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"Jazz en sangre", crónica de un gigante

05/02/2014 01:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Mazatlán, Sin.- Avenida Ejército Mexicano esquina con Rafael Domínguez. Este es un deshuesadero de gigantes. En este predio, inmensa caja metálica que fuera sede de una prestigiosa institución universitaria y una agencia automotriz, se encuentra una de las avanzadas más famosas del Carnaval: los monigotes del maestro Jorge González Neri.

De pie, un Che Guevara tropicalizado espera los fuegos del combate naval para fumar su cigarro, una voluptuosa y sonriente negra de vestido rojo está tumbada de nalgas, otros con vistosos antifaces reciben generosos baños de barniz para que sus colores chillen más, y también hay manos, pies y cabezas desmembradas en espera del engrudo, papel, la madera, tornillos, una lluvia de manos que les den vida y los manden al paraíso prometido: el malecón, las luces de Mazatlán los esperan.

Gerardo, Wendoline, Francisco, José Gabriel, Vicente, Adela, César, Daniel, Jessica, Cristian, Martha, Javier, Tomás, Mario, David, ellos y muchos más han trabajado desde hace dos meses, en Monterrey y Mazatlán, en la elaboración de estas figuras. Sus camisas, pantalones, gorras, sus manos, son un lienzo multicolor revuelto.

David dice que muchos de estos cuerpos con esqueleto de alambrón, carne de engrudo y papel, son ensamblados en la Sultana del Norte; en el puerto se han construido otras figuras, el hule espuma está siendo cortado, hay lijas retorcidas, soldadura, astillas de madera que delatan un trabajo ininterrumpido, agotador y apasionante, el parto de 14 gigantes de cerca de 500 kilos y de ocho a diez metros de altura.

"Quiero salir bonito, hagan una toma perrona, te encargo", dice uno de los obreros y le saca una carcajada a la cuadrilla que lo acompaña. Ellos se dirigen a la primera locación, el Valentino's, junto al lado del Monumento a la Familia, en donde "Jazz en Sangre", un sonriente negrito con sombrero de bombín azul, camisa blanca a rayas, pantalón color de sol y bastón con punta de diamante se erigirá como el primer titán que anuncia la llegada de Litoralia, la piel del mar , el Carnaval en el que Mazatlán celebra a otras grandes fiestas de la carne: Brasil, Cuba, Nueva Orleans, Venecia. Cada una tendrá a más de un gigante que la represente.

Jazz sobre las avenidas

Son las 9:25 de mañana. Mientras un avión raya el cielo, el motor de una camioneta Chevrolet 89 enganchada a un remolque espera a que los obreros suban a "Jazz en sangre". La llegada de dos oficiales de tránsito señala que todo está listo. El conductor sube al asiento mordido y desgastado y arranca rumbo a la Avenida del mar, tras él una grúa, una patrulla y una fila de automóviles que empiezan a acumularse. Cortamos el paso por Ejército Mexicano y al interceptarlos sobre la Avenida Lola Beltrán "Jazz en Sangre" y su enorme bastón han logrado bloquear el tráfico, se escuchan los claxons y algunos medios de comunicación se han incorporado a la procesión.

La mañana de este 4 de febrero es intensa, los trabajadores del Instituto de Cultura de Mazatlán portan camisas largas, gorras, lentes oscuros para protegerse del sol. En su destino final una inmensa base de metal espera para montar a este gigante de Nueva Orleans, después de él seguirá el turno de "Serenata en el Canal", frente al complejo departamental Las Gavias.

El gigante está de pie

El mar de Mazatlán está bordado por miles de destellos y a las 10 de la mañana la comitiva se reúne, junto a ella, los curiosos: peatones, automovilistas, turistas de Estados Unidos, Canadá y Ciudad de México, toman fotos mientras once hombres robustos, algunos panzones, levantan sacos de arena que serán un soporte para la base.

De un lado el esfuerzo de los obreros, al otro, ocho camarógrafos y reporteros truenan sus cámaras para documentar la proeza: una grúa con capacidad de 18 toneladas carga la figura y los trabajadores la colocan con cuidado sobre la base.

Un autobús de turistas pasa frente al gigante de bombín azul, toman fotos y la guía les explica un poco sobre la fiesta de este año.

A las 11 am, los miembros de la Cuadrilla Única Infernal Nº6 (Neto, Nacho, Charmín, Mofle, Robocop, el Inge Toño y su jefe, Abraham "El temandaré" Becerro) me explican que la máquina de soldar se descompuso, hay que esperar por ella.

Paul Wong, director de operaciones, comenta que el traslado, una de las etapas más difíciles ya ha sido superada. Falta asegurar la estructura, un proceso que se define durante los próximos cuatro días, los vientos pueden desestabilizar las tiras de alambre trenzado que serán fijadas sobre la arena y las palmeras o postes del camellón.

Artemino Lazcano, un turista con sombrero de vaquero, mira con una mano en la frente la alta sonrisa de "Jazz en sangre". Dice que el Carnaval de Mazatlán es único, ha estado en Veracruz, y para él la fiesta de la Perla del Pacífico es la mejor.

Casi a medio día, llega otra camioneta con la máquina de soldar. Brotan chispas, se abren cajas con cintas métricas, tornillos, taladros, serruchos y comienza el golpeteo de las estacas frente al mar. Pulmonías, camiones urbanos, aurigas con más gringos con sombreros de colores, motociclistas, un triciclo cargado de madera con un perro sobre ella, ven cómo uno de los trabajadores es elevado por la grúa para retirar los grilletes del camino del primer gigante de Litoralia . Las verdes palmeras miran cómo "Jazz en la Sangre" saluda a Mazatlán desde las alturas, mientras sonríe.


Sobre esta noticia

Autor:
De Sinaloa (2811 noticias)
Fuente:
amanecersinaloa.com
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309
Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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