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Honestidad intelectual, sello distintivo de Gabriel Zaid

23/01/2011 06:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La honestidad intelectual, el diálogo abierto y la crítica clara son las mayores divisas del escritor, ensayista e investigador mexicano Gabriel Zaid, quien este lunes cumplirá 77 años de vida. Con esas apreciaciones, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) rinde un homenaje al autor nacido el 24 de enero de 1934, en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Zaid estudió en el Instituto Tecnológico de Monterrey y obtuvo el título de ingeniero mecánico administrador en 1955. Fue consultor independiente durante varios años. Amante de la lectura, trabó amistad con el poeta Octavio Paz y formó parte del Consejo de la revista “Vuelta”, de 1976 a 1992. Actualmente realiza colaboraciones para la revista Letras Libres, en su columna "Convivio" y diversos ensayos. En su larga trayectoria ha recibido innumerables premios, entre los que destacan, el Xavier Villaurrutia en 1972, por su ensayo “Leer poesía”. Es miembro de El Colegio Nacional desde 1984 y fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de 1986 a 2002. Prueba de su honestidad como sello distintivo son estos fragmentos de su discurso de ingreso a El Colegio Nacional que tituló “Imprenta y vida pública. Homenaje a Daniel Cosío Villegas”, en 1984. En él, Zaid puso énfasis en que “se necesita mucha autonomía personal para creer de veras en la República de las Letras como un poder distinto y aparte para tomar en serio una vida invisible que depende de una ecología tan frágil. La de un espejo que refleja o parece reflejar la totalidad del mundo y, sin embargo, es poca cosa en el mundo. “Platón decía que los hombres sin preparación académica viven tan sumergidos en el mundo, que están de espaldas al mundo de las ideas. Nosotros, por el contrario, vivimos tan sumergidos en el espejo del mundo, que nos encandila, que nos cuesta trabajo situarnos en el mundo. Oscilamos entre exaltar la vida en el espejo como una vida superior y despreciarla como irreal". Su escritura poética ha sido una constante, recuerda el Conaculta, en ella destacan los títulos como "Fábula de Narciso y Ariadna" (Monterrey, 1958); "Campo nudista" (Joaquín Mortiz, 1969); "Práctica mortal" (Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 1973), y "Cuestionario" (FCE, 1976). También, "Sonetos y canciones" (El Tucán de Virginia, 1992) y "Reloj de sol" (1952-1992) (El Colegio Nacional, 1995- Conaculta, Práctica Mortal, 1998). Zaid ha sido colaborador en numerosos diarios y revistas, y algunos de sus escritos han sido traducidos al inglés, francés y portugués. Entre sus trabajos ensayísticos sobresalen: "Los demasiados libros" (1972); "Cómo leer en bicicleta" (1975); "El progreso improductivo" (1979); "La feria del progreso" (1982); "La economía presidencial" (1987); "De los libros al poder" (1988); "La nueva economía presidencial" (1994) y "Adiós al PRI" (1995). También ha dedicado libros a estudiar la poesía y antologado la obra de sus pares. "Gabriel Zaid es autor de poemas, ensayos de crítica -literaria, cultural, económica, política-, además de ser reconocido como editor de José Carlos Becerra, Carlos Pellicer, Manuel Ponce y Gabilondo Soler, y como autor de dos antologías, una de ellas memorable: “Ómnibus de poesía mexicana”. Dicen que ha mantenido una relación de amor-odio con los libros y, más concretamente con las prácticas de la industria editorial, a la cual conoce como nadie. A este tema ha dedicado varios libros en los que aborda desde diversas ópticas la práctica perversa de editar libros que no se leen o que se acumulan en los estantes de una biblioteca. El autor ha sido muy aplaudido, por su ensayo "Los demasiados libros", donde estadísticamente demuestra que un lector tendría que leer cuatro mil libros al día, para seguirle el paso a la industria editorial. Documenta, además, la invención de "los libros que no son para leer. Libros que se pueden tener a la vista impunemente, sin sentimientos de culpa: diccionarios, enciclopedias, atlas, libros de arte, de cocina, de consulta, bibliográficos, antológicos, obras completas. Libros que la gente discreta prefiere para hacer regalos: porque son caros, lo cual demuestra aprecio”, dice. Zaid se lanza además contra lo que llama el "Imperativo categórico de leer y ser culto" y, ante el “Tsunami” de libros por venir, concluye: "¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos y si leer nos hace, físicamente, más reales".

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