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Importancia de los padres en la educación preescolar

10/07/2013 14:36
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Importancia de los padres en la educación preescolar SyM - Sofía Montoya

Si bien la educación a nivel preescolar ofrece programas basados en técnicas pedagógicas y psicológicas que favorecen el desarrollo del niño de 3 a 5 años de edad, la ayuda de los padres es fundamental para lograr una integración social adecuada en lo emocional, intelectual y físico. ¿Quiere saber cómo ayudar a los pequeñines? Lea esto.

Los padres modernos saben que los jardines de niños son centros ideales en los que sus hijos adquieren destrezas y conocimientos básicos para su formación, además de que facilitan la convivencia con otros pequeñines de la misma edad, pero también están concientes que ellos juegan un papel activo en la labor de aprendizaje, actuando como otros maestros.

En efecto, los progenitores son determinantes para que el niño aprenda el manejo del lenguaje, desarrolle capacidades comunicativas, se relacione con sus semejantes, cuente con adecuada autoestima y aprenda valores como amistad, responsabilidad y solidaridad; esto puede parecer agobiante, pero lo cierto es que mamá y papá cuentan en la práctica con la enorme ventaja de que los pequeños de entre 3 y 5 años se valen de dos factores para relacionarse con su entorno: imaginación y juego.

De este modo, el trabajo es mucho más sencillo y forma parte de la convivencia cotidiana; lo único que requieren los padres es aprender cuáles son las necesidades de sus hijos en estos años para saber cómo actuar y en qué forma apoyarlos.

Niños de tres años

El juego es una actividad natural, libre y espontánea que permite al niño satisfacer necesidades vitales como explorar, aventurar, moverse y expresar sus sentimientos, es decir, representa la vía más importante para descubrir y entender el mundo. Simplemente, el juego es para un infante lo que el trabajo para un adulto: un medio de satisfacción y desarrollo personal, así como un desafío a las capacidades propias.

En concreto, un infante de tres años se muestra más sociable y disfruta mucho la compañía de otros pequeños, a pesar de las riñas que surgen y que desesperan a los progenitores, pero es precisamente a través de esto que aprende a compartir juguetes, lugares, reglas y normas, es decir, a respetar a otros y a ser respetado.

Ya que los primeros juegos se dan entre hermanos o primos, es importante que padres o tíos colaboren para establecer actividades en las que se dé una competencia sana entre niños de la misma edad, moderada por el amor y la solidaridad. Curiosamente, la rivalidad que surge se resuelve a través de la convivencia, ya que el infante adquiere experiencia sobre cómo realizar tareas en equipo.

En esta etapa, el niño aprende a recibir instrucciones, imitar movimientos y juega para ser observado y alabado por los demás, ya que es más consciente de su identidad. Además, cuenta con las siguientes capacidades:

  • Camina y corre, a la vez que puede aumentar o disminuir la velocidad de su marcha, incluso detenerse por completo sin perder el equilibrio.
  • Sube y baja escaleras alternando los pies.
  • Se mantiene parado en un pie por breve lapso.
  • Dibuja un círculo y una cruz y otras formas imprecisas con las que representa elementos de la realidad. También comienza a colorear procurando no salirse de la línea.
  • Abrocha y desabrocha botones.
  • Sabe distinguir entre lo grande y pequeño o entre arriba y abajo.

Por ello, son de gran utilidad actividades como las rondas, en donde se combina la capacidad vocal al cantar, la habilidad física al correr y coordinar movimientos, así como el trabajo grupal y la interacción. También es importante estimular la precisión y coordinación de los movimientos de sus manos, lo que se logra moldeando plastilina, haciendo collares de cuentas o sopa, recortando con tijeras o pasando lienzos o pedazos de tela por agujeros pequeños en un cartón. También son útiles muñecas con vestidos, tambores, juegos para encajar figuras de distintas medidas y pelotas grandes.

Cuatro años

A esta edad un infante es capaz de jugar de manera más cooperativa con sus amiguitos, así como de conversar para ponerse de acuerdo y organizarse, ya que su lenguaje es más avanzado, su memoria experimenta notable avance y tiene más conocimientos sobre el significado de los papeles o roles que se requieren para desarrollar una actividad en común; asimismo, es capaz de imitar plenamente escenas de su vida social y juega a ser médico, maestra o banquero, o a que prepara un pastel y llama por teléfono.

Su imaginación es muy intensa y, en algunos casos, cuenta con un amigo imaginario, al cual atribuye características bastante parecidas a su propia personalidad. Aunque esta conducta preocupa a algunos padres, deben saber que es completamente sana y normal, mientras que no limite al pequeño la convivencia con otros chicos.

A los cuatro años el niño sigue disfrutando con las actividades físicas, como trepar y columpiarse, pero las combina con prácticas más tranquilas, de modo que puede permanecer más tiempo atento a una sola tarea.

Igualmente, su autonomía avanza al aprender a realizar labores como vestirse, lavarse los dientes o peinarse. Aunque no lo haga bien, es de gran importancia que los padres permitan que el pequeño experimente, ya que con la práctica perfeccionará sus habilidades; para corregir, buscarán momentos oportunos, no recurrirán al regaño y, en vez de enfatizar los errores, destacarán los aciertos.

El dibujo también se vuelve un instrumento importante para aprender, ya que los niños comienzan a representar las partes del cuerpo que conocen, y a medida que profundizan en su conocimiento precisan sus trazos. Independiente de cómo lo haga, las imágenes se transforman en importante medio de expresión.

Más sobre

A lo largo de este año también perfecciona varias habilidades, como saltar y pararse en un pie, andar en triciclo o incluso en bicicleta auxiliado con rueditas en la llanta posterior; traza un cuadrado, ataja una pelota y la patea mientras corre; conoce los colores, arma rompecabezas simples y aprende las figuras geométricas básicas.

Los juegos y juguetes recomendables son máscaras, objetos donde poder subir, bajar o deslizarse, triciclos, carretillas, rompecabezas de piezas grandes, cajas con huecos para insertar figuras geométricas, muñecas, vehículos, piezas para armar, pelotas y columpio, auxiliado por algún adulto.

Cinco años

En este periodo el pequeño es aún muy inquieto y necesita moverse de un lado a otro, pero aumenta su interés por las actividades tranquilas, como pintar, dibujar, recortar y, en general, hacer toda clase de manualidades. Además, la mayoría de los pequeños ingresa a la escuela, por lo que descubre un mundo más amplio que el entorno familiar, reconoce a otros niños como sus pares y asume a los profesores como nuevos adultos modelo.

El comportamiento del infante en juegos de grupo empieza a ser determinado por su sexo, por lo que los niños tienen actividades de entretenimiento más bruscas que las niñas, amén de que la representación del mundo de los adultos es más preciso; los progenitores son el referente más importante, por lo que los varones imitan todo lo que hace el padre, en tanto que las féminas hacen lo propio con la madre.

Además, a esta edad ya se muestra el predominio del lado derecho o izquierdo de la mano, ojo y pie para realizar actividades, si bien la cualidad de diestro o zurdo termina de definirse hasta el sexto año de vida. Asimismo, el infante se expresa mejor verbalmente, aunque la vía de mayor alcance son sus dibujos, en los que no representa la realidad objetiva, sino cómo él la percibe, lo que piensa y siente respecto al mundo que conoce, por lo que no es extraño ver desproporciones entre un objeto y otro.

Durante este año el pequeño aprende a saltar la cuerda, dibujar una figura humana con sus partes básicas (cabeza, tronco, brazos y piernas), escribir su nombre y memorizar su dirección y número telefónico, lo cual es muy importante, ya que serán de mucha utilidad si alguna vez se extravía.

Además de los instrumentos con que se entretenía un año antes puede tener pizarras, magnetófonos, libros de cuentos, marionetas y muñecos articulados. Recuerde que aquellos juguetes con puntas afiladas o que generen calor se aconsejan sólo después de los ocho años.

