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Indígena campechana libra batalla diaria

08/03/2012 07:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Marginada por su condición de indígena, sin posibilidad de acceder a la educación, María Dolores Canul Uc, libra una batalla diaria desde el centro de abasto de la ciudad, donde vende productos de su parcela y sin un día de descanso, “porque si no vendo, no comen mis hijos”. En Campeche habitan 414 mil 720 mujeres y 407 mil 721 hombres, de cuya suma total, 89 mil 84 son indígenas, que corresponden al 13.2 por ciento de la población, que habita principalmente en los municipios de Calkini, Campeche, Helcechakán y Holpelchén. El 93 por ciento de la población indígena habla español, mientras que el 5.6 por ciento no lo habla y por esa condición enfrentan condiciones de marginación y discriminación, que según Canul Uc, logró sortear y poder llevar su producto hasta el centro de abasto, donde desde hace 15 años se ha ganado el respeto del resto de los venteros. Las ventas de Canal Uc, que diariamente se levanta antes de que el sol salga para llegar a tiempo, proveniente del municipio de Tenabo, consisten en jícamas y mangos, que les han permitido costear los gastos de su familia. Hija mayor de ocho hermanos y cuyos padres ya fallecieron, es una de los 180 venteros en las inmediaciones del mercado “Pedro Saniunz de Baranda”, que diariamente libran una batalla para llevar el sustento a sus hogares, donde dicen no tienen cabida los políticos, “porque aquí si no trabajamos no ganamos”. De acuerdo al conteo de Población y Vivienda 2005, de la población indígena en Campeche, el 23. 9 por ciento no percibe ningún ingreso y el 31.7 por ciento percibe menos de un salario mínimo. Con 50 años de edad, lamenta no haber podido ir a la escuela, “ni terminé el primer año de primaria, de ahí nunca pasé, es que no había para los útiles escolares, no había dinero en la casa, apenas había para medio comer”. Dice que cuando se casó, pensó tener una vida mejor, pero el dinero hacía falta, por lo que se vio en la necesidad de lavar y planchar ajeno y que con una vecina aprendió a coser y así juntar para que sus hijos pudieran ir a la escuela, y agradece no haber incurrido en un “trabajo fácil”. Mientras responde a las preguntas, con cuidado hace sus “tongas”, que consiste en poner en pequeños recipientes 12 mangos apilados, o cuatro jícamas, o cinco caimitos, o cuatro aguacates. Señala que después de tanto coser, un día se aventuró a venir a vender al mercado y desde hace 15 años no hay día que falle, pues tiene que mantener su hogar. A su vez, reprocha a las autoridades no hacer caso a los indígenas, pues ellos no perciben algún salario, pese a ello, logró que sus cuatro hijos fueran a la escuela, para no repetir la misma historia. Soportó igualmente la violencia intrafamiliar, por parte de su esposo, difunto, pero que lejos de quedarse en casa, le dio empuje para lograr llevar sustento a su hogar, por sus hijos. En cuanto a ventas, dice que han estado malas, no como se esperaba, pero que es debido a la situación económica por la que atraviesan las familias campechans, lo cual no permite que venda lo suficiente para llevar el recurso necesario a su hogar. Sin duda alguna, Doña María será una más de las millones de mujeres, para quienes el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, pasa como otro más donde no hay nada que celebrar, sólo librar la batalla diaria por el sustento.


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