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Indultado de culpas

30/04/2009 13:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En nuestro acontecer diario nos dedicamos a reforzar (asegurar) todo lo que poseemos en el plano material; pero nunca reflexionamos acerca de que NUESTRA MAYOR Y PRINCIPAL POSESIÓN ES NUESTRA PROPIA VIDA. ¿Meditamos acerca de lo que pudiera desequilibrar a un núcleo familiar una incapacidad o la

La belleza de la tarde contrastaba con la naturaleza del momento. El canto de las aves atenuaba, aunque no del todo la textura del quebranto. Flores, requieres, pordioses. Todos, vestidos de negro, se despiden de la viuda mientras, compasivamente, surcan con sus manos, la cabellera de los huerfanitos.

La viuda gime. Comprende que los pésames y promesas de funeral no repararan la catástrofe. Tiene la certeza de que ese día marcaría para siempre el curso de su vida: desciende a la fosa su ser amado. Pero su principal pesar es la suerte de sus pequeños.

A pesar de tener la convicción de que nunca hará algo deshonesto, tiene presente dos realidades: nunca antes ha trabajado, y sus pequeños no están preparados para una vida plena de limitaciones. ¿Qué hacer? Se siente indigna, pues durante el sepelio, solo atinaba a pensar en lo que estaba por venir. Está decidida a venderlo todo. No le faltan compradores; sus artículos son de "primera", y ya hay "buitres" acechando para especular con la desgracia ajena. Se siente incómoda: nunca antes en su vida, la habían mirado con lástima.

En un arrebato de locura, espeta sobre la tumba del cadáver: "¿Por qué te fuiste y nos dejaste solos? Eres un egoísta ¿Qué será nosotros?".

Los asistentes se apresuran en abandonar el panteón. Unos para resguardarse del ardiente sol; otros, porque les es incómodo presencial la patética imagen de una mujer que percibe la oscuridad que se avecinaba a su desgraciada familia.

El último conocido se marcha. La viuda, sobre la tumba, se abraza a sus hijitos y comienza a llorar.

Un desconocido aparece. Se acerca a los chicos y le da a cada uno de los muchachos un par de palmadas en los hombros. Le extiende la diestra a la viuda y sonríe:

- Señora, usted siempre quiso disponer del dinero de su esposo para lujos y vanidades. Él la amaba, pero no usted lo comprendía. Por eso tuvo que engañarla.

La viuda lanza una mirada de odio hacia aquel hombre; aprieta con más fuerza, hacia sí, a los pequeños, como si los protegiese del molesto intruso.

Una enfermedad, incapacidad o la muerte pudiera representar una debacle familiar: ¿no lo crees?

- Soy un antiguo compañero de su esposo y trabajo como Agente de Seguros. En una ocasión él se me acercó preocupado por la suerte que correrían Usted y los niños en caso de que él les faltara. Creía que comentarlo con Usted sería inútil, pues solo le interesaba gastar el dinero en cosas banales. Por eso la engañó diciéndole que una vez a la semana iba al club a beber con sus amigos; cuando en realidad, iba a mi casa, jugábamos ajedrez, y ahorraba así, para pagar la póliza de 100000 dólares, que a nombre de ustedes, tuvo la sensatez de comprar.

La viuda queda boquiabierta. El Agente le muestra la póliza, la cual ella la toma y oprime contra su pecho.

- La responsabilidad y el amor que su esposo les profesaba- dijo el Agente de Seguros- me hace sentir importante; pues nada es más gratificante, que en medio de una catástrofe, traer noticias consoladoras.

La viuda se abraza al Agente de Seguros, como si lo conociera de toda la vida, y llora. Agradece a éste (y a Dios) por regalarle esa sensación de luz en medio de la oscuridad. El Agente de Seguros extrae un pañuelo y se lo alarga a la mujer; quien (sin reparar en el pañuelo) solo atina a abrazar a los chicos agarrando fuertemente la póliza. El Agente de Seguros sonríe con cortesía. Observa a su alrededor y repasa, con la vista los panteones cercanos. Detiene su mirada en una tumba donde yacen flores marchitas.

- Tal vez le resulte extraño, señora, pero hoy me siento tranquilo; pues en este cementerio, lleno de personas con las cuales un Agente de Seguros no supo hacer bien su trabajo, yo, en la forma de una póliza, traigo un mensaje de consuelo y esperanza. Buena suerte.

La belleza del día se equiparaba con la magnitud del momento. Una familia afronta con esperanza lo que minutos antes parecía un total descalabro; y un Agente de Seguros, en medio de un cementerio, se marcha silbando inconscientemente una melodiosa canción, fruto del éxtasis experimentado por la satisfacción del deber cumplido.


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Autor:
Reparador De Pesadillas. (3 noticias)
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