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Jaime Alguersuari: "Lo que le ha pasado a mi hijo es un ejemplo de vida para todos los jóvenes"

31/05/2012 12:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El padre del piloto de Fórmula 1 ha escrito el libro `Tu hijo puede ser un crack´, con pautas para descubrir talentos deportivos precoces

Jaime Alguersuari:

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Muchos padres tienen hijos que destacan en alguna práctica deportiva de forma precoz. Y lo que al principio puede hacer gracia, con el paso del tiempo puede convertirse en un problema, especialmente si ese hijo empieza a competir a un alto nivel. ¿Será un fuera de serie? ¿Podrá ganarse la vida con ello? ¿Valdrá la pena que deje los estudios? El editor y periodista Jaime Alguersuari ha decidido escribir el libro Tu hijo puede ser un crack para orientar a padres y familiares sobre esas y otras cuestiones y ayudarles en los numerosos obstáculos que hay en el difícil camino hacia la gloria. Alguersuari cuenta con la experiencia de su hijo Jaime, piloto de Fórmula 1, y que tuvo que pasar por todas las fases que comprenden la formación de un número uno. Y lo más importante, fases que acaparan mucho tiempo y dinero, pero también esfuerzo y gloria, tanto a nivel familiar como personal. Su libro es una guía orientada para que padres y familias descubran si tienen un talento deportivo en casa, pero también ofrece consuelo para los que se dejaron la piel por un sueño roto.

-¿No es lo mismo tener talento que ser habilidoso?

-No. Esta es una confusión habitual que solemos hacer. El talento lleva necesariamente incluida la habilidad, pero la habilidad no tiene porqué incluir al talento. El talento es un determinado número de actitudes que hacen que la persona que lo tiene sea capaz de aprovechar y de gestionar las habilidades de una forma impresionante, tanto en la determinación como en la actitud de querer alcanzar los objetivos, el control de la presión, la seguridad en la ejecución, el orden, etc. Esta conjunción de tantas cosas hace que tener talento sea algo poco normal.

-¿El talento es innato o se adquiere con el tiempo?

-El talento es totalmente innato. La habilidad, en cambio, está al alcance de muchas personas. El talento es algo que está en el ADN de la gente y no se puede enseñar. Y luego hay un elemento que también es clave: la madurez. Cuando un deportista joven muestra una madurez impropia para su edad, estamos delante de lo que probablemente será un fenómeno.

-¿Se puede ser maduro con ocho o nueve años?

-Se puede apuntar la madurez. Por comparación, esa persona va a ser madura antes de tiempo, mucho antes que otras personas que incluso no llegarán a serlo nunca. ¿Cómo podemos saber si un niño es maduro? Por ejemplo, si tiene interés en escuchar una observación que le hacen y que no es fingido. Eso es un síntoma muy claro de madurez. Quizás haya niños de su generación que también sean maduros, pero lo serán más tarde. Ese avance en el tiempo de la madurez es lo que va a hacer que técnicos o entrenadores se fijen antes en él.

-¿La edad es determinante a la hora de ver si un niño será un crack en el futuro?

-Tengo muchos amigos, algunos padres de deportistas, que me dicen que tengo una fijación con la edad. Y es verdad que la tengo. Muchos de estos padres veían que sus hijos estaban compitiendo con otros chicos de seis meses menos, ya no digo un año, y que ganaban por poco o incluso perdían, y creían que no ocurría nada. Sí que ocurre. Cuando un niño no es capaz de ganar a otro que tiene un año menos se está fracturando el futuro de alguno de los dos en favor del más pequeño.

-Las cifras que expone son contundentes. Un 99, 9% de los niños que hacen deporte desde pequeños no llegarán nunca a ser deportistas de élite. ¿Cree que los padres invierten excesivo esfuerzo, dinero y esperanza en la carrera deportiva de sus hijos?

