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"La fábrica de los juguetes"

05/05/2012 17:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Jorge Cortés Ancona

"El gesticulador", de Rodolfo Usigli, obra escrita en 1938 pero estrenada en 1947, concluía con una escena en la que el joven Miguel clama por la verdad y luego, al tiempo en que sale, por la puerta abierta se ve un sol cegador. Además de ser una alusión a la caverna de Platón también se hace referencia a las condiciones de ocultamiento de la realidad histórica que se vivían en el México posrevolucionario.

Una situación similar es la que padecen los niños muertos de "La fábrica de los juguetes", una obra de Jesús González Dávila, escrita y montada por primera vez en 1970. Los niños están encerrados y buscan el sol, que es la luz, y por extensión toda la naturaleza que se les ha negado.

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Esta pieza teatral tiene gran significación por tratarse de una obra que desafió y sorteó la censura existente en los años inmediatos a la represión de 1968. Acorde con esas circunstancias, el texto abunda en referencias indirectas, alusiones y sobreentendidos. A más de 40 años de distancia, su reclamo de libertad sigue vigente y cobra nuevos significados en vista de las condiciones por las que atraviesa México y el futuro que nos espera.

Ahora es posible ver en Mérida una puesta en escena de esta obra en El Tapanco Centro Cultural, bajo la dirección de Francisco Solís, de Teatro del Sueño. Un montaje equilibrado en su energía y su emotividad, donde se mantiene siempre el interés del espectador, contribuyendo con ello a la voluntad de despertar conciencias.

El escenario carece de todo mobiliario y se ubica en dos niveles conectados por una rampa lateral de madera. Junto con la oscuridad dominante, atenuada por sutiles cambios de luces, representa con total economía de medios un edificio en vías de destrucción que simboliza el modo en que estaba el país en aquellos años de decadencia del viejo régimen. Por lo demás, cables o hilos en las paredes o cruzando en diagonal bastan para sugerir las telarañas, el columpio y otros objetos mencionados en la obra.

Con tres bloques de personajes, que tienen sus propios momentos de intervención, pero que en determinados momentos coinciden en escena e interactúan, la obra se mantiene en distintos niveles: entre la realidad física, la muerte y la dimensión simbólica. Mar (Desireé Solís), Franco (Paris Gasca), Flor (Abril Góngora), Jueves (Carolina Canul) y Viernes (Alee Guzmán) representan a los niños muertos, en busca de sueños no logrados. Vidas truncas que rondan por la casa en ruinas y que inquieren por los referentes de los nombres que llevan.

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Reyna (Graciela Ruiz) y Rey (Ángel Xacur) representan a niños vivos, en la travesura de haberse ido de pinta y buscar los casquillos que deben estar en el edificio. A su vez, Don Ramiro (Salvador Mares), Doña Rosa (Wendy Basulto), Arturo (Abdiel Mena) y Ángela (Karminia Pérez), aparecen como símbolos de las instituciones dominantes de la sociedad: la Policía, la Religión, la Moral, o bien, de etapas y estados vitales: la Juventud, la Adopción, la Soledad en Compañía, la Prostitución, la Hipocresía, etc. Es la sociedad mexicana y humana en sus verdades y sus fantasmas, sus sueños, deseos reprimidos y remordimientos.

Obra de estructura no aristotélica, como la considera el crítico Antonio Escobar Delgado, se sustenta en parlamentos evocativos, que conllevan una fuerte carga de emoción, pero también una denuncia de las marginaciones e injusticias expresada sin referencias específicas. El espectador de 1970 y el de ahora pueden aplicar esos reclamos a las condiciones inmediatas del respectivo entorno.

La adecuada distribución del conjunto actoral, complementario en sus roles y edades, da lugar a constantes cambios de peso escénico y de variaciones del foco de interés. Con los actores siempre en movimiento la obra alcanza una dinámica congruente con las características intrínsecas de los personajes y genera una percepción activa en el público, cuya atención va de un nivel a otro del escenario.

En el aspecto de las voces predominan la buena dicción y la proyección justa, pero exceptúo el caso de Desireé Salazar cuando levanta la voz, ya que emite un grito muy agudo en vez de una controlada elevación de tono. Asimismo, Abdiel Mena se percibe algo inseguro en sus parlamentos pero a fin de cuentas convence en la totalidad de su actitud andrógina. La música no siempre parece bien escogida pero no interfiere en la construcción general de la puesta en escena.

Director y actores lograron una interpretación animada de esta obra, que conlleva dificultades por su estructura textual, al no estar sujeta a relaciones de causa-consecuencia sino a una conexión fragmentaria, con un entrecruzamiento parcial de sus tres bloques independientes de personajes y sus distintos niveles de ubicación respecto a la realidad. La materia teatral funcionó eficientemente. La producción y diseño de vestuario estuvo a cargo de Hortencia Sánchez, mientras que la escenografía e iluminación correspondió a Manuel Araiza. Habrá una nueva función el jueves 19 de abril. Boletos en taquilla en El Tapanco Centro Cultural, ubicado en el cruce de las calles 47 y 68, en el barrio de Santiago.

Por esto!, 16 de abril de 2012.


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
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Reportaje
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