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La plaza en la costa

31/12/2012 02:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Había cocinado ese día, un poco disgustada pero había cocinado, cosa que casi nunca hago. Luego salí a caminar por la playa, esa playa rodeada de riscos, de piedras y arena que parece simplemente tierra mojada. Cuando me aproximé al acantilado lo vi todo normal: gente tomando el sol y zambulléndose en el mar de tonos extrañamente grises.

Decidí entonces ir a la plaza antes de la playa, por lo que tomé el sendero de la izquierda que me llevaría a las intrincadas calles que conducen a la plaza. Las calles tienen una disposición muy particular, pues no son rectas (excepto las calles principales que llevan a la plaza, en donde se llevaría a cabo la masacre del día). Una tiene que caminar por escaleras que no parecen ir ningún lado, la luz no entra así que sólo una tenue luz morada impide que las personas se tropiecen.

Subí dos o tres niveles, no recuerdo, por los callejones-escaleras hasta que encontré la salida hacia la calle principal. Cuando vi la luz y mis ojos comenzaron a adaptarse, vi una multitud congregarse al final, cerca de la plaza. Antes de que llegara a ellos todos comenzaron a apartarse, y entonces vi de frente a un ser horrendo apretujando a un hombre hasta morir. La criatura parecía un gorila; no, un jaguar, no sé, era grande y rápida y corrió frenéticamente por toda la plaza.

Las personas no corrían despavoridas, sólo se hacían a un lado, como con la certeza de que la bestia no les haría nada. Yo miré alrededor y me percaté de que había sangre por todos lados: unas cuatro o cinco personas que mantenían una protesta encadenados a las puertas del ayuntamiento yacían destrozadas, sin manos ni cabeza, una mujer sin senos, carcomidos. Los pobres infelices no pudieron huir del animal, quien los fue devorando vivos uno a uno con la anuencia de las personas.

El mono-jaguar lanzaba quejidos horribles mientras caminaba, luego corría y tomaba a otra persona para hacerla pedazos, los demás sólo se hacían a un lado, sorprendidos; alguien susurró ‘la policía ya viene, todo está bajo control’ y seguía caminando, todos actuaban como un montón de chismosos ante un accidente de auto. Nadie huía.

Yo me dirigí hacia la seguridad de los túneles, despavorida, aun digiriendo el espectáculo que acababa de contemplar. Vi a un escuadrón de policías subir al lado contrario; pero no portaban armas, sólo escudos y macanas. No tendrían oportunidad contra aquél ser infernal. Me di cuenta de que estaba temblando, llegué a la playa, lejos de la carnicería. Traté de tranquilizarme, de convencerme a mí misma de que aquello era sólo mi imaginación. En la playa todos seguían como si nada; acostados, niños corriendo, gente en el agua. Me tumbé en la arena a ver el cielo, preguntándome sobre lo que había visto…

Entonces el mono-jaguar irrumpió en la entrada de la playa, con el hocico ensangrentado, sosteniendo la cabeza de uno de los policías…

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Sobre esta noticia

Autor:
Tótua Nia (652 noticias)
Fuente:
impunemex.com
Visitas:
75
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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