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La magia no morirá

27/11/2012 18:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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La pura vida

El niño sin miedo

Alterado, alarmado, el niño corre hacia un militar para pedir su ayuda. "Me han asaltado en el terreno baldío que está a dos calles. ¡Y se están drogando!", le grita. El uniformado se dirige hacia el lugar e ingresa apuntando con su rifle. "¿Dónde están los ladrones?", le pregunta a un grupo de chamacos asustados ante el arma que les apunta. "Aquí no hay ladrones. Solamente estamos jugando fútbol", responde la única voz infantil que no se intimida.

Con el arma dirigida a los chamacos, el militar recorre el terreno. No ve nada sospechoso. Inspecciona a los supuestos delincuentes y tampoco encuentra droga. "Solamente estamos jugando fútbol", le repite el chamaco temerario. El uniformado baja el arma y contempla los cuerpos diminutos vestidos de harapos: "Un niño con la cabeza rapada y orejas grandes dijo que aquí lo asaltaron, que aquí se drogaban". Todos comienzan a reír.

En realidad, el delator estaba ofendido con sus compañeros de juego. Bueno, con uno de ellos. No le pareció que Beto le hiciera túneles al por mayor y que se luciera con dos o tres sombreritos para quitárselo de encima. Herido en su orgullo por ser la burla del resto, el Orejón abandonó el estadio de piedras y tierra para intentar desquitarse de la afrenta.

Una vez comprobado que no son malandrines, el militar lanza un disparo para ponchar el balón, un esférico maltrecho elaborado con pedazos de tela y envuelto en cuero. De las carcajadas pasan al llanto y producto del susto no falta quien se orine. Menos Beto, el escuincle sin miedo. "¿Qué le pasa? ¿Está usted loco?", le recrimina al oficial. A su vez éste saca unas monedas de su pantalón y se las da a Beto: "Compren una pelota buena". Para sorpresa de todos, Beto le devuelve el dinero diciéndole "usted lo necesita más. Cómprese una vida y deje de estar molestando".

La magia

¿Ocurrió? ¿En verdad pasó? Con Beto todo fue y es posible. Miles de historias se tejen sobre su figura. Algunas ciertas, otras ficciones. Lo real no lo niega y lo falso le alegra. No huye ante lo verídico y se fascina ante lo ficticio. "Son anécdotas graciosas, pero no entiendo cómo la gente puede creer eso. No sé quién es el genio que lo inventa", diría en una entrevista concedida a El País en 2003.

Detrás del mito del personaje está la leyenda deportiva salvadoreña. Con su fútbol, Jorge Alberto González hizo honor a su mote en cualquier superficie. Sitio que pisó, sitio que cosechó magia. Rebelde natural, irreverente inagotable, el Mágico González llevó en todo lo alto la bandera de jugar por diversión. Distante de ver el balompié como un trabajo, ajeno a las reglas y disciplinas, enemigo de los entrenamientos dedicados cien por ciento a lo físico, Beto compensó su aversión a las normas con el derroche de talento en cada partido. De igual forma fue congruente con la vida: "hay que pasársela bien".

Con la varita mágica de sus botines hacia callar las críticas sobre su vida personal, donde se desempeñó como fumador, mujeriego y amante de la noche. Silenció a los abogados de las buenas conciencias con la presencia de El Salvador en un Mundial (España '82), con la aventura de colocar a Cádiz en el mapa de los aficionados. Uno de sus tantos episodios cargados de lo impensable tuvo como rival a Barcelona en una de las semifinales del Trofeo Ramón Carranza. Llegó tarde al encuentro y tuvo que ingresar al medio tiempo. Los culés se fueron al descanso con un 3-0 a favor y terminaron perdiendo 3-4 con dos goles y dos asistencias del Mágico.

Ahora alberga en el retiro, rincón donde continúa dedicándose a lo que le gusta: gozar la vida. Aparentemente olvidado, el Mágico aún radica en la mente de mucha gente. Hay quienes lo recuerdan por su estilo de juego y hay quienes todavía son consumidos por la duda sobre sus andanzas.

¿En verdad la mejor siesta para él ocurría en el vestuario durante los 15 minutos del receso? ¿Le avisaba a sus directores técnicos en cuáles cabarets se desvelaría para que mandaran por él? ¿Evitaba correr en los entrenamientos para sentarse a pensar en cómo ligarse a una mujer? ¿Trabajaba de taxista en sus ratos libres para poder hablar con otros de algo que no fuera fútbol? ¿Se aventó de una azotea para demostrar que también volaba?

Si de goles y picardías futboleras se trata habría que seguir la instrucción de Pablo Ordaz, quien entrevistó al salvadoreño en 2009 para El País: "Si no se acuerdan o no tienen edad para acordarse, dense una vueltecita por YouTube, escriban Mágico González y lo entenderán todo. O casi todo".

Pero si quieren saber acerca de todas las cosas que se le achacan a Beto, no se esfuercen. Mejor apelen a la creación. He ahí una trampa benévola y exquisita de su legado, puerta abierta a la fantasía con trayecto a la eternidad. He ahí un gran truco de magia. González no morirá, no quedará en lo efímero; perdurará obsequiándonos la libertad de reinventarlo.


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elbuenfutbol.com
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