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Las cuatro letras del debate

11/06/2012 02:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Alejandro Almazán* Guadalajara a) Cuando acabe esta historia se sabrá que Josefina Vázquez Mota ha venido a dejar su resto y que, por lógica, ya sólo han quedado dos caminos: Andrés Manuel López Obrador o Enrique Peña Nieto, a pesar de que en los próximos ciento treinta y cinco minutos ambos eviten ese zurdazo que les arranque la vaselina de la ceja, y a pesar de que derrochen el tiempo como si quisieran imponer un récord de aburrimiento. Otra cosa que se confirmará será que Gabriel Quadri sólo le ha prestado sus ocurrencias a la política y que, sin embargo, podría darle buenas cuentas a su jefa Elba Esther Gordillo. Y, por supuesto, se sabrá que el presidente Felipe Calderón a algo raro está jugando cuando, a las siete cincuenta de la noche, diez minutos antes de que empiece el segundo y último debate presidencial, se le ocurra escribir un twitter sobre un tema en el que Josefina intente arrinconar a Andrés Manuel. Pero todo eso sucederá por ahí de las diez quince de la noche. Ahorita, apenas son pasadas las seis de la tarde y la calle Rincón de las Praderas está resguardada por tipos que son incapaces de esbozar una sonrisa. Por aquí, la parte trasera de la Expo Guadalajara, llegarán los candidatos directamente a su camerino. Ahí, salvo un rejego Andrés Manuel, los candidatos serán maquillados con rapidez y exactitud, como si no hubiera otra manera de hacerlo. El primero en aparecer es Peña Nieto. Viene trepado en una Suburban gris a prueba de balas, pero no a prueba de marchas en su contra. A estas horas, en la Ciudad de México, en Monterrey, en Querétaro, en Cancún, en Chihuahua… y aquí en Guadalajara, muchos jóvenes han salido a las calles como si reprocharle a Peña Nieto fuera un deber. A nadie se le había ocurrido actuar como lo hicieron los estudiantes de la Ibero el 11 de mayo pasado: rechazar a un candidato y gritarle: ¡Fuera! En realidad eso fue lo único que hicieron. Pero la reacción del PRI fue primero golpear y después pensar. Entonces todos los universitarios apuntaron hacia Peña Nieto y siguieron a los de la Ibero. Pero ya me desvié. Yo vine aquí a contarles que la política sólo ocurre si pasa por televisión y este debate, dicen, será el más visto. Así que acá está Peña Nieto subido en una Suburban. A diferencia del primer debate, cuando llegó al World Trade Center con esos aires de invencible, hoy trae una cara de piedra. Quizá piense que desde hace un mes ha dejado de ser esa máquina capaz de atraer votos y simpatías. Quizá cavile que las protestas estudiantiles en algo han mermado que algunos medios ya no puedan protegerlo de los agraviantes que no compaginan con su presunta fama. O quizá trae en la cabeza que sus adversarios lo agarrarán como un buzón donde depositarán todas sus cartas. Lo único cierto es que son las seis de la tarde con veinticuatro minutos y que ese ligero tic en el ojo izquierdo lo trae jodido. Quadri es el segundo en aparecer, tres minutos después de Peña Nieto. Viene protegido por dos camionetas del Estado Mayor Presidencial, una patrulla de federales y una ambulancia, como si el tipo fuese arriba en las encuestas. Por su naturaleza de ser frívolo, algunos reporteros piensan que Quadri bajará la ventanilla de la Lincoln y se tomará la foto. Pero esta vez adoptará su implacable y despótica personalidad, y pasará de frente como una bala. Será hasta una hora después cuando Josefina y Andrés Manuel lleguen, tan sólo por un minuto de diferencia. Ella sí bajará la ventanilla entintada y blindada, y lanzará esa sonrisa tan suya, como si constantemente sacara un número en la tómbola de un concurso. Incluso hoy, cuando es su ahora o nunca, Josefina tratará de ser simpática para que nadie se dé cuenta de que, a estas alturas de las elecciones, no ha podido alcanzar siquiera esa estrella turbia de los políticos con fama. Andrés Manuel apenas saludará con una paciencia franciscana, agradecerá con parsimonia, como para mostrar que está acostumbrado a los triunfos, pero no se detendrá. En su camerino seguirá tomando miel para ese malestar en la garganta y, al igual que Peña Nieto, creerá que en las siguientes dos horas tendrá que dar puros golpes curvos: gancho a las costillas, uppercut al pecho, gancho al hígado, uppercut al bajo vientre y derechazos mortíferos en la mandíbula. b) La suerte ha querido que sea Quadri quien empiece el debate. Le ha tocado la letra A. El tipo no tiene nada qué perder, pero sí mucho por ganar. En su mensaje inicial, manotea como si no tuviera otra forma de controlar las manos, dice que Nueva Alianza fue el único partido que lo ha aceptado en su establo y se ufana de que él viene de la estirpe ciudadana, aunque haya cabildeado con Elba Esther para que su hijo, Luciano Quadri, sea hoy candidato a diputado por la vía plurinominal. Ah, y eso sí: se vacuna contra cualquier vínculo a Gordillo cuando dice que posiblemente a él lo atacarán. En la sala de prensa habrá risas. Después viene la letra B: Peña Nieto. Desde este momento trae esa mirada inventiva de quien busca cómo acabar con esta situación. Seguro extraña a Luis Videgaray y a Miguel Osorio Chong, los amigos que suelen enfriarlo. En su presentación, dirá que quiere ser presidente para volverle la paz a México y que espera darle otra vez rumbo al país. En Twitter habrá quienes se pregunten cómo, si nunca ha habido. Peña Nieto trae una voz monótona, desprovista de matices, sin temperamento. Andrés Manuel es la letra C. Carga un bronceado trabajado por tantos años de giras. No haber asistido al ensayo lo llevará toda la noche a mirar a Javier Solórzano, el moderador, en vez de resbalar los ojos por la cámara. Tiene muy bien asumida su misión, sabe a dónde quiere llegar, aunque algunos observen en él tintes mesiánicos. Y, quizá por eso, empieza su discurso diciendo que no habrá que tener miedo al cambio, que éste será tranquilo, sin conflicto, sin venganza. Lo mismo que dice en un spot que en estos días saldrá en televisión. A Josefina le ha tocado la letra D. En sus dos minutos y medio parece traer tantos deseos de envilecer a Peña Nieto y a Andrés Manuel que habla con un gusto especial sobre cómo ambos representan lo mismo. En sus ojos puede leerse que carga información como quien acarrea a un tigre. No tiene de otra: hoy debe mostrar que aún existe. Aquí están pues: personajes todos que las ideologías los separan y cuyos papeles históricos son incomparables. c) Quadri volverá a llevarse la noche, aunque haya momentos tan ajeno al debate que resultará imposible ponerle atención. Y se la llevará por una simple estrategia: les preguntará a los candidatