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Indígena deja hogar para convertirse en mamá

09/05/2012 05:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La indígena Angela, que dejó su hogar a los 16 años, por la pobreza y los usos y costumbres, ha luchado por sacar adelante a sus hijos, a pesar del abuso sexual en contra de uno de ellos. Establecida a las orillas de la ciudad, la historia de Ángela López Moreno es como la de muchas mujeres, pero al igual que otras, ha sabido cómo dar lo más elemental a sus tres hijos, amor. “Tengo una casita en la colonia Las Peras y vendo atole en una escuela, me sostengo con ellos, no les falta la comida”, destaca orgullosa de poder hacer frente a los sinsabores que ha vivido con su pequeña familia en los últimos 14 años. Recuerda que su hijo menor se negó ir a la escuela, “no quiso ir, lloró y lloró mucho, no me decía nada porque estaba así y lo llevé conmigo a vender atole”. Después, dijo, me contó que el maestro no lo dejaba salir al recreo y lo sentaba en sus piernas para tocar sus partes íntimas y eso le causaba miedo. “Fui a ver al director, pero dijo que él no sabía nada y que no podía hacer otra cosa, pero platiqué con otra maestra de la escuela y me comentó que ese maestro ya había tenido problemas”, expuso. Explicó que habló con otras personas que trabajan en la escuela en la que vende atole y le aconsejaron acudir al DIF y a la Fiscalía de Asuntos Familiares y “allí me dieron apoyo, fuimos hacer la denuncia y sólo se consiguió que el maestro lo cambiaran, pero mi hijo ya no quiso ir, lo cambié”. Aseguró que ha sido una de las experiencias más difíciles que ha vivido con su familia, aunque refirió que el abandono de su esposo también fue una situación dura. “Mi esposo no podía dejar de tomar, se junta con otros que siempre están pidiendo en la calle para tomar, desde hace muchos años ya no me daba nada para la casa, todo lo gastaba en su trago”, señaló Ángela. Y como reza el dicho popular, “de los males el menor” para ella que su esposo no la golpeara era una “ventaja” porque la gran mayoría de sus conocidas, o vecinas tienen que enfrentar con frecuencia agresiones. Durante la plática sonríe y comenta con agrado que su mamá, Florencia, le enseñó a preparar el atole de granillo, “me gustaba de chiquita, mi mamá vendía en la calle y me enseñó y ahora gracias a Dios me sirve para mantener a mis hijitos”. En unas dos horas vendo entre 60 y 100 vasos de atole a cinco pesos cada uno, lo que le representa un ingreso neto de 200 pesos en promedio diario, “estoy contenta porque puedo trabajar y darle a mis hijos su comida”. Orgullosa de ser madre, destaca que sus hijos el 10 de mayo le mandan saludos en la radio, me regalan cositas, “pero lo que más gusto me da es que están conmigo y que me quieren mucho”. Originaria de la comunidad indígena de Candelaria, de este municipio, indicó que desde pequeña emigró a la ciudad pensando que aquí iba a tener una casa grande, una familia completa, “pero no importa, tengo mis hijos y mi casita”.


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