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Interpretará Orquesta Sinfónica de Teneride obras de Händel

22/02/2012 03:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una tercia de oratorios del compositor alemán Georg Friedrich Händel, quien nació el 23 de febrero de 1685, será interpretada por la Orquesta Sinfónica de Tenerife, el 16 de marzo próximo. De acuerdo con lo publicado la víspera en la página en Internet del diario “El Economista” de España, la presentación será encabezada por el director Robert King, quien debió sustituir al chino Lü Jia, que canceló ésta y dos funciones más debido a la enfermedad de un familiar. Así, el 16 de marzo próximo la agrupación ibérica ejecutará los oratorios de Händel “Obertura”, de “Occasional Oratorio”; “Whe're you walk”, de “Semele”, y “His mighty arm”, de “Jephtha”. Igualmente, del autor interpretará “Fatto inferno è il mio petto... Pastorello d'un povero armento”, de la ópera “Rodelinda”. La audición será completada con piezas de Wolfgang Amadeus Mozart y de Franz Joseph Haydn. Georg Friedrich Händel nació el 23 de febrero de 1685, cuatro semanas antes que Johann Sebastian Bach, con quien comparte el título de ser uno de los compositores barrocos más importantes, geniales y prolificos de la historia. El músico vio la primera luz en Halle-an-der-Salle, hoy Alemania, fue hijo de un barbero y cirujano de la corte. Aunque éste lo había destinado para estudiar Derecho, Händel siempre se inclinó por sus propias motivaciones musicales. Así, en 1696 visitó Berlín y al año siguiente, cuando falleció su padre, se inscribió en la Universidad de Halle, mismo año en el que ocupó el puesto de organista en la catedral de Domkirche, a partir de lo cual se dedicó exclusivamente a la música. En 1703 se trasladó a Hamburgo, tocando en la orquesta de este lugar como violín segundo, y acompañado de Matheson hizo un viaje a Lúbeck para escuchar el organista Dietrich Buxtehude. En este mismo año escribió sus dos primeras óperas, "Almira" y "Nero". Händel conoció al príncipe Fernando, hijo y heredero del duque de Toscana, quien lo invitó a conocer Italia, donde pasó tres años, y en Roma trabajó como músico del palacio de este heredero al trono; fue ahí cuando compuso muchos de sus trabajos italianos más importantes. En Florencia estrenó su ópera "Lucrecia", que se dice la escribió para una dama que reveló a Händel no solamente la belleza del canto, sino también los encantos de las mujeres italianas. Visitó Venecia, considerada entonces la capital musical de Italia, donde conoció al príncipe de Hannover, Ernesto Augusto, y al duque de Manchester, embajador de Inglaterra, quien lo animaría a hacer un viaje a este país. Más tarde se estableció en Londres. Con una gran popularidad volvió a Roma en 1708 y el marqués Rúspoli lo relacionó con lo mejor de la aristocracia y de la intelectualidad. En la llamada "Academia de la Arcadia" conoció a los futuros Pontífices Clemente XI, Inocencio XIII, Clemente XII y Benito XIII, así como a muchos cardenales. También se relacionó con los príncipes de Baviera y Portugal, la reina de Polonia, la Gran Duquesa de Toscana y con los músicos Alejandro Scarlatti, con cuyo hijo Domingo cultivó una gran amistad, Arcangelo Corelli y Bernardo Paquini, entre otros. En esta época compuso "Las cantatas italianas", que se popularizaron rápidamente (una de ellas, "Armida Abandonada", fue copiada por Johann Sebastian Bach), y los oratorios "La resurrección" y "El triunfo de Apolo". En ese mismo año fue a Nápoles, donde recibió el nombramiento de primer organista de la Capilla Real, y en 1709 el de director; también fue designado maestro en el Conservatorio de los "Poveri di Gesu Cristo". De vuelta en Venecia representó su ópera "Agrippina", que fue cálidamente aplaudida y elogiada. Un año más tarde fue nombrado maestro de la capilla de Hannover, pero su inquietud lo obligó a pedir una licencia para viajar a Londres, donde fue presentado a la reina Ana. De inmediato se le encargó la composición de una ópera, "Rinaldo", que estuvo terminada en 14 días y llevada a escena el 14 de febrero de 1711, con gran éxito. De regreso a Hannover escribió conciertos para oboe, sonatas para flauta, lieder y cantatas alemanas. Händel siempre buscó la grandeza en sus composiciones, de forma que atrapó al público de la época sorprendiándole con sus decenas de óperas, oratorios, conciertos barrocos y música sacra e incidental. En 1712 regresó a Inglaterra y representa "Il pastor Fido", y en diciembre de ese mismo año compuso, en pocos días, la ópera "Teseo", que fue estrenada en enero siguiente. Con motivo de la paz de Utrecht, escribió un "Te Deum" y para festejar el aniversario del natalicio de la reina Ana una "Oda". Entonces la propia soberana le encargó un "Jubilate", con lo que consiguió ser considerado compositor de la corte, no obstante estar prohibido que un extranjero escribiese música para actos oficiales. De esta forma puso los cimientos de lo que sería su arraigo definitivo en Inglaterra y renunció a su cargo de Hannover. A pesar de haber nacido en Alemania, este inglés "adoptivo" combinó a lo largo de su carrera el estilo italiano para sus óperas y conciertos con los oratorios ingleses y resto de sus trabajos. El 13 de abril de 1734 sufrió un ataque de parálisis, que le afectó el costado derecho, lesionó el cerebro y atrofió su mano derecha. Su depresión fue tan grande, acosado por las deudas y el sufrimiento, que se negaba a curarse. Sin embargo, algunos de sus amigos consiguieron que lo atendieran los médicos y su recuperación fue milagrosa. De inmediato, reinició su trabajo musical. No obstante, en 1741, abatido y desalentado, decidió alejarse de Inglaterra y se dirigió a Dublín, hoy Irlanda, para dirigir unos conciertos. En esa tierra compuso del 23 de agosto al 14 de septiembre de ese año su extraoridinario Oratorio "El mesías", que fue estrenado el 12 de abril de 1742. En 1750 Händel comenzó a perder la visión y al año siguiente quedó ciego por completo. En 1759, mientras interpretaba "El mesías" en órgano, sufrió un desmayo y el 14 de abril de ese año murió. Su cuerpo fue sepultado en la abadía de Westminster. La música de Händel alcanzó grandes alturas y sus coros son de una grandiosidad insospechada. Wolfgang Amadeus Mozart, refiriéndose a él, decía: "Presiente el efecto mejor que todos nosotros; cuando desea, golpea como un rayo". Y Ludwig van Beethoven afirmaba de su música: "He aquí la verdad".


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