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Indiferentes al festín político, guerrerenses siguen en la pobreza

31/01/2011 07:32 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ni la euforia electoral que vive hoy un sector de la población con el triunfo de su candidato a la gubernatura, puede disimular la pobreza e injusticia social que vive la mayoría de los guerrerenses que indiferentes a ese festín político enfrentan la marginación e injusticia social. En ese grupo de pobreza que predomina en Guerrero, hay unos que se siente afortunados de contar con un trabajo en el gobierno y sindicalizados, con un líder que no conocen, con un sueldo que creen es de mil 300 pesos quincenales, y que llevan 60 años barriendo calles, con 80 años de edad, porque es su único sustento. Entre los frondosos arboles del Zócalo de este municipio, predomina ese grupo de adultos mayores, quienes en su mayoría muestran cuerpos frágiles y delgados, con ropa humilde y calzando huaraches que dejan ver sus cansados y maltratados pies. Entre ellos están María, de 78 años y 59 laborando, Angela García de 71 años y su esposo Jesús de 81 años, quienes llevan barriendo calles 55 y 60 años, quienes coincidieron que no pueden dejar de trabajar a pesar de estar “cansados y viejos”, porque no tendrían para comer. Lo que calificaron como injusto, pero no saben la razón de esa disposición, comentaron que su sindicato les ha dicho que no tienen derecho a jubilarse, a pesar de todos los años que llevan trabajando para el gobierno local. “Es que nosotros no tenemos jubilación y entonces que vamos a hacer sin nuestro sueldo, por lo menos con eso comemos”, señaló María, quien tiene seis hijos que son campesinos y no tienen dinero para ayudar a sus padres. Aunque afirmaron que fueron a depositar su voto este domingo, porque el sindicato y su jefe les pidieron que tenían que hacerlo, reconocieron que no conocían a los candidatos, pero sus jefes y el sindicato les dijo que tenían que hacerlo. En ese pueblo, en la zona baja de la montaña, donde inician los caminos hacia los municipios más pobres, donde la desigualdad social se muestra a simple vista entre los cuartos de adobe y palos, niños descalzos que a corta edad acarrean burros para llevar agua a su hogar, Angela y Jesús se sienten afortunados de contar con un trabajo. Ellos decidieron unir sus vidas después de que ella enviudo. Tienen nueve hijos, cuatro de ella con su primer marido, pero todos ya se casaron y ahora viven solos y tampoco les pueden ayudar económicamente, porque no tienen dinero, “de la cosecha comen y no les alcanza para nosotros”. Mientras María teje listón de palma, que venderá a cinco pesos los 10 metros, para ayudarse, comentó que cumplen un horario de las 7:00 a las 14:00 horas y aunque antes barrían las calles del poblado, hace dos años la cambiaron para hacer su trabajo en el zócalo. Con mirada cansada, recuerda que antes tenía una hectárea para sembrar y poder utilizar el maíz para su consumo, con ello, alimentaba a sus hijos, quienes no pudieron estudiar por falta de dinero, pero es la forma en que siempre ha vivido y cree que es feliz. Mientras, don José dormita sentado en una de las bancas, ya terminó de barrer, aunque los árboles siguen tirando hojas, las mismas que más tarde volverá a barrer mientras cumple con su jornada, su esposa platica con sus compañeras, mientras recogen basura y limpian las jardineras.


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