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Homilía Mons. Sánchez en fiesta de Nuestra Señora de la Mayor de Sigüenza

25/08/2010 11:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Texto de la homilía de monseñor José Sánchez González, obispo de Sigüenza-Guadalajara, en la misa de la Virgen de la Mayor, catedral de Sigüenza. 

Los textos: Hech 1, 12-14; 2, 1-4. Ef 2, 4-10. Lc 1, 26-38

En este domingo, Día del Señor, somos convocados para celebrar, como todos los domingos, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y también, en este mismo día, para honrar a su Santa Madre y Madre nuestra, que, con la advocación de Nuestra Señora de la Mayor, es venerada en Sigüenza desde hace siglos y, con la advocación de María Reina, en este mismo día, en toda la Iglesia.

Después de haber celebrado con solemnidad y devoción la Novena en honor de nuestra Madre, hoy nos reunimos para coronar su fiesta con la celebración de esta solemne Eucaristía, misterio central de Cristo y de los cristianos y, por lo mismo de su Madre, que tendrá su complemento y broche de oro, esta tarde, con la solemne Procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Mayor, acompañada por todos sus devotos, los seguntinos residentes, los que residen fuera, pero hoy nos acompañan y otros muchos devotos de Nuestra Señora de la Mayor.

Estas celebraciones, sobre todo la Eucaristía, nos ofrecen la gran oportunidad de contemplar el misterio de Cristo y de los cristianos en el espejo perfecto de la Madre y de alabar y dar gracias a Dios por el impagable regalo de su Madre María. Al mismo tiempo, es la hora de la oración de petición, de implorar del Señor, por intercesión de su Santa Madre, las gracias que necesitamos, para nosotros en particular, para nuestras familias, para nuestra ciudad, para nuestra diócesis, para nuestro país, para la Iglesia y para el mundo entero. También es la hora y el momento privilegiado de aprender de María y, contemplando su misterio, su vida y hoy su gloria, a la luz de la palabra de Dios, que acaba de ser proclamada, imitar su ejemplo y adoptar ante el Señor, ante los demás y ante la vida sus mismas actitudes. Veamos algunas lecciones que nos ofrece la palabra de Dios:

1. La acción del Espíritu Santo

El protagonista de la Encarnación del Hijo d Dios en las entrañas de la Virgen María y, por lo mismo, de su Anunciación, como en toda su vida, antes y después de la Anunciación, como en la vida muerte y resurrección de Jesús, como en toda la vida la Iglesia en todos los tiempos, es el Espíritu Santo. Ni María, ni el Arcángel Gabriel, ni Jesús en su vida, ni la Iglesia, como hemos visto en el Sumario de los Hechos de los Apóstoles, en la primera lectura, ni el más importante de sus prominentes miembros - y los ha tenido y muchos - son o somos protagonistas de la obra de Dios, que, preparada a lo largo de los siglos, comienza el tiempo de su plenitud con la Encarnación del Hijo de Dios en las entrañas de la Virgen Madre, por obra y gracia del Espíritu Santo.

Es la respuesta que da el Ángel a la pregunta de María sobre el cómo de su nueva y sagrada Misión de ser la Madre del Salvador: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios". En la misma línea está la intervención de Dios en la concepción de Juan el Bautista en el vientre de la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible y "sin mí no podéis hacer nada", que nos dirá más tarde el Señor, el Hijo de Dios.

Viene muy bien recordar esta realidad indiscutible de la acción de Dios en la historia, con ocasión de la celebración, como cada año, de la fiesta de Nuestra Señora de la Mayor, tan relacionada con la gesta de la recuperación del territorio, del dominio sobre el mismo y de la libertad para los cristianos, tan vinculadas a la devoción a la Virgen María representada en esta bendita imagen por parte de los cristianos de entonces acaudillados por el aquitano Don Bernardo de Agen.

Por otra parte, es siempre oportuno recordar este principio de que toda obra buena y desde luego la de la salvación y la liberación y de la bienaventuranza definitiva y de su anticipo en la tierra tiene su origen y causa en la acción de Dios por medio de su Espíritu. En nuestro actual momento histórico, como generalmente en todo otro momento, estamos permanentemente oyendo mensajes optimistas y hasta prometeicos de personas, líderes del pensamiento, o de ideologías, o de de la política, del poder, etc. que se nos presentan como mesías y salvadores, como si en su mano estuviera nuestra salvación y la del mundo.

Por la fe, por la historia y por nuestra propia experiencia sabemos que sólo Dios salva, que el Mesías ya ha venido y es sólo Uno, Jesucristo Nuestro Señor. Él sigue presente y actuando por su Espíritu. Sólo de Él esperamos la salvación.

2. La palabra de Dios como guía segura

En segundo aspecto que resalta en la actitud de María frente a la acción del Espíritu en ella, es que, por lo que se refiere a su colaboración personal con la acción de Espíritu en ella, se orienta por la palabra de Dios. Sabe que es la senda más segura. Siguiéndola, nunca se equivocará y la acción de Dios en ella llegará a buen término. María se declara incondicionalmente dispuesta a dejarse llevar y a actuar según le pida la palabra de Dios: "Aquí está - dice - la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y en ese mismo instante, "el Verbo se hizo carne" en sus entrañas.

