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De los interinatos por obligación a los de opción/José Manuel Tovar Herrera

23/07/2013 03:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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José Manuel Tovar Herrera

En todo momento estamos viviendo procesos históricos, pero es a veces difícil verlo de esa manera, por lo regular siempre se responde de inmediato al contexto mismo. Si bien la actual perspectiva social se basa en responder a las exigencias que se presentan en terrenos concretos, dígase educación, economía, cultural, etcétera, hay cuestiones que se deben de analizar más allá de las coyunturas, no es que diga que en el momento del hecho no se reflexione al instante, eso es normal y forma parte de nuestro ser social, externar opiniones en coyunturas, ya que esto es una muestra de cómo experimentamos ciertos instantes en lo individual y colectivo.

En base a todo lo anterior podemos sustentar la importancia de la historia, muy pocos acuden a ella, no obstante, quienes se acercan a ella cambian o reafirman sus pensamientos en torno a un paradigma existente. Es en la política donde los paradigmas cambian de manera constante aunque se dude de ello y para efectos teóricos podemos acudir a Foucault o Bobbio y de esa forma podemos acercarnos más a la comprensión de la distribución del poder y la influencia de este en los procesos sociales, pero la intención es que la comprensión sobre lo que pasan en los procesos socio-políticos sea práctica, no comprometiendo su contenido al caer en conjeturas, sino en poner bases para que los lectores puedan interpretar de mejor manera el acontecer cotidiano sin soltarle la mano a la historia.

Existen regiones en el mundo, concretamente en el occidental, donde la actividad política, en todas sus variables, es muy activa, México es una de ellas. La distribución del poder ha sido una constante, las formas en las que se ha ejercido el mismo han sido diversas, lo curioso es que han seguido un patrón muy particular, la verticalidad del poder. Desde las sociedades prehispánicas la unipolaridad ha sido continua y me refiero a la concepción del gobierno desde la sociedad. Los grandes señoríos y sus respectivas cosmovisiones establecieron un modelo de gobierno que se supo adaptar muy bien al proceso de conquista desde 1519 a la llegada de Hernán Cortés al territorio mesoamericano y fue en ese hecho histórico que se el paso del poder de Tlatoani (en Tenochtitlán) o Cazonci (en Mechoacan) a Virrey se pudo llevar a cabo contra cuestión que se convirtió en inercia, la lucha interna por el poder en la cual un tercero sale beneficiado.

La lucha por el poder ha sido fundamental para entender la historia de México, desde las alianzas ibero-tlaxcaltecas en 1521 hasta las alianzas PAN-PRD desde 1990 han sido el resultado de la pugna intestina para acceder al poder. Si bien pueden todas ellas estar sujetas a sus respectivos contextos, que es algo que no se debe de dejar a un lado, ya que hacerlo sería históricamente irresponsable, si podemos analizarlo como un epifenómeno refiriéndonos solo al ámbito de política-poder y es a partir de 1820 cuando en lo que sería México más adelante, se inicia un conflicto en relación a como establecer las relaciones entre el Estado y la sociedad, así como entre los mimos grupos de poder. Los proyectos de nación comenzaron a visualizarse de muchas maneras, desde un imperio hasta una república federal, pero todo ello sujeto a la forma en que los personajes imprimieran su estilo de llevar las riendas del país.

Tras las luchas primero entre centralistas y federalistas y la posterior entre liberales y conservadores, la inestabilidad política en México era un fenómeno, digamos, hasta cotidiano, los golpes de Estado estaban a la orden del día, en un lapso de 5 años, por ejemplo, hubo un número de presidentes que hoy día nos parecería descabellado, pero como señalé anteriormente, todo eso está sujeto a la comprensión del contexto en el que se ubican los hechos. Ante todo lo anterior, imperaban visiones que definían a un proyecto, es decir, a pesar de que la lucha era por el poder, la llegada a él significaba un cambio en la forma de gobierno, así como de la relación que se llevaría entre el Estado y la sociedad, tanto en lo civil, como en lo comercial.

Al amanecer del Porfiriato todo se volvió a unir en torno a una unipolaridad político-gubernamental, a tal grado que los golpes de Estado cesaron y las revueltas solo iban en torno a ciertos conflictos entre pequeños grupos al interior del país, pero no se intentó elevar las pugnas a un mayor nivel, tal cual pasó en 1910 con el levantamiento armado convocado por Francisco I. Madero. Con el inicio de la Revolución Mexicana se disipó la figura central de poder, es decir, el presidente de la república, no la investidura, sino la enorme laguna de influencia que había dejado Porfirio Díaz Mori con su renuncia.