-No. La estadística es favorable a que no haya ninguna frustración cuando no se consiguen los objetivos soñados. Lo que digo en el libro es que la vida compartida entre padres e hijos durante los años que van de los ocho a los 21 años puede ser muy rica en experiencias emocionales. El no conseguir ser un deportista profesional no es un drama, sino todo lo contrario. Hay unos grandes valores que se han conseguido, sobre todo en la relación entre padres e hijos y que les marcará toda la vida y siempre lo recordarán porque se habrán conocido más. Y eso es mayoritariamente lo que ocurre.

-¿A qué edad realista podemos empezar a ver si nuestro hijo tiene actitudes y aptitudes para ser un futuro deportista de élite?

-A partir de los 13 años. Antes se apuntan cosas, pero los trece años son una edad mágica, clave. Eso sí, quien va a empezar a tomar la decisión de que tu hijo apunta será un tercero, nunca los padres; un entrenador, un tutor, una federación, un club, etc.

-Hay muchas personas que buscan hacer negocio o que son oportunistas. ¿Qué debe tener en cuenta un padre a la hora de confiar en esa tercera persona?

-En principio, mucha suerte. Y si profundizamos un poco más, afortunadamente en España hay buenas estructuras deportivas que están bien ordenadas y donde se hacen seguimientos serios sobre la evolución deportiva de los muchachos. En otros deportes más perversos como el automovilismo, donde hay ayudas muy escasas, priman los mánagers y esas personas siempre pretenden buscar beneficio por dar consejos a los jóvenes pilotos, y normalmente quien paga esta fiesta son los padres. Ocasionalmente, también ocurre que hay mecenas que hacen un esfuerzo por alguien creyendo ciegamente en esa persona, pero es algo escaso.

-¿Le han querido apartar en algún momento del ámbito profesional de su hijo porque creían que no era una buena influencia?

-En mi caso no ha hecho nunca falta porque tomé cierta distancia con la carrera de Jaime. Hasta los 13 años lo acompañé en las competiciones de kárting como cualquier padre debe hacer, y luego confié en el criterio de una tercera persona que se cuidaba de sus aspectos deportivos, y por suerte nunca hemos tenido ningún problema.

-¿Tenía claro que él se haría un nombre dentro de la Fórmula 1, o tuvo que convencerle alguien?

-Detecté, a partir de los ocho años, que era muy maduro. Escuchaba mucho y se interesaba mucho por sacarle partido a la herramienta, a los coches. A partir de ahí, no me hacía la pregunta de si iba a ser bueno o no. Me di cuenta de que era muy constante y que se hacía más preguntas que los otros pilotos. La calidad de Jaime no la comprobé hasta los trece años, y ya fue con personas que tenían más conocimientos del tema y que coincidían en lo que a mí me parecía que sería. Se veía que era un chico muy perfeccionista y que tenía un talento natural a una edad en que normalmente, este talento escasea.

-¿Deporte de competición y estudios forman un binomio antagónico?

-Es que es casi matemático. Si de los trece años en adelante estás compitiendo en un deporte internacional y tienes que compartir tu actividad intelectual y escolar con muchos viajes, es muy difícil que llegues a ser universitario. Si el deporte es nacional o autonómico, es posible que no tengas esta problemática, pero también es difícil.

-Dejar los estudios es una decisión difícil de tomar y que no suele gustar a los padres. ¿Cuál es el mejor momento para discutir el tema?

-Es un proceso. Primero, los padres suelen inscribir a sus hijos en una competición porque el club o la federación se lo ha pedido pero no se plantean nada más, porque creen que serán compatibles las dos cosas: universidad y deporte. Luego, a medida que la práctica del deporte va metiendo al chico en diferentes competiciones, ven como este dedica más tiempo al deporte que al estudio. Y es aquí cuando hay que tomar la decisión al ver si es posible que el deportista traspase el umbral de la práctica y llegue a ser algo más. Al final, coinciden todos, familia y deportista, en que hay que dejar los estudios. No digo que sea bueno o malo. Si al final no se alcanza la meta de llegar lejos deportivamente, la universidad de la vida en ese proceso habrá sido tan o más importante que la vida universitaria.

