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La insoportable vacuidad de las frases de Calderón

16/09/2009 01:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En la política abundan las frases domingueras, los artículos de fe, las afirmaciones burdas que lo dicen todo y no dicen nada

La insoportable vacuidad de las frases de Calderón

Juan Norberto Lerma

En el lenguaje cotidiano ocupamos frases ampulosas para responder a cuestiones prácticas que no queremos o no sabemos cómo afrontar. Entre otras cosas, son un recurso para salir del paso y una salida de emergencia para ponernos a salvo cuanto antes. Así, cuando una mujer pregunta: ‘ ¿Me quieres?’ La respuesta es: ‘ Mucho’ . Si presiona y dice: ‘ Cuánto’ , aquí la respuesta se complica: ‘ Mucho, mucho. Bastante’ . Y podría uno terminar tranquilamente expresando: ‘ Mi amor es tan grande como el mar, tan inmenso como el universo’ . La mujer suspirará acaso, imaginará algo, estrechará a su pareja entre sus brazos y todos contentos.

En la política también abundan las frases domingueras, los artículos de fe, las afirmaciones burdas que lo dicen todo y no dicen nada. De tanto que pretenden significar o, en su caso, esconder y callar, el amontonamiento de palabras termina por convertirse en frases huecas; aunque tanto para el emisor y el receptor queda bastante claro que el primero algo expresó y que el segundo algo entendió. Pero ni el primero sabe lo que dijo ni el segundo entendió lo que el primero quiso decir.

Véase si no es el caso del siguiente párrafo emitido por el presidente Calderón:

‘ Es la hora de cambiar y es la hora de cambiar a fondo y esto significa romper la inercia, hacer a un lado los cálculos e intereses particulares y asumir la gravedad de la hora y la responsabilidad de las transformaciones que México necesita’ .

Que significado tiene la frase de Calderón cuando dice ‘ es la hora de cambiar a fondo’ . Desde luego es una frase de portada de diario, perfecta, pero no va acompañada de acciones que por lo menos definan un rumbo, el que sea, para el país. No es respaldada con actos que a los ciudadanos nos permitan identificar la dirección de lo que suponemos quiere proponer el presidente. Al no tenerlas, sus palabras se convierten en una manera discursiva de recetarnos frases vacuas que de ningún modo le hacen frente a la realidad. Es decir, prefiere darnos atole con el dedo que realizar cambios en la estructura inerte del sistema político y económico que no reflejan más que el puro y simple fracaso de los gobierno de todos los colores, o como lo dijeron quienes se toman la molestia de observarnos desde fuera, no tiene la intención de reformar el ‘ Estado fallido’ en el que nos convirtieron.

Lo que escuchamos y leemos son frases vagas, sin sustento, la abstracción más refinada pues, la más pura y absoluta retórica al servicio del político en turno. Frases para deslumbrar a los ciudadanos, como cuando se dice que llegarán ‘ hasta las últimas consecuencias’ y castigaran a los responsables de tal o cual cosa ‘ trátese de quien se trate’ .

Vaya despropósito compararse y compararnos con gente de otra talla, fieles a su tiempo, quizá más ignorantes, pero más comprometidos

¿Cambiar qué?, ¿hacía dónde?, ¿quién va a cambiar?, ¿los ciudadanos?, ¿los políticos?, ¿la política?, ¿la economía? Quizá la respuesta obvia sea: ‘ Tenemos que cambiar todos’ . Pero surgen otras preguntas: ¿Quiénes van a empezar el cambio? ¿Nosotros?, ¿ellos?, ¿el vecino? ¿De verdad necesitamos cambiar?, o ¿cambiarlos a ellos? La solución será ¿cambiar a uno y poner a otro? ¿A quién ponemos? ¿De dónde lo agarramos?

Aunque su propuesta de aumentar los impuestos, nos guste o no, en sí ya es una acción, no deja de ser algo que ya era previsible. Sin embargo, es una solución inmediatista y de mediano alcance. No evoluciona nada, no mejorarán la salud ni la educación ni generarán empleos, simplemente permitirá, entre otras cosas, que los servicios mediocres se sigan otorgando.

Y como colofón, este párrafo que no tiene desperdicio:

‘ Así como a la generación de 1810 le tocó luchar por librarse de la opresión, a nuestra generación, la del 2010, nos toca luchar por hacer realidad aquellos principios y valores por los que dieron la vida nuestros héroes’ .

Vaya despropósito compararse y compararnos con gente de otra talla, fieles a su tiempo, quizá más ignorantes (y eso es un supuesto que estaría por comprobarse), pero más comprometidos. Nosotros ante ellos sólo parecemos una generación transitoria, mediocre, consumida y condenada al fracaso. Pasto para otros, porque no supimos ni quisimos ser mejores que los anteriores.

Nosotros apenas somos héroes mínimos de nuestras novias, esposas o hijos; héroes de batallas diarias, de una talla menor, y quizá igual de consistentes que los antiguos. Es seguro que de forma individual no apareceremos en los libros de historia, pero tal vez estaremos como lo que hasta el momento, salvo las excepciones de rigor (cada quien sabrá), hemos elegido ser: sólo ‘ masa’ , sólo ‘ populacho’

Lo que escuchamos y leemos son frases vagas, sin sustento, la abstracción más refinada pues, la más pura y absoluta retórica al servicio del político en turno


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Lermanorberto (28 noticias)
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