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La novia del amigo

14/11/2011 01:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageUna de las incomodidades más dañinas para un futbolero radica en verse invadido por seres que desprecian al fútbol. Más aun cuando se da en una charla que, bajo el ritmo de unos tragos, tiene como tema principal al balón. Lo peor del caso es que a final de cuentas se salen con la suya y todo lo que pintaba para ser un rato ameno termina en una batalla verbal de todos contra todos, una riña campal de verborrea donde se habla de todo menos de fútbol.

Uno de esos seres que cumple con el perfil idóneo para alterar el orden, el rito de la bohemia futbolera, es la novia del amigo. Aclaro, no todas las novias. He aquí un caso de aquellas que se empeñan en acabar con el instante:

Nunca falta el camarada enamorado de una mujer posesiva, de una chica que no lo suelta ni para ir al baño. Cuando el susodicho tiene ganas de ir con los cuates a hablar de fútbol, ella también va. Sabedora de que todos se clavan en el tema, la chica no está dispuesta a ser ignorada por el galán y comienza a poner en marcha su plan destructor.

Coge su teléfono celular una y otra vez ya sea para llamar, jugar o nomás para ver la hora. Inquieta, y maliciosa al saber que ya comienza a estresar a los cuates, la chica prosigue con los bostezos constantes, marcados cada 30 segundos. "¿Estás bien, mi amor?" | "Sí, muy bien. Lo que pasa es que tengo un poco de sueño". Pasada la ficción de la flojera, prosigue con gestos y muecas. Simula tener dolor de cabeza. "¿Segura que estás bien?" | "Sí, pero es que siento que me falta aire".

Mientras el galán se rinde ante "el sentir" de su amada, el resto nos miramos y nuestras mentes, ya alteradas, coinciden en pensar "ya que se vaya". Por respeto al corazón del camarada no decimos nada, aguantamos. Sin embargo ella no descansa en su afán agresor. En cuanto escucha una canción, así sea impropia para bailar, como una rola de José José, la chica hace como que se prende y le insiste al cuate en que bailen porque, de buenas a primeras, esa es la canción que más le fascina.

La culminación de su incesante plan viene cuando a grito pelado quiere que todo mundo juegue Basta. "Ya, ya, ya. Fue mucho fútbol por hoy. Ahora todos saquen sus papelitos y juguemos", ordena con una sonrisa maquiavélica. Es aquí cuando ya se amoló la cosa. Uno de los cuates, harto de la situación, pero caballero ante todo, le dice: "Mira, si ya te quieres ir llamamos a un taxi".

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Ofendida, la otra estalla en cólera y comienza con una letanía. Primero nos tunde a los incomprendidos y sonsacadores que hacemos de su novio, nuestro amigo, un haragán. "Yo no me voy en un taxi. No te tomes molestias que no he pedido", expresa en tono sarcástico. Prosigue: "Que ustedes no tengan novia o tengan a una chica tonta que los aguante con sus porquerías es su problema. A mi chiquito sólo le quitan el tiempo para enajenarlo y lo hacen porque están celosos de no tener una mujer como yo".

El amigo trata de calmar inútilmente a la dama, pues con su "mi amor, tranquila" provoca que aumente la ira de su amada. "No, no, no, no me toques. Si estoy aquí es porque te amo, pero no voy a soportar que estos tipos me falten al respeto y que aparte tú te quedes sin hacer nada para defenderme". ¿En qué momento alguien la insultó?

Entre la espada y la pared, el amigo voltea a todos lados con el rosto cargado de angustia. No sabe qué hacer. Es entonces cuando otro de los cuates interviene y le solicita de buena manera a la chica que se tranquilice y hasta le propone que en lugar de jugar Basta platiquemos de otra cosa. Pero otro camarada, enojado ya por la situación, advierte con voz serena: "Yo no vine a jugar esas cosas".

Y el rostro de angustia de nuestro amigo enamorado se transforma en una cara seria, amenazante, y se suelta: "Uy, no fuera tu vieja la que proponga que juguemos dominó porque ahí sí te pones blandito". Se armó la revolución. "No metas a mi vieja en esto. Ella ni siquiera está aquí, así que bájale". De repente ya todos intervenimos y comenzamos a resaltarnos nuestros defectos. "Es que tú eres así. No te lo había querido decir porque no soy tan ojete como tú", "Y ese güey no habla porque sabe que tiene cola que le pisen", "La neta siempre me ha cagado que creas tener la razón". En fin.

Mientras la banda nos tundimos a diestra y siniestra, la orquestadora del plan, la novia del amigo, se da un deleite con el manjar del chisme. Vaya, hasta se le quita lo enojada y se integra con singular alegría al hervidero: "Elías, acepta que a veces sí eres bien mamón y que te cuesta aceptar que te digan tus errores".

Secas las gargantas, exprimidas las vísceras, todo vuelve a su cauce para poner punto final al encuentro. Molestos todos nos vamos a nuestras respectivas casas. Eso sí, la novia del amigo todavía se atreve a despedirse pidiéndonos que nos vayamos con cuidado. Por si fuera poco abraza al amigo y se le va en demostraciones de afecto marca no friegues. "Te amo. Me gusta mucho estar contigo".

Ante estos casos bien valdría pedir, que no jugar, Basta.


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elbuenfutbol.com
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