-¿Cómo hay que proyectar las ilusiones de los padres? Imagino que todos sueñan con que su hijo llegue lejos algún día y esa presión también puede ser contraproducente para los chavales.

-Con mucha madurez y calma. Es importante que si, en algún punto del recorrido, los padres, con ayuda profesional o no, se dan cuenta de que su hijo no llegará a ser un crack en esto del deporte, levanten un poco el pie y empiecen a darle más importancia a otros detalles como los estudios o la cultura. Apostar por alguien al cien por cien sin tener la certeza de que llegará a ser un profesional es una pérdida de tiempo. También es importante para que estos jóvenes sepan reconducir su vida a tiempo para convertirse en personas con una actividad intelectual e universitaria plenamente normal.

-¿Cuándo se tiene que tomar esta decisión tan delicada?

-Antes de los 17 años es el mejor momento.

-Habrá visto muchos casos en los que debe de ser más difícil convencer a los padres que a los hijos…

-Muchísimos. Pero si un padre, contra natura y a pesar de los resultados, sigue pensando que su hijo puede llegar lejos, es mejor dejarle y no meterse. Las cosas acaban cayendo por su peso. Al final, uno puede terminar teniendo oficio, pero será más difícil que se pueda ganar la vida. Y si el hijo también quiere, hay que dejarlo y que intente cumplir su vocación. Lo peor es meterte y mal indicar.

-¿Hay mucha soledad en los deportistas de élite de disciplinas individuales como puede ser el motor?

-Absoluta. Casuísticamente, hay ciertas situaciones que son válidas para deportistas colectivos e individuales. Pero luego hay valores de comprensión, solidaridad o complicidad que no se dan jamás en los deportes individuales. Hay mucha soledad, y no te digo ya en la Fórmula 1, donde solo hay 24 pilotos. Es más, con el compañero de equipo tienes que tener una relación controlada y que sea buena, porque sino se crea una ansiedad y unas situaciones que son inhumanas y que pueden afectar muchísimo a los pilotos.

-¿Cree que Jaime se ha sentido muy solo?

-En algún momento, pero no sólo él, a todos los deportistas de élite individuales les pasa. Cuando Alonso tuvo problemas con su entonces compañero de equipo, Lewis Hamilton, en McLaren, nadie valoró todo lo que sufrió Fernando en ese momento.

-¿Cómo está su estado de ánimo ahora que no compite?

-Creo que él es una lección para toda la sociedad y para todos los jóvenes. El despropósito de Red Bull al anunciarle que no continuaría como piloto después de haber superado todas las expectativas es un golpe muy duro para un chico de 21 años del que probablemente otros no se recuperarían. Jaime no sólo se ha recuperado, sino que ha aceptado un trabajo, muy bien remunerado, eso sí, como comentarista en la BBC. Y ese nivel intelectual bueno con un buen dominio del inglés le ha permitido, de nuevo, estar en el campeonato como especialista. Esa posibilidad iba encadenada a que pudiera encontrar el camino de regreso a la Fórmula 1. Y ahora está comentado el éxito de pilotos a los que él ha ganado y superado, pero también está haciendo trabajos de entrenamiento para Pirelli, y eso son pasos de gigante para volver en 2013. Si lo consigue, lo habrá hecho con un espíritu fuerte y una actitud final también fuerte. Por eso digo que es una lección de vida para todos.

-Usted es asiduo a los circuitos y un gran conocedor del mundo del motor. ¿Tiene detectado algún Alonso o Schumacher en potencia entre los más peques?

-Entre la gente muy joven ya tengo detectados a unos cuantos, pero si te digo la verdad es mejor no anticiparlo, porque una de las cosas que puede hacer mucho daño es ponerle a alguien muy joven el san benito y que luego, por alguna razón que a veces es ajena a la propia vida del muchacho, no se cumpla. El talento puro existe y existirá siempre, así que tranquilos


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Qian (162 noticias)
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