión de los subversivos. Con las fuerzas insurgentes asechando, la actitud de las autoridades hacia las pulquerías se fue endureciendo, tanto que en una de las varias ordenanzas emitidas por el gobierno virreinal, entre 1810 y 1816, tendientes a ejercer mayor vigilancia y control sobre estos negocios, establecía que los clientes estaban impedidos de beber no sólo en el interior de las mismas sino que ni siquiera a una distancia de 40 varas. Con todas estas circunstancias adversas, la industria pulquera fue de las primeras que resintió la presión ejercida por las autoridades virreinales, El verdadero golpe se dio cuando las regiones de Apan, Otumba e Ixmiquilpan, entre otras, se vieron ocupadas por las fuerzas insurgentes. Como es sabido, toda esta zona alberga las más grandes haciendas pulqueras del país, mismas que surtían a todos los expendios de la Ciudad de México, siendo los más afectados los que eran propiedad de la orden de los jesuítas. En Apan y toda el área del Valle del Mezquital, coexistían las haciendas y las comunidades indígenas, pero a diferencia de otras regiones eran zonas áridas en donde los cultivos de granos no eran tares fáciles. Fue posterior cuando la creciente demanda de esa bebida en la Ciudad de México, toda esa región se fue especializando en el cultivo del maguey, mientras las comunidades indígenas fueron viendo disminuidas sus ya de por sí menguadas posibilidades de cosechar granos, debido a la aridez del suelo. Por su parte, los hacendados necesitaban muy poca mano de obra y no tan especializada, factor que fue generando una relación de trabajo muy poco estable, debido a la mal trato, ahí empezó a crecer el resentimiento hacia los propietarios de las haciendas por parte de los cultivadores de maguey y tlachiqueros, quienes se fueron identificando con los ideales de los insurgentes. De esta forma, en 1811, en Apan, el caudillo insurgente José Francisco Osorno se levanta en armas, contando con una respuesta casi inmediata de toda la población campesina de la región. Las haciendas pulqueras fueron tomadas por los independentistas, lo cual produjo un dislocamiento en todo el proceso productivo y más en la distribución. Las tropas insurgentes tomaban de las haciendas lo que consideraban necesario o definitivamente se instalaban en ellas. Para ilustrar este hecho, el pintor mestizo Don Carlos María de Bustamante (1774-1848) dejó con sus obras un testimonio en el que se puede apreciar con lujo detalle todo el proceso en la producción del pulque, los establecimientos donde se bebía y las tropas de Osorno en una zona pulquera teniendo como fondo el casco de una de estas haciendas. Fue entre 1813 y 1816, cuando los insurgentes (las tropas de Osorno) se encargaron de vigilar y administrar esta zona pulquera del estado de Hidalgo, así confirmaron los buenos dividendos de la actividad, ingresos que les permitieron sobrevivir ante la amenaza constante de los ataques de los realistas. Los hacendados que antes contaban con la protección de los ejércitos realistas, se vieron en la necesidad de negociar con los líderes de la insurgencia para de esta manera evitar acciones depredadoras de terceros. Fue a cambio del pago de una cifra previamente acordada, que la propiedad hasta entonces ocupada, podía continuar con sus labores y de esa forma hacer llegar su producto hasta los expendios de la ciudad. Cualquiera que fuera su clase o convicción política, los hacendados contribuyeron con hombres, dinero y provisiones al sostenimiento de ambos bandos. La guerra se realizaba de una hacienda a otra y cuando alguna era ocupada, de inmediato se convertía en un mesón, donde se atendía a los soldados, entregándoles los impuestos así como variadas mercancías. Estos arreglos entre hacendados e insurgentes no fueron del agrado del entonces virrey Félix María Calleja (1753-1828), quien al ser informado de la toma de las haciendas pulqueras lanzó una ordenanza en la cual decía: "no son ni serán aceptados los pactos con los rebeldes, que lo único que buscan es enriquecerse a costa de los ingresos que por disposición real corresponden al gobierno virreinal. Las tropas de Calleja aprehendieron en 1815 al insurgente Vicente Rueda, sus declaraciones dejaron al descubierto la colaboración de los hacendados con las fuerzas rebeldes, en especial se rebeló que el Conde de Santiago dueño de la Hacienda de San Nicolás el Grande, había proporcionado a los insurgentes equipamiento y uniformes para evitar su secuestro, ordenado por Morelos. Calleja consideró importante reforzar con sus tropas toda la región pulquera de Apan, en 1815 incrementó con el doble de efectivos la zona, sus instrucciones eran precisas acabar con los insurgentes comandados por Osorno. La gesta comenzaba a cobrar la cuenta y uno de los últimos empresarios, Manuel Rodríguez Pedrozo Conde de Xala, quien había aguantado, se declaró en quiebra. Estudios recientes sobre la nobleza novohispana revelaron que el Conde de Xala era un hábil negociador, quien en poco tiempo había logrado multiplicar el valor de sus fincas pulqueras, expandiendo de forma notable sus campos magueyeros. legó a ser propietario de las haciendas de San José Gazabe, la de Calixco, La Limpia Concepción, la de Cuautengo y la de San Bartolomé de Xala, esta última de las más extensas en la región. Todas fueron tomadas por las tropas insurgentes. Este manejo de pago de concesiones fue interceptado por los insurgentes, dejando en la ruina entre otros al Conde de Xala, quien por otra parte había contraído enormes deudas, cuando estalló la guerra se vio imposibilitado a pagarlas. El daño fue irreversible. Desde 1787, se vio obligado a vender la Hacienda de Ojo de Agua a los marqueses e Vivanco, ya que tenia embargada toda la producción pulquera hasta 1816 a la marquesa de Selva Nevada, cuestión que hasta después de varios años salió a la luz pública. El caso del Conde de Xala, quien murió en 1817 en la penuria, no fue el único pero sí uno de los más significativos y expresa cómo fueron dándose los cambios dentro de la elite pulquera durante la larga Guerra de Independencia. La Haciendas pulqueras sufrieron grandes transformaciones pero sus aportaciones durante la Guerra de Independencia fueron muy importantes, de ahí que años después, los gobiernos revolucionarios legislaran sobre la extracción, producción y distribución del pulque y aguamiel en toda la zona central de la República Mexicana.


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