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La ruta de la manzana

15/01/2011 05:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La manzana, tal vez una de las frutas más antiguas de que se tiene memoria, manzana de la discordia en el Antiguo Testamento y motivo principal por el cual Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, se ha convertido en un símbolo en toda la región que tiene como centro principal a Ciudad Cuauhtémoc, debido a la importancia económica que representa su cultivo, que se extiende sobre miles de hectáreas y alcanza cifras sorprendentes en millones de árboles en plena producción y desde luego en miles de toneladas de fruta. La empacadora Muy pronto las cifras aparecerían convertidas en manzanas golden, que navegan sobre un canal de agua para recibir un baño final y después pasar sin hacerse daño a una rigurosa selección que las separa por color y tamaño, casi por arte de magia. La ingeniera que nos acompaña nos da todos los detalles relativos a la refrigeración, empaque, almacenaje, distribución, nos habla de miles de toneladas, nos habla de la empacadora La Norteñita, considerada entre las más modernas del mundo, que produce sus propias manzanas a partir de la siembra de árboles todavía bisoños que crecerán para vivir más de cien años y darán frutos con la ayuda de Dios y de la ciencia: composta natural, riego controlado con censores de humedad y calentadores para contrarrestar las heladas. Es un espectáculo, nos dice Verónica Pérez, nuestra guía –promotora de turismo de la región– cuando baja la temperatura, ver a las brigadas de trabajadores en medio de la noche encender los calentadores para proteger los árboles frutales que gracias a las mallas infinitas que los cubren, se han salvado del efecto del granizo. Caminar en las huertas de manzanas, ver los frutos que una semana atrás eran todavía flores, es reconfortante. Muy pronto las manos rarámuris las desprenderán del árbol, a decir de los que saben, nadie como ellos para cosechar la manzana. Con el sol ya arriba y sobre la una de la tarde enfilamos a Ciudad Guerrero para visitar la misión de Papigochi. Es casi imposible antes de retirarnos resistirse a la idea de caminar por los corredores de las huertas. Hay un imán geométrico que te atrapa, se trata en cierta medida de una entrada al terreno de lo infinito. Una vez que te encuentras en medio de una huerta de manzanas se pierde la idea del mundo real y se entra al mundo de las manzanas. Camino a Papigochi Sólo unos minutos y llegamos a Ciudad Guerrero a cumplir con una invitación que nos habían hecho Francisco Cabrera y Alma Casabantes, los dueños de el restaurante La Cava. Ya nos estaban esperando con un suculento menú que abrió con una ensalada que dio paso a un puchero en un primer tiempo, para después degustar un segundo tiempo con carnes de la región y cerrar con una tarta de manzana sin igual en todo el territorio conocido. Nos despedimos de esas bellísimas personas que no quisieron dejarnos ir sin que viéramos cómo estaban restaurando una vieja casona de su propiedad que como otras, muestra su fachada remozada desde que Ciudad Guerrero es candidata a ser reconocida como pueblo mágico. Después de visitar la misión de Papigochi partimos hacia la misión de Santo Tomás, que en sus tiempos aparecía perdida en medio de un inmenso territorio habitada únicamente por sus fundadores, los padres jesuitas Tardá, Guadalajara, Celada, Tarkay y Neuman. La misión, como todas las del mundo norteño, nos espera con la tranquilidad que le da estar ahí desde el año 1649 y haber presenciado la guerra contra los indios de la región, la evangelización, el regreso de los apaches y la bonanza de una región que diversificó su producción a partir de 1922 cuando llegan los menonitas a los campos de Cuauhtémoc y Álvaro Obregón a hacer el reparto de tierras ejidales. Un niño de 11 años nos abrió la puerta con una llave tal vez centenaria, admiramos antes que nada la suavidad con que nuestro pequeño guía nos explicaba algunos detalles del recinto y nos guió hasta una habitación a un lado del presbiterio para mostrarnos algunos óleos recargados sobre las paredes. Todo estaba en orden, pero sobre todo, su alma. En ruta hacia Cusi Verónica nos propuso visitar Cusihuiriachi y Carichí. Fuimos primero a Cusi, como le dicen aquí a este antiguo pueblo, que ahora intenta recuperar su imagen debido a que una compañía está tratando de echar a andar de nuevo el antiguo mineral. Mariano Paredes, secretario del presidente municipal, nos mostró la misión que está en plena restauración, en el coro, al que subimos con mucha dificultad por una escalera casi sin inclinación, admiramos un bello artesonado. El recinto tiene de nuevo la visita de los fieles, mineros que han regresado con sus familias. Cusi no deja de ser interesante si se tiene espíritu para buscar detalles en las casas semiderruídas imaginando que en un momento se trató de palacios construidos sobre las vetas de plata. Salida para Carichí Y de Cusi arrancamos para Carichí, muy pocos kilómetros adelante en dirección poniente se abrió ante nosotros un paisaje extraordinario de azules, verdes, ocres y naranjas. Campos de cultivo inmensos y ganado vacuno en medio de un aire transparente recortado por las nubes que imitaban la cresta de cruces procesionales. Al llegar a Carichí encontramos la misión restaurada totalmente en pleno centro del pueblo. No pudimos entrar. En nuestro alrededor escuelas con canchas de basquetbol, un gimnasio y un restaurante donde degustamos unas quesadillas de rechupete. Don David Aranda, dueño del Parador de la Montaña, se sentó con nosotros a la mesa y en señal de hospitalidad ordenó que nos sirvieran un trago de sotól, por cierto de extraordinario sabor. Después nos acompañó Santiago Martínez, presidente municipal, preocupado porque había recibido una donación de migrantes a un fondo, para el que no había podido conseguir la aportación del gobierno federal y un proyecto de balneario administrado por mujeres se había quedado esperando. De regreso a Cuauhtémoc Regresamos ya muy tarde a Cuauhtémoc para percatarnos que la tradición de dar vueltas a la plaza para tener la oportunidad de ver al novio o a la novia y pasarle un pañuelo, un recado o ante el descuido de los chaperones intentar una escapada para robarse un beso. Todo esto cambió por la costumbre de dar vueltas en camioneta o auto alrededor de dos manzanas que lucen pletóricas de jóvenes que van arriba y abajo disfrutando de un paseo campirano con aires del siglo XXI, donde el objetivo es el mismo que tiempos decimonónicos. Campos menonitas A la mañana siguiente nos levantamos temprano para visitar los campos menonitas, que por cierto están divididos en colonias. Al tomar una calle por una de ellas vimos botes lecheros frente a las puertas de los jardines de las tradicionales casas del lugar esperando la llegada del recolector que los llevará a la fábrica de quesos. Siguiendo al camión recolector llegamos a la fábrica y pudimos percatarnos que se trata ya de pequeñas empresas perfectamente organizadas, donde con las mejores condiciones de trabajo e higiene, se empacan los productos para la venta. Un grupo de niños menonitas también estaba de visita. Les pedimos que nos permitan tomarles una foto, juegan como todos los niños, sin proponérnoslo dimos con que en ese grupo había tres niños menonitas, pero de madres mexicanas, signo de apertura en esta comunidad. En ocasiones hemos escuchado una versión difundida desde hace muchos años donde se dice que los menonitas llegaron y se produjo el milagro de hacer producir las tierras, aún cuando estaban en medio del desierto. Efectivamente, se trata de una región ubicada dentro de las tierras de Aridoamérica, pero Cuauhtémoc, como otros lugares del estado: Nuevo Casas Grandes, Janos, Delicias, Camargo, Valle de Allende, etcétera, cuentan con la presencia de ríos que bajan desde la sierra para formar grandes cuencas proclives a la agricultura. En Cuauhtémoc agricultores mexicanos y menonitas han desarrollado proyectos productivos con mucho éxito. Festival gastronómico Sólo nos resta a la mañana siguiente participar en un festival gastronómico regional en el que se dan cita los habitantes de Cuauhtémoc. Aquello es una verdadera fiesta popular organizada por el municipio y Turismo del Estado. Sonia Estrada nos había advertido que se presentarían 40 platillos entre ensaladas, sopas, guisados y postres, y así fue, en un abrir y cerrar de ojos se instalaron las mesas de exhibición ante el asombro de Verónica Pérez, coordinadora de la muestra, que no daba crédito ante la llegada de los entusiastas participantes. Reunión de tres culturas, la cuauhtemense, la rarámuri y la menonita, el festival fue todo un éxito. La alegría de quienes degustaron los platillos era una señal de que la conservación de las tradiciones y de nuestro patrimonio no está reñido con el disfrute. Después de esto Cuauhtémoc quedaría atrás, como imagen que se pierde al correr sobre la cinta asfáltica, nos llevamos ya casi elaborados los textos, los archivos digitales y la memoria de un trato fraterno de los chihuahuenses que se distinguen por ser extraordinarios anfitriones. A nuestro arribo Sonia Estrada nos habló de la ruta de la manzana como concepto turístico, al principio no dimos crédito a la idea, pero ahora que ya hicimos el recorrido comentamos Ignacio y yo que vale la pena entrar al paraíso para conocer desde ahí la ruta de la manzana.


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web-mix.ws
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