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Jugó María Guerra papel fundamental en internacionalizar el arte

30/07/2010 06:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

María Guerra (1957-1999), considerada como una de las primeras curadoras independientes en México, fue definida como una de las principales promotoras de la internacionalización del arte mexicano, mujer vanguardista y transgresora, por Guillermo Santamarina y Dominique Liquois. Estos dos últimos, al participar en la primera sesión de “Diálogos”, iniciativa del Museo Tamayo, hablaron de la primera figura y el trabajo de Guerra. Al hablar de la trayectoria de ella señalaron que se formó como artista visual y como historiadora del arte en Francia, España y Suiza; y a finales de los años 80 se instaló en Nueva York, donde trabajó como curadora en distintas galerías. A su regreso a México promovió diversas actividades culturales extraoficiales, a través de las cuales impulsó a una nueva generación de curadores, críticos y artistas, tanto mexicanos como extranjeros que se radicaron aquí, como José Bedia, Ricardo Rodríguez Brey, Rubén Torres Llorca, Arturo Cuenca, Melanie Smith y Francis Alys. Santamarina, quien actualmente se desempeña como curador del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y Dominque Liquois, artista francesa quien vino a México en 1982, señalaron que Guerra encabezó en los años 80, junto con Eloy Tarcisio, el colectivo “Atentamente la Dirección”, grupo multidisciplinario creado en 1983, del que también formaron parte otros destacados artistas. Ellos son entre otros, Vicente Rojo Cama, Mario Rangel Faz, Carlos Somonte y la propia Dominique Liquois, quienes utilizaron el performance como medio para romper con las prácticas artísticas oficiales. A su llegada a México, Dominique Liquois conoció de forma azarosa a María Guerra en el Museo de Arte Moderno y con ella formó este grupo, con el que participó en las distintas acciones que emprendieron. En 1985, volvió a Francia y María se fue a Nueva York. En Francia terminó su tesis doctoral titulada “El trabajo colectivo en las artes plásticas del México contemporáneo” e inició su carrera como pintora; desde 1988 trabaja en el Musée National d´Art Moderne, Centre Georges Pompidou. A decir de Liquois, en un cierto momento María Guerra decidió que no era artista, sino que tenía más talento para organizar exposiciones. “Quizás sus cualidades creativas se afirmaban más dentro de un grupo, tenía poder de convocatoria (una energía federativa) y una sensibilidad muy fuerte para detectar y revelar los talentos ajenos. Sin embargo para mí también fue una gran artista”, comentó. Agregó que esa energía fue el gran poder que María tuvo para armar alrededor de ella un grupo de artistas, curadores, críticos y promotores que fueron parte de ese momento en el que el arte mexicano neoconceptual, buscó su lugar en un contexto internacional. Santamarina en la década de 1990 organizó un foro en Guadalajara que invitaba a críticos y curadores a reflexionar sobre las prácticas artísticas contemporáneas. Pertenece a la generación de curadores que surgieron durante la década de 1980 junto con María Guerra, como Rubén Bautista y Olivier Debroise, quienes desde distintas posturas, tanto estéticas como políticas, propusieron discursos alternativos a los ofrecidos por las instituciones culturales del Estado. Refirió que María Guerra ayudó a configurar los espacios de visibilidad de una nueva generación de artistas, quienes no tenían cabida en el discurso, ni los espacios oficiales. Santamarina y Liquois describieron a María Guerra como una mujer hermética en cuanto a su actividad. Visitaba los estudios de muchos artistas, de tal suerte que se convirtió en una descubridora de talentos, a los que impulsó para que crecieran tanto en el ámbito nacional como internacional. Un año antes de su muerte, comentaron, se había dado a la tarea de organizar Un housed, una muestra que pretendía reunir a artistas, cuya obra debía más a una cultura urbana globalizada, que a una identidad nacional o geográfica. Poco antes de morir encargó a Pablo Vargas Lugo y a Laureana Toledo llevar a buen término la que desde su punto de vista hubiera sido la exposición de arte contemporáneo internacional más ambiciosa producida en México. Sin embargo, apuntó Santamarina, por diferentes razones nunca se concretó. Añadió que a poco más de 10 años de su muerte, quienes estuvieron cerca en este proyecto tienen esa deuda de vida con ella y los convocó a recuperarlo, así como a agotar todas las posibilidades para presentarlo.


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