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La increíble y triste historia de la muerte de Paulette y su madre desalmada que “no llora”

08/04/2010 12:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde el primer momento la sociedad intuyó que este asunto era de suma importancia como para dejarlo así nada más en manos de las autoridades

Juan Norberto Lerma

La desaparición, en un primer momento, de Paulette Gebara y su posterior muerte ha ocupado las primeras planas de diarios y noticiarios en los últimos quince días.

El caso aún no se resuelve y no ha faltado quien exprese su malestar por los espacios que ocupa en la prensa nacional. Más de uno asegura que ya está “harto” de la información relacionada con la muerte de la niña y hasta varios de los que presumen su oficio de periodistas pretenden negarle al asunto el interés periodístico y hasta humano que tiene.

Citan otros muertos en peores circunstancias, hablan de mentes criminales que superan en mucho a quien perpetró este crimen, si lo fue, invocan cifras de asesinados y ríos de sangre olvidados, como si el interés de la nota tuviera que responder al grado de violencia utilizado al cometer un asesinato o a la cantidad de muertos. Desde luego son datos importantes que inciden para que la nota tenga resonancia, pero el caso de Paulette demuestra que no lo es todo.

Por supuesto los padres de Paulette están también “hartos” de que los acusen (sobre todo la madre de la niña), los espectadores y los locutores lo mismo están “hartos” de hablar de ese tema. En cambio, las autoridades sólo están desconcertadas, titubeantes, sin lograr armar el rompecabezas, y Paulette únicamente está muerta.

Desde el primer momento la sociedad intuyó que este asunto era de suma importancia como para dejarlo así nada más en manos de las autoridades. Tenía razón, este es un caso singular: una niña con discapacidad, unos padres cuyas reacciones le han parecido “extrañas” a la gente y una procuraduría que complicó las investigaciones.

Es posible que capture la atención de las personas porque el asunto se desarrolla en el ámbito familiar, en la intimidad de una familia común y corriente, con el agravante de que disfruta de una posición acomodada. Nos permite presuponer una podredumbre moral que no nos hace mejores, pero que ante nosotros mismos nos deja mejor parados; nos da la oportunidad de comparar nuestra “humilde pobreza honrada” con su “maldad aristocrática” y, desde luego, según nosotros, salir favorecidos. En esta historia entran a escena personajes fantasmagóricos, que nos han dicho que existen pero que aún no se han presentado, sin embargo, se presume que su aparición concreta develará la totalidad del drama.

Además, por cortesía de las autoridades, está lleno de vaguedades y misterio, ya sea porque de por sí el caso es complicado o simplemente porque hay un vació de datos que las autoridades no nos quieren llenar, quizá porque no tienen todas las piezas para resolver el asunto o porque a ellas mismas no les queda claro lo que ocurrió para que la niña muriera.

En la calle cualquiera conoce el caso, aunque más bien sabe trozos muy precisos del caso, porque si uno lo platica, el interlocutor lo completa y “aporta más datos” que siembran mayores dudas que las que resuelve. Difícilmente encontraremos a un vecino que no sepa lo que pasó “realmente” y que no haya dictado sentencia antes de que el procurador del Estado de México ejerza acción penal en contra de algún probable responsable.

Parece mentira, pero aún cuando hay cantidad de información estamos desinformados. Se dedican secciones enteras de diarios, horas de radio y televisión para hablar e “investigar” el caso desde detrás de un micrófono, una cámara, o una computadora (lo cual no está mal como gimnasia cerebral), pero tal parece que por momentos no queremos darnos cuenta que se nos escapa lo esencial: tenemos datos vagos, información contradictoria, enormes lagunas informativas, escuchamos rumores, los retomamos, los tergiversamos y otros los dan por buenos. Pese a todo, sin ningún reparo ni pudor emitimos juicios. Esta historia como thriller es un verdadero éxito, como ejemplo del trabajo de las autoridades es una vergüenza.

Independientemente del interés periodístico genuino del caso, el manejo de la información es el que nos ha tenido, por decirlo así, “en vilo” y como no obtenemos mayores datos complementarios que nos den una pista clara de quién es el culpable, si es que lo hay, nos refugiamos en la experiencia personal y la investigación empírica, y desde ahí nos dedicamos a elucubrar teorías para llenar nuestro tiempo muerto.

"Si la gente no hubiera advertido el comportamiento “extraño” de la madre, nadie le hubiera prestado mayor atención al suceso"

En el fondo, lo que mantiene el interés público son los constantes giros que todos los días sufre el caso y hasta me atrevería a decir que es lo único que lo sostiene en las primeras planas. Si no se mantuviera el suspenso como en una especie de comedia negra de enredos y si la gente no hubiera advertido el comportamiento “extraño” de la madre que “no llora” por la pérdida de su hija, la muerte de la niña sería una tragedia más de las que ocurren todos los días y nadie le hubiera prestado mayor atención.

Sin nuestro interés, el periodismo amarillista no sería posible, nosotros lo complementamos y lo alimentamos. ¿Realmente queremos saber quién es el culpable de la muerte de Paulette o preferimos disfrutar un rato más las especulaciones?

Ninguno de quienes observamos desde fuera el desarrollo de las investigaciones tenemos datos concretos, porque las autoridades en su afán de mantener bajo resguardo la secrecía de la averiguación no los hacen públicos, con lo que han provocado un linchamiento moral de la madre de Paulette y la burla para ellas mismas. Hoy sueltan un rumor, mañana siembran la duda, acuden a los hechos para sugerir culpabilidades, después se sirven de la ciencia para perfilar acusaciones concretas, y todo se contrapone a las declaraciones públicas de los involucrados.

Todo hace suponer que las autoridades están como nosotros (bueno, lo admito, quizá sepan algo más que nosotros, estuvieron en la casa de Paulette y vieron más que nosotros, pero que conste que no fueron capaces de ver el cuerpo postrado de la niña en el extremo de la cama hasta una semana después), no tienen idea de lo que ocurrió y han actuado de manera burda y, no sólo eso, sino que se han colocado en un papel que da pena ajena. Parecen protagonistas de una de esas películas cómicas en donde en una reunión alguien apaga la luz y al regresar la claridad tienen un muerto a la mitad del salón, todos se miran y nadie sabe lo que ocurrió.

Sin embargo, hay que reconocer que las autoridades han manejado la tensión de una forma perfecta, pero no porque sean maestras en cuestiones escénicas o porque sean especialistas en control de masas, sino por una real y verdadera ignorancia de lo que ocurrió dentro de la residencia de los Gebara-Farah. O bien, (otra especulación) porque así conviene a los intereses de alguno de los involucrados que desde luego tendría el respaldo de las fuerzas dedicadas a la administración de justicia.

Cuando la gente comienza a desesperarse por la lentitud de las investigaciones aparece un funcionario para decir cualquier cosa o soltar un chisme o rumor que escuchó uno de los implicados de otro de los implicados, o para presentar un audio de manera tendenciosa que genere la expectativa de que están a punto de resolver el caso y de que “ya casi” van a revelarnos la identidad del culpable. Porque debe haber un culpable, por lo menos el procurador así nos lo hizo creer cuando sugirió que de acuerdo a los exámenes forenses que le practicaron al cuerpo de la pequeña, su muerte no había sido “natural” sino provocada.

La lentitud de la procuraduría pareciera ser deliberada y su trabajo se ha desarrollado de una manera tan inconexa y contradictoria como afirma que lo hicieron los padres de Paulette y la servidumbre de la familia Gebara-Farah.

Los medios y la sociedad ya juzgaron con los datos imprecisos que la autoridad hizo públicos y si al término de las investigaciones los dichos de los funcionarios no concuerdan con lo que imaginó la población, la procuraduría será denostada e inmolada públicamente, con justa razón, debido a su torpeza.

Si acusa a cualquiera de los involucrados tendrá que probarlo con amplitud. Pero si pudiera hacerlo ya lo habría hecho y no se hubiera hablado más del caso, salvo para horrorizarse de la oscuridad que habita el interior del responsable, si es que lo hay, de la muerte de Paulette, o bien para escandalizarse por el manejo nebuloso de los trabajos de investigación que contribuyeron a magnificar el caso.

"El asunto se desarrolla en el ámbito familiar, en la intimidad de una familia común y corriente, con el agravante de que disfruta de una posición acomodada"


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Lermanorberto (28 noticias)
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