El hueco en el poder terminó hasta la llegada de Plutarco Elías Calles, personaje que no dudó en echar a andar los engranajes de sus alianzas para poder reinstalar el mandato centralista, ya no alrededor de un personaje, sino de un instituto político, naciendo así el PNR (abuelo del PRI). Las transformaciones de PNR a PRI se debieron a factores en torno a las formas en que llevaría al partido en cuanto a lo social, lo económico y lo político. El paso al partido de masas generó la perspectiva de que debía de existir una ideología imperante, a pesar de que la internacionalización de las ideas sobre el Socialismo y el Comunismo estaban al orden del día, en México no se optó por entrar de lleno a esas dinámicas de transformación del Estado y de la sociedad. Al final del sexenio de Lázaro Cárdenas del Río, el presidencialismo ya tenía bases para sobrevivir hasta 1997.

En todo ese lapso desde la Revolución Mexicana hasta el inicio del nuevo milenio, Michoacán había experimentado cambios importantes en cuanto a sus gobernadores. Desde la salida de Aristeo Mercado del Solio de Ocampo en 1911, el periodo de inestabilidad política se extendió hasta 1928, mientras que en los años de 1917 a 1921 existieron 11 gobernadores, mismos que duraron poco en sus cargos por la situación política en la entidad y en el país. La gubernatura del General Lázaro Cárdenas del Río tampoco fue completada en tiempo, ya que la dejó por un breve lapso la gubernatura para incorporarse a otras encomiendas, ejerciendo el cargo de gobernador de manera salteada, finalmente la dejaría en 1932 para iniciar su vida política a nivel nacional, llegando a ser presidente dos años después. Caso similar pasó con su hermano, Dámaso Cárdenas quien fue gobernador interino de 1929 a 1930, mientras Lázaro realizaba actividad a nivel nacional. Dámaso después de esos años regresaría a la gubernatura en 1950 y cumpliría su sexenio sin problema alguno.

Fue con Félix Ireta (1940-1944) que los gobernadores comenzaron a ejercer sus funciones de manera normal, es decir, sin existir interinatos causadas por situaciones políticas, manteniéndose así hasta 1988, cuando Luis Martínez Villicaña, al incorporarse al gobierno federal dejaría el cargo de gobernador en manos de Genovevo Figueroa, no obstante, muchos mencionan que la salida de Martínez Villicaña obedeció más a las presiones del contexto de 1988 en Michoacán, que a su ingreso como funcionario en el gobierno federal. Más tarde, en 1992, Eduardo Villaseñor Peña ejercería el poder solo 21 días, esto a causa de las elecciones estatales de dicho año. La inestabilidad política imperante durante los años del nacimiento del PRD se reflejó en los interinatos de Figueroa Zamudio (1988-1992) y de Ausencio Chávez Hernández (1992-1996). Los interinatos se debieron a situaciones políticas ocasionadas por la presencia de una nueva fuerza opositora en esos años, la del perredismo.

Empero, hoy regresan los interinatos, ahora no por cuestiones políticas, sino por la salud de un gobernante. Durante años no se preguntó si un gobernante estaba bien de salud para ejercer plenamente sus funciones, todos veían sanos a los gobernantes, muy poco se especulaba en torno a ello, fue con la precandidatura de Fausto Vallejo Figueroa que la salud pasó de ser algo secundario a algo prioritario. Todos somos seres humanos y por ende estamos expuestos a un sinfín se enfermedades que pueden afectar nuestra cotidianidad, desde una simple gripe hasta cáncer u otras de índole crónico. Estamos en un momento histórico en el cual la sociedad exigen conocer cuál es la salud de su gobernante, saber con plenitud que le pasa, pero el gobierno se ha empeñado en ocultar mucha información como si se tratase de un monarca o noble. Mientras tanto, los partidos políticos sacan ventaja de la coyuntura, un perredismo que ocasionó en años anteriores interinatos, ahora avala uno a cambio de elecciones tranquilas en 2015. Un perredismo que negó rotundamente aliarse con el PAN para una gubernatura, pero lo hace con el PRI para intentar asegurar el regreso a una. Tal vez para las próximas elecciones en vez de escuchar solamente propuestas deberemos de preguntar sobre la salud del candidato.

¿Cómo relacionar lo del inicio con el final? Simple, la licencia de Fausto Vallejo despertó un antiguo demonio en la política michoacana, el cómo distribuir el poder político sin comprometer el poder real.


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grupocronicasrevista.org
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Reportaje
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