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La ignorancia por Lic. Francisco Sunderland Álvarez

05/09/2010 16:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La ignorancia es la noche de la mente; pero una noche sin luna ni estrellas. Confucio

Desalentadoras son las noticias que, día a día, exhiben a una importante mayoría de personas dentro de la policromía social como ignorantes y, en el mejor de los casos, como retrasados intelectuales, sean escolapios, profesionales o maestros.Decía el dramaturgo alemán, Goethe, que “nada hay más espantoso que una ignorancia activa” (en México se le conoce como un “tarugo” con iniciativa) y ello nos lleva a suponer que es precisamente, la ignorancia, la madre de la soberbia, de la prepotencia y del orgullo.¿Y qué podemos esperar con esa calidad educativa, con la mediocre capacitación de muchos profesionistas, de bastantes trabajadores y un sinnúmero de políticos, cuando somos testigos de su pobre o nulo desempeño en las responsabilidades a su cargo? Parece ser que la oscuridad nos envuelve a todos pero, mientras el sabio tropieza con alguna pared, el ignorante permanece sentado, tranquilo, (calladito se ve más bonito) en el centro de la estancia - decía Anatole France - y, no cabe duda que esa fatal afirmación escrita a principios del siglo pasado, hoy hace fuerte acto de presencia en algunos “distinguidos” miembros de este régimen republicano.No cabe duda que, para que pueda actuar el Poder Ejecutivo precisa, dentro de un estado de derecho, de la normatividad expedida por el Poder Legislativo y, en caso de duda - sea de los Poderes entre sí como de los particulares contra éstos o entre sí - será el Poder Judicial quien resuelva, el que dirima la controversia.Decía Tácito, historiador, senador y gobernador del Imperio Romano que, cuánto más corrupto o corrompido está el Estado, más numerosas son sus leyes y, hoy día, a una distancia de veinte siglos, cualquier persona que haya tenido algún conflicto judicial así como quienes convivan entre togas y birretes o entre curules y tribunas comprenderán, sin lugar a duda, la fuerza realista de esta expresión del pensador latino y que trasciende en el tiempo.Cien años antes de Tácito, Marco Tulio Cicerón precisó que el fundamento de la ley no es la opinión, sino la naturaleza y, si bien los romanos poco erraban en su pensamiento jurídico, hoy ese realista fundamento se ha volteado, pues predomina más el impacto social en aras de resultados en comicios que en la paz social, en la paz de la mayoría.No cabe duda que hay todo tipo de normas, desde la fundamental hasta el más modesto de los reglamentos y es sabido que las leyes demasiado suaves, rara vez son obedecidas y, las que son demasiado severas, rara vez son ejecutadas, según lo manifestaba, basado en la realidad cotidiana, Benjamín Franklin.El conocimiento de las leyes está abierto universalmente; su invocación, a quienes se sientan afectados para que se les reconozcan sus derechos y, la resolución con base en el derecho, corresponde a los jueces.Quienes litigan, saben que su cliente no podrá resultar inocente si es que su adversario es el juez. Situación a todas luces indebida pero no exenta de suceder pues tal adversario no necesariamente lo puede ser por estar confabulado con la contraparte, sino que puede serlo – circunstancia por demás preocupante -, cuando su aliada sea la ignorancia o que persista en la necedad de no atender el derecho invocado o privilegie la orden o sugerencia superior.Por esto es que resulta más condenable el juez que absuelve a un culpable, ya que hace más daño su venalidad o ignorancia que cien delincuentes.No menos cierto es que debemos tener presente que, quienes llegan al cargo de jueces o responsabilidades superiores a éstos, son seres humanos, con sus aciertos y errores; con sus virtudes y debilidades; pero no pocos de ellos creen que por el solo hecho de haber sido nombrados “jueces” o que lleguen a algún otro puesto de designación o por elección popular, ya fueron despojados o disminuidos sus prejuicios o, grave, muy grave, que lleguen a creer que aumentó su inteligencia.Hemos oído, hasta la saciedad, que nadie es culpable hasta que se le pruebe el ilícito, sea por acción o por omisión pero también sabemos que en no pocos países, todas las personas son culpables hasta que demuestren su inocencia, por lo que es muy importante, estimados lectores, que nadie se juzgue salvado por saberse inocente.Quienes tienen título sin el debido soporte de conocimientos; quienes lleguen a un puesto – repito, por designación o por elección – sin tener la debida y correspondiente información para actuar (y claro, que no solo sea levantar el dedo o la mano, o volverse un golpeador con fuero) son personas cuyos errores deben ser fuertemente sancionados aún a costa de estar protegidos por un superior, o por un sindicado o por un cuerpo colegiado quienes, en caso de cubrirlo siendo culpable, debieran ser considerados cómplices y juzgados como tales.Por eso ha movido a vergüenza, nuevamente, el precedente emitido por la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al establecer que los ciudadanos no pueden demandar por daño patrimonial a jueces y magistrados que los afecten con sus sentencias. Http://www.reforma.com/nacional/articulo/573/1144651/ Como en las decisiones sobre el anatocismo o los matrimonios entre personas del mismo sexo - que podría ser denominado, más que matrimonio, “homomonio” -, este blindaje de la Corte a sus inferiores no es otra cosa más que un argumento falaz en el que se defiende algo solo por el hecho de que así lo afirma como autoridad, sin considerar que esta sobre protección a la ignorancia en beneficio a instancias inferiores, barnizan más la idea de que se está curando en salud, como el “caso Radilla” http://www.jornada.unam.mx/2010/09/03/index.php?section=politica

/span>http://www.jornada.unam.mx/2010/09/03/index.php?section=politica& article=019n1pol> .En fin, estas situaciones solo nos vienen a demostrar que la falta de solidaridad entre la ciudadanía es notable y que la inmensa mayoría se apegan al dicho de: “Hágase la voluntad de Dios, en los bueyes de mi compadre” pero, cuando los bueyes son nuestros, entonces si queremos que el compadre nos ayude a sacarlos del atolladero.Hoy, más que antes y ya lo señalé en mi artículo “Enfermo Grave” del 16 de agosto último, la ciudadanía que aún no ha sido afectada no actúa y, de la afectada, una parte se enconcha, se vuelve indolente y otra clama por el castigo del culpable pero, ojo, muy pocas personas se preocupan de salvar al inocente porque saben que actuar con tal dignidad es obtener problemas gratuitos y, la mayoría de las veces, sin reconocimiento.¡Qué penosa indolencia! ¡Qué falta de solidaridad! ¡Qué deshumanización, quizá tan grave o más que la de los que hacen daño pero, sobre todo, de los ignorantes!Universalmente les deseo a todos, hoy y siempre, Salud, para que logremos nuestros objetivos en la vida; Fuerza, para que no nos desalentemos ante las adversidades y, Unión, para que no seamos divididos en nuestras convicciones.

Etiquetas: cultura, educacion, ignorancia, leyes, magistrados, mexico, reforma


Sobre esta noticia

Autor:
Raul Peniche (106 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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