En nuestro mundo lleno de palabras y de mensajes, hemos de estar siempre atentos a la palabra del Señor, para actuar en consecuencia, convencidos de que el Señor no dejará de manifestarnos, de una o de otra forma, cuál es su voluntad para con nosotros.

Para escuchar la palabra de Dios y prestarnos a que se cumpla en nosotros, como en María, es necesario, en primer lugar, hacer silencio. Vivimos rodeados e inmersos en un mundo demasiado ruidoso. Dios habla en el silencio.

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En segundo lugar, tenemos la suerte, mejor dicho, hemos recibido la gracia de que Dios nos ha dejado su palabra escrita en las Sagradas Escrituras. A ellas tenemos que acudir en toda ocasión; tenemos que ser asiduos lectores de la Sagrada Escritura y oyentes, aprovechando toda oportunidad de la palabra de Dios que se proclama en la Liturgia y en otras muchas ocasiones. Por lo mismo, todos necesitamos estudiar la palabra de Dios, aprovechando para ello los libros adecuados, participando en cursillos y conferencias sobre la Sangrada Escritura, sobre el Magisterio de la Iglesia, sobre la Tradición de nuestra fe.

Para ir seguros en la escucha y entendimiento de la palabra de Dios, es necesario que sigamos asiduamente las enseñazas de nuestros pastores - del Papa, de los Obispos, de los sacerdotes... de aquellos a los que el Señor ha puesto como maestros de su pueblo santo - y seamos prudentes a la hora de emitir un juicio negativo o una crítica.

Pero Dios nos habla también por los acontecimientos de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestro pueblo, de la Iglesia, del mundo. Es lo que se define como el saber leer los signos de los tiempos

3. Programa pastoral para el Curso 2010-2011

Con el fin de responder con la oferta de un programa de trabajo pastoral a la situación actual en nuestra diócesis y a las exigencias de nuestro tiempo, dentro del Plan Pastoral Diocesano, aún vigente, con el título de "Para que tengan vida", nos proponemos en el curso pastoral 2010-2011 incrementar y reforzar el trabajo pastoral de los seglares. Ello será compatible con mantener nuestro interés y nuestro trabajo por la familia, por los jóvenes, sobre todo en el próximo curso pastoral, dentro del cual se celebrará la Jornada Mundial de la Juventud, en el próximo mes de agosto, en Madrid, por la formación, por los sacerdotes y por la Vida Consagrada y por las vocaciones. ¿De dónde salen las vocaciones al sacerdocio y de especial consagración sino de los seglares y las familias cristianas?

Queridos hermanos y hermanas: Sentíos todas y todos convocados a colaborar con vuestros pastores en la obra de la evangelización, cada uno según el carisma recibido. Ningún bautizado puede sentirse ajeno a la invitación del Señor a trabajar en su viña

Tomad esta invitación como la palabra de Dios que nos llega por el ministerio y la mediación del Obispo y por los signos de nuestro tiempo, que nos dicen que la obra de la evangelización hoy, que para muchos es una segunda evangelización y para otros la primera, aunque estén bautizados, sólo puede llevarse a cabo de modo eficiente con la colaboración, la corresponsabilidad y el compromiso de los fieles cristianos laicos.

Entretanto, surgen también situaciones de especial necesidad y urgencia, como lo, es en este momento, la catástrofe provocada en Pakistán, a causa de las inundaciones, que amenazan la vida de millones de personas. Seamos generosos y, oyendo la llamada del Santo Padre, acudamos en su ayuda. Podemos hacerlo a través de Caritas, con la seguridad de que nuestra ayuda va a llegar a los damnificados

4. Oración a Nuestra Señora de la Mayor

Pidamos a Nuestra Señora de la Mayor en este día de su Fiesta que nos enseñe a escuchar la palabra de Dios y a actuar en consecuencia. En la escena de la Anunciación se nos presenta a María como mujer creyente que desea orientarse según la voluntad de Dios expresada en su palabra, por lo que en un momento trascendental de su vida pregunta al Señor cuál es esa palabra para cumplirla y, efectivamente, una vez conocida, responde con una disposición incondicional, la de la esclava del Señor.

Una vez conocida y aceptada la palabra de Dios y habiendo surtido su efecto en su persona, convertida en la Madre del Salvador, actúa en consecuencia. Se siente impulsada por el mismo Espíritu Santo, que ha realizado en ella la maravilla de la Encarnación del Hijo de Dios, a ponerse en camino e ir a prisa a la montaña a llevar a su prima y a Juan, aún en el vientre de su madre, la Buena Noticia, que ella ya ha recibido, el Evangelio que salva, al mismo Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador.

Que María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Mayor, nos comunique su interés por conocer la voluntad de Dios expresada en su palabra, la disponibilidad incondicional a que se cumpla en nosotros y el celo por llevarla a los demás.

Conclusión

La Eucaristía que celebramos es la manifestación de nuestra fe y de nuestro compromiso a vivir siempre orientados por la palabra de Dios y dispuestos a llevarla hasta las últimas consecuencias. Amen.

Fuente|Revista Ecclesia.


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