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Inauguran coloquio en honor del arquitecto Félix Candela

06/12/2011 01:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La ministra de Cultura de España, Ángeles González-Sinde, destacó la víspera la “obra formidable” del arquitecto español, nacionalizado mexicano, Félix Candela Outeriño, quien falleció el 7 de diciembre de 1997. Al inaugurar en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) un coloquio en honor al arquitecto que vivió gran parte de su vida exiliado en México, al estallar la Guerra Civil española, también mencionó que el arquitecto no abandonó su patria por voluntad sino para “huir de una dictadura asfixiante”. Candela Outeriño, a quien se le denominó “el mago de los cascarones” por sus estructuras laminares de hormigón armado, tuvo que adaptarse a la capital mexicana, en donde “dio forma a una obra formidable”, como también lo hizo en otros lugares de México, apuntó la ministra. Félix Candela Outeriño nació en Madrid, el 27 de enero de 1910, y estudió en la escuela de Arquitectura de esa ciudad entre 1927 y 1935, en donde destacó como deportista y en las ciencias exactas. En 1936 recibió una beca para ir a estudiar a Alemania, pero sus planes se vieron frustrados tras el estallido de la Guerra Civil Española (1936-39), y a su desición de enrolarse como voluntario en el ejercito republicano, el cual estaba en contra del general Francisco Franco. Candela participó como capitán de ingenieros en varios frentes, pero en 1939, cuando la victoria franquista era inminente, partió a Francia, sólo por unos meses, y luego a México, en donde el entonces presidente Lázaro Cárdenas había gestionado por él. De entre los miles de exiliados españoles que llegaron al país, se encontraban 25 arquitectos, de los cuales Candela era uno de los más jóvenes, quien logró trabajar en la construcción de algunos hoteles y restaurantes en Acapulco y la Ciudad de México, hasta que obtuvo la nacionalidad mexicana en 1941. Por esas fechas experimentó en su primer cascarón, una bóveda funicular o catenárica, la cual implementó al año siguiente en el proyecto de una escuela rural en el estado de Tamaulipas, y ante el éxito obtenido, fundó junto con sus hermanos una compañía constructora que implementó estas formas en la arquitectura industrial. En 1951 Candela recreó dicho cascarón en el proyecto que lo catapultaría a la fama: “El pabellón de los rayos cósmicos”, frente a la Facultad de Medicina de la UNAM, y que funge como laboratorio para la medición de neutrones. Esta fue la primera vez que el arquitecto nacionalizado mexicano implementó una solución a base de paraboloides hiperbólicos, una forma geométrica que el arquitecto había estudiado y la cual llegó a dominar y a emplear con virtuosismo para generar los mantos suaves que constituyen sus creaciones más emblemáticas. También participó en la construcción de algunas moradas para el naciente proyecto residencial Jardines del Pedregal; la cubierta para la Bolsa de Valores de México; las iglesia del Altillo y de San Vicente de Paul, en Coyoacán; así como la de San José Obrero, en Monterrey. En 1953 se unió a la plantilla de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, la cual abandonó en 1971, cuando aceptó la oferta de la Universidad de Illinois, en Chicago, para incorporarse a su planta docente. Este mismo año realizó uno de sus proyectos más emblemáticos, la iglesia de la Virgen de la Medalla Milagrosa, en la cual aplicó sus ideas sobre cubiertas ligeras, y a la que se considera una de las obras que le pertenecen al 100 por ciento, debido a la libertad de experimentación que le otorgaron. La última obra importante de Candela fue El Palacio de los Deportes, que construyó con la colaboración de Enrique Castañeda y Antonio Peyrí para los Juegos Olímpicos de México, en 1968; en el que sustituyó los cascarones por una económica e ingeniosa estructura metálica semiesférica que recuerda el caparazón de una tortuga. Candela decía sobre su obra que su mayor “satisfacción no estriba en haber ejecutado ciertas estructuras espectaculares, sino en haber contribuido, siquiera en forma mínima, a aliviar el ingente problema de cubrir económicamente espacios habitables”. Felix Candela Outeriño falleció la madrugada del 7 de diciembre de 1997, a pocas semanas de cumplir 88 años, en la ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, Estados Unidos, ciudad en la que pasó sus últimos años de vida.


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