Finalmente, cabe mencionar que es en esta edad cuando, de haber, se pueden manifestar las dificultades en aprendizaje, lenguaje y temperamento; por ejemplo, si hay problemas para socializar es común que un niño prefiera divertirse con amigos imaginarios y se muestre inseguro con otros chicos, especialmente si es hijo único o pasa mucho tiempo frente al televisor. Si los padres notan problemas de conducta impulsiva o aislamiento difíciles de manejar, es recomendable consultar a un psicólogo infantil para atender la situación.

Fomento a la lectura

A los niños en edad preescolar les gusta mirar revistas, diarios, anuncios espectaculares y anuncios de negocios, un hecho que los adultos pueden aprovechar para mostrar las imágenes y describirlas para que los infantes enriquezcan su vocabulario, conozcan señalamientos de tránsito, se familiaricen con las letras y estimulen su imaginación.

Todavía yendo más lejos, el acercamiento con las palabras cuenta con otras ventajas, las cuales van de la mano con importante aliado: los libros de cuentos. En efecto, las narraciones siempre han sido atractivas para los chicos, ya que además de mostrarles el uso del lenguaje poseen la facultad de proporcionar interpretaciones del mundo que ayudarán a su desarrollo.

Esto se debe a que, en cuanto a aspectos psicológicos y emocionales se refiere, los cuentos se desarrollan en el mismo plano en el que se encuentra el niño ya que, de acuerdo con los especialistas, fábulas y relatos hablan de los fuertes impulsos emocionales del pequeño, que logra una comprensión inconsciente de sí mismo a la vez que se le ofrecen ejemplos de soluciones, temporales o permanentes, a sus conflictos de convivencia y acercamiento con el mundo.

Asimismo, los cuentos infantiles proporcionan seguridad al niño porque le dan esperanzas respecto al futuro, pues aunque las contradicciones y problemas del mundo son representadas mediante personajes y acciones de la historia, se mantiene siempre la promesa de un final feliz, lo que permite al infante comprender hechos y emociones que todavía no entiende ni domina, y que pueden llegar a angustiarle.

Así, los padres pueden aprovechar estas cualidades al adquirir libros de cuentos ilustrados para que los lean en compañía de sus hijos, a la vez que siguen sencillas normas:

  • Deben contar con un lugar cómodo para leer, ya que cuando un pequeño siente calidez y el contacto físico de los padres, desarrolla una actitud más positiva hacia la lectura.
  • Al tiempo que relatan el cuento en voz alta y clara, los padres deben deslizar el dedo índice por donde transcurre la lectura, ya que esta medida ayuda a que el infante se familiarice con conceptos básicos, como existencia de palabras que forman oraciones y que el orden para leer (y escribir) es de izquierda a derecha y de arriba abajo.
  • Si la madre o padre decide hacer preguntas al niño para que participe, le dará tiempo suficiente para pensar y responder, y siempre prestará atención a cada contestación; el tutor debe procurar mayor énfasis en los aciertos del pequeño que en la corrección de sus errores.
  • Todo comentario o expresión del niño debe ser atendida y observada por los progenitores para que sepan cuáles son las cosas que le gustan y las que no le atraen.
  • Ante todo, los padres deben acostumbrar al niño a leer por placer y por curiosidad, aprovechando el interés natural del niño por el mundo que lo rodea, y nunca agobiarlo, aburrirlo u obligarlo.

Finalmente, madre y padre deben considerar que los niños aprenden a su tiempo, por lo que presionarlos en cuanto a velocidad o a que tengan interés en ciertas cosas, temas o actividades es un factor que puede demorar el aprendizaje.

Por ello, los progenitores no deben mostrarse desairados o enojados cuando su hijo se resista a que le lean o muestre desinterés ocasional por jugar con otros niños; más bien, deben insistir cuando consideren que puede ser divertido y sin presionarlo; la causa puede ser un malestar menor, pero en casos en que se intuya que hay problemas de aprendizaje o de concentración, irritabilidad, ansiedad, tartamudez o conductas de aislamiento muy frecuentes, es importante buscar ayuda profesional de un psicólogo infantil a la brevedad.

SyM

Última actualización: 07-2013

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