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Jóvenes de cuerpo y alma

25/08/2010 15:45 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No solo es un divino tesoro: es un recurso limitado. El problema es que, al parecer, de nada sirve ahorrarlo... la cuestión cómo dosificarlo y disfrutarlo al máximo. La clave está adentro

La edad es física o mental. Va relacionada con nuestras circunstancias o nuestro comportamiento. Es parte del nivel cultural o nuestra percepción. Una infinidad de variables que nos hacen sentirnos jóvenes o haber cruzado el umbral. Tal vez la situación social o laboral, o quizá nuestra familia o pareja, pero siempre hay alguien queriendo dictar el estándar de hasta dónde y cuándo seguimos siendo así.

Nótese que recalco el ser a diferencia del estar. La primera tal vez una actitud ante la vida, la segunda una situación ocasional. Lo que es un hecho, es que todos en algún momento queremos sentirlo y revivir esa chispa que nos hacía pasarla tan bien.

A diferencia de la niñez, que es una etapa que culmina con la adolescencia, la juventud es una etapa mental del ser humano. Y aunque existan detractores al respecto, la prueba está al alcance de los dedos.

Durante el paso de las generaciones, este periodo ha ido cambiando según las necesidades de la época. Quizá hace cientos de años, cuando la esperanza de vida no rondaba más allá de los cuarenta años, era imperioso iniciar la “etapa adulta” cuanto antes. Funcionaba en equilibrio perfecto porque los hijos se hacían autosuficientes justo a tiempo para morir. Pero eso no explicaba el dejar a un lado la necesidad de disfrutar.

Tal vez hace cincuenta años, cuando los grados de estudio se volvieron constante en sociedades desarrolladas, el terminar el grado escolar era la señal de que se estaba listo para emprender el vuelo, a pesar de quererlo o no. La mujer desgraciadamente no tenía la valiosa injerencia que tiene ahora, y a más tardar a los dieciocho debía estar casada. Tampoco hubo alguien que le preguntara si en verdad era lo que quería hacer.

Afortunadamente para las nuevas generaciones, los estándares han sido suavizados en gran medida. El rol de la juventud es fundamental y el tener experiencias por si mismos hace que – aunque se cometan más errores – exista un mejor camino de aprendizaje. Ahora se tiene la posibilidad de vivir sin mayor responsabilidad (y sin rendir cuentas) más que a uno mismo. Esto es un gran incentivo para saber que nuestro esfuerzo es recompensado y, con responsabilidad, podemos hacer lo que queramos. Por supuesto que se nos quedan algunos hermanos en el camino, pero la conciencia colectiva toma ahora un papel más independiente que en otros tiempos.

Como todo en la vida, tiene sus implicaciones. Tal vez se acuse de libertinaje o de falta de compromiso en algunos casos. Quizá en otro tiempo pensar en una separación de pareja era imposible de pensar, y la razón es simple: nunca habían estado acostumbrados a estar solos, a vivir por su cuenta. Pasaron del padre autoritario al esposo/a autoritario. Las normas sociales condenaban la libertad de pensar y actuar, y los escenarios no eran nada favorables. Ahora, esa “facilidad” para tomar la decisión va influenciada por factores totalmente distintos: ya aprendimos a estar solos, ya sabemos valernos por nosotros mismos y, desgraciadamente, ya existen muchas personas en la misma situación, lo cual se convierte en un nuevo estándar que permite tomar las decisiones sin preguntar por las causas (y sin juzgar por ellas).

No perdamos tiempo en lamentarnos, ni en esperar que regrese lo que dejamos de hacer. Es hora de buscar nuevas oportunidades y aprovechar las ventajas que tenemos hoy

¿Bueno o malo? Absolutamente necesario. Cada quien tendrá su enfoque y su opinión. En mi caso, diría que lo más importante es tomar una buena decisión. Esto incluye tanto la elección de la pareja como la disolución. Mejor la realización personal que la frustración.

Esto lo expongo a raíz que en ocasiones, nuestro set up determina nuestro sentir ante la vida. Y no necesariamente es lo mejor para nuestro caso. Desde chicos nos hacemos esquemas mentales de quiénes quisiéramos ser en la vida, pero desgraciadamente, los pensamos en función de qué quisiéramos tener. Tener un trabajo excepcional, una casa acogedora, una linda pareja. No es cuestión de tener. Mucho menos las personas. Nadie piensa – hasta que está más lejos – en quiero ser joven, quiero ser feliz.

También porque muchas veces basamos nuestra decisión en “ya estoy muy viejo para hacer esto”, incluyendo cosas tan simples como cambiar de hábitos, aprender una nueva habilidad, idioma, o complejas como emprender un nuevo negocio, cambiar un estado frustrante, etc., y aprovechamos esa etapa adulta más para excusarnos de lo que dejamos de hacer, que de solidez para trascender.

Nos queda claro que la adultez implica mayores retos y responsabilidades, pero nada para lo que no estemos preparados. Obviamente durante el paso de los años nos enfrentamos a dificultades cada vez más grandes y determinantes, pero también es cierto que gracias a la experiencia cada vez nos encontramos mejor preparados para afrontar dichos obstáculos. Aun así, hay quienes aseguran que la experiencia siempre llega cuando es demasiado tarde y se aprende cuando ya es irrelevante, puesto que las situaciones jamás volverán a ser iguales. Entonces, ¿en qué nos diferenciamos de los niños?

Definitivamente el temperamento. La frialdad para enfrentar las cosas y el conocimiento de que, aunque no exista solución instantánea, podremos dar con ella si nos la proponemos. Otra “pequeña” diferencia, es que somos responsables de nuestros actos y nuestros guías están para apoyarnos, pero no para protegernos.

A final de cuentas, creo que todo es cuestión de actitud, tener el carácter suficiente para sentirse jóvenes con responsabilidad. Bajo el cristal adecuado y con una lectura correcta de nuestra situación actual. Lo importante es nunca perder esa sensación de que aun podemos lograr lo que nos proponemos, y – sobre todo – que nunca es demasiado tarde para iniciar algún cambio en nuestra vida.

Vivamos bajo el espíritu de la juventud que tanto disfrutamos. No es cuestión de edad. Es cuestión de creerlo.


Sobre esta noticia

Autor:
Fabio Geneva (10 noticias)
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Tipo:
Opinión
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