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Es Internet medio ideal para difundir legado de Juan Rulfo

07/01/2012 08:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Al cumplirse hoy 26 años de la muerte del escritor jalisciense, Juan Rulfo, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) lo recuerda como uno de los autores más vigentes gracias a los recursos tecnológicos, como Internet, que es el medio ideal para difundir y mantener vivo su imaginario literario. Gracias a este medio, es posible compartir con las nuevas generaciones la biografía sobre su vida, incluida su creación fotográfica y la relación e influencia que tuvo con el cine. Textos del escritor, su biografía, historia, anécdotas, su incursión en la fotografía y, desde luego, reproducciones de sus cuentos y libros, pueden ser encontrados con facilidad y de manera abundante en la red, lo cual establece una relación contemporánea con su obra. La relación de Rulfo con el cine surgió en su más temprana edad, para continuar posteriormente en su vida adulta y como escritor consolidado. Además, sus dos libros fundamentales, “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, están desarrollados en términos absolutamente visuales. La cinefilia del escritor comenzó en la década de 1940 cuando consiguió trabajo como supervisor de las salas cinematográficas de Guadalajara, lo que le permitió ver todas las películas que se exhibían en esa capital. La fama que recibe Rulfo con la publicación de sus dos obras, abrió la posibilidad de incrementar su relación con el cine, por lo que en 1955 participó como asesor histórico para la filmación de “La escondida” (filmada por Roberto Gavaldón), además de que se encargó de tomar fotos fijas durante su rodaje. Para la década de 1960, el director Alberto Isaac incluyó a Rulfo como extra y con una parte hablada muy pequeña en la película “En este pueblo no hay ladrones”, basaba en un texto de Gabriel García Márquez, quien también ayudó con el guión. El reparto incluyó a Alfonso Arau, Carlos Monsiváis, Arturo Ripstein, José Luis Cuevas y Luis Buñuel. Con los 15 cuentos que integran “El llano en llamas”, el jalisciense ofreció una prosa breve y concisa, llena de expresividad, cuya principal intención fue la de retratar la realidad de los campesinos y la vida rural en México. Mientras que en “Pedro Páramo”, empleó los mismos recursos narrativos para desarrollar un universo en el que coexisten al mismo tiempo lo misterioso y lo real; sus personajes representan las tradiciones, así como sus grandes problemáticas sociales, entretejidas con el mundo fantástico. Además de esos escarceos con el cine, Juan Rulfo tuvo una gran influencia en la creación fílmica a través de su producción literaria, que fue tomada como punto de partida por diversos cineastas. Él mismo hizo los guiones de las películas “El despojo” (de 1960, dirigida por Antonio Reynoso) y “La fórmula secreta” (de 1964, dirigida por Rubén Gámez). Ayudó también en largometrajes como “Paloma herida” (1962, de Emilio Fernández) y escribió “El gallo de oro”, una narración que ideó para la pantalla grande, adaptada por Roberto Gavaldón y filmada en 1964; trabajó además con Arturo Ripstein en “El imperio de la fortuna”, de 1985. Su obra también ha sido adaptada al cine, la primera en 1955, cuando Alfredo B. Crevenna filmó “Talpa”. Pero Rulfo no estuvo satisfecho con los resultados de esta producción ni de varias otras adaptaciones tempranas de su ficción. “El rincón de las vírgenes” (1972), de Alberto Isaac, y “¿No oyes ladrar los perros?” (1974), de François Reichenbach, por ejemplo, se basaron en textos de “El Llano en llamas”, pero sin lograr representar del todo el mundo “rulfiano”. Otros cineastas tuvieron más éxito con la ficción breve del escritor jalisciense, como Mitl Valdez, que filmó “Tras el horizonte” en 1984 y “Los confines” en 1987. La segunda es una adaptación que combina los cuentos “Talpa” y “¡Diles que no me maten!” y un fragmento de “Pedro Páramo”. En la actualidad, su hijo Juan Carlos Rulfo ha desarrollado una sólida carrera como documentalista, con propuestas que reflejan el mundo rural mexicano, que su padre transformó en ficción. Juan Rulfo nació en Sayula, Jalisco, en 1918. Creció en el poblado conocido como San Gabriel, donde predominaba la superstición y el culto a los muertos; en medio de la Guerra Cristera su padre fue asesinado. Poco después, y sin haber dejado la niñez, perdió también a su madre, situación que lo obligó a ser internado en un orfanato de Guadalajara. En 1934 viajó a la ciudad de México, donde comenzó a desarrollar sus primeros trabajos literarios, marcados desde luego por la dura experiencia de la infancia y el ambiente rural que lo rodearon; colaboró con textos en la revista “América”. En esta etapa de su vida, el contacto con la vida rural de Rulfo continuó de otra manera, pues en 1938 comenzó a trabajar para la Secretaría de Gobernación, con un cargo que lo llevó a viajar por varias regiones del país. A la par de esta labor, publicó sus cuentos más relevantes en revistas literarias, hasta que en 1953 salió a la luz ”El llano en llamas” (al que pertenece el cuento “Nos han dado la tierra”) y en 1955 publicó Pedro Páramo. En octubre de 2010 apareció el libro “100 fotografías de Juan Rulfo”, obra de gran formato y de larga gestación, que inició 10 años antes, por el impulso del curador inglés Andrew Dempsey; la edición se hizo simultáneamente en tres idiomas: español, inglés y portugués. A este proyecto en 2006 se sumó el historiador italiano de la fotografía, Daniele De Luigi, quien colaboró en el establecimiento de la selección de las 100 imágenes que integran la publicación, planeada para convertirse en algún momento en exposición. Los autores decidieron agrupar las fotografías en cuatro apartados relativos al acercamiento de Rulfo a la realidad mexicana: los edificios, los pueblos, los paisajes y los retratos, para así lograr dar coherencia e individualidad a los principales temas abordados por el autor. Se incluyen dos textos de Rulfo mismo dedicados a la fotografía: uno sobre Henri Cartier-Bresson y sus fotografías mexicanas y otro donde analiza la obra del fotógrafo mexicano Nacho López, con quien mantuvo una amistad. En estos escritos, el escritor arroja, de manera indirecta, una importante luz sobre su propio trabajo fotográfico.


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