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La frustración de no ser futbolista

09/03/2011 14:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dicen por ahí que los periodistas enfocados al balón son futbolistas frustrados. ¡Cuánta razón! Y la frustración de irrumpir el sueño de convertirse en futbolista proviene de diversas causas: lesiones, imposiciones familiares respecto al futuro o miedo al éxito. Pero habemos algunos que nacimos con un gen rebelde y enemigo de las disciplinas, totalmente opositores a regímenes de control físico y mental. Tal es mi caso.

Recuerdo que durante mi etapa en Inter, equipo de la colonia, no había suplicio más grande que entrenar. Por el contrario, era un deleite sentarse a escuchar las indicaciones del ‘ Güero’ , nuestro técnico. No todos compartían mi visión, pues algunos se enorgullecían del acondicionamiento físico porque creían que eso les daría la musculatura y cuerpo necesario para captar la atención de las chicas de la cuadra.

Uno en verdad disfrutaba de los conocimientos y sapiencia de ideas futbolísticas que poseía el ‘ Güero’ , mismas que de su voz eran seducción pero aplicadas al terreno de juego nada más no nos salían: o las ejecutábamos mal o no entendíamos ni un carajo. Al principio –hasta la fecha desconozco sus motivos- el ‘ Güero’ me ponía como medio de contención, posición en la que no di una durante cinco partidos.

Fui alto, corpulento, aguerrido y nada temeroso. En contraste, poseía defectos como lentitud y poca técnica. Un buen día me mandó llamar para decirme que jugaría como defensa central junto a Anibal, un chavo que era la elegancia misma en la defensiva: toque, velocidad, amo de los tiempos. Sin embargo, Anibal tenía una falla: era muy noble, temía rozar o chocar al rival por miedo a que lo expulsaran, golpearan o sacaran de cambio. Le tenía pavor a la derrota o al fracaso debido a que él sí entrenaba como Dios manda con el único propósito de llegar muy lejos en el fútbol.

Total, me pusieron con él y la indicación del ‘ Güero’ fue muy clara: cuídalo. Para ese partido, y por ende en los consiguientes, Anibal tenía como encomienda jugar un poco más adelantado para ayudar en la recuperación al medio de contención, el ‘ Matas’ . Sabedor de mis capacidades y torpezas, el ‘ Güero’ me dijo: "Anibal tiene de sobra pero tú tienes lo que a él le falta. Gasta las patadas, piensa tu tarjeta e intimida al rival. Eso sí, nunca vayas con intención de lastimar".

Desde ese partido hasta final de torneo, donde quedamos en cuarto lugar de 28 equipos, me dediqué a cuidar las espaldas de Anibal dándole cariños a piernas, tobillos y cuerpos flacos o delgados. Claro, también me llevé mis recuerdos reflejados en trompadas, mentadas de madre y amenazas. Sólo fui expulsado una vez por acumulación de tarjetas.

En el penúltimo partido, el ‘ Güero’ quiso darle oportunidad a los chavos que regularmente entrenaban para estar en la banca: el ‘ Pachas’ , el ‘ Memo’ , el ‘ Caimán’ y el ‘ Trompas’ . Decidió mandar a Anibal de suplente. Perdíamos 3-1 y el ‘ Pachas’ dejó su lugar a Anibal. Lo primero que hizo al entrar fue susurrarme: "cuídame. Me siento nervioso". Su petición terminó por ponerme nervioso a mí también, más aún al verlo correr de un lado a otro sin sentido, errando balones y reclamándole a todo mundo. ¿Pues qué chingados le pasa?, me pregunté.

Luego de que un rival le hiciera un túnel digno de darle coraje a cualquiera, Anibal se quedó parado, temblando; dejó pasar al enemigo y tuve que ir a corretearlo para meterle una patada cruel y despiadada que me costó la roja directa y un terrible remordimiento por haberle partido el tobillo. Al ver al rival tendido en la cancha de tierra, Anibal corrió hacia el Güero y le metió un puñetazo seco y frontal. ¡Se armó la campal entre nosotros mismos, el Inter!

"No me vuelvas a dejar en la banca, cabrón. Jamás lo vuelvas a hacer. Me parto la madre todos los días entrenando para jugar y ser una estrella y tú sales con tus mamadas de mandarme a la banca. No estoy dispuesto a destruir un sueño por tus pinches decisiones. No me mandes a mostrarme en un partido que tenemos perdido; yo quiero ganar, siempre ganar", gritó Anibal a un ‘ Güero’ ensangrentado.

Para la siguiente temporada, y a raíz de la agresión, el ‘ Güero’ se puso más estricto con la disciplina: nos llegó a pedir copias de la boleta de calificaciones y entrenamiento de dos horas diarias. Me rehusé y fui a pasar penas con otro equipo. Pasaron los años y un buen día me encuentro a la madre de Anibal, le pregunté por él y me dijo que iba a visitarlo. ¿Dónde vive o qué? | No le digas a nadie pero mi hijo está en tratamiento psiquiátrico. Lleva un año internado | ¿Por qué? | Su obsesión por ser el mejor y no perder hicieron que su vida fuera puro fútbol.

Anibal fue a hacer una prueba en Atlante y le dijeron que no tenía condiciones. Brutal revelación para una persona como él, quien tras el duro golpe se dedicó a entrenar cinco horas diarias y ver partidos a cualquier hora del día. Fue tal su obsesión que perdió nociones de la realidad y llegó a manifestar paranoia porque creía que el mundo estaba en su contra.

Mi frustración por no ser futbolista fue una elección de la que no me arrepiento y a la fecha sigo con mi oposición a ciertas disciplinas; el periodismo es una buena terapia para superar traumas. En cambio, Anibal encontró otra salida y hasta la fecha no se recupera. Dejé de cuidarle las espaldas; jamás quiso cuidarse así mismo.


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elbuenfutbol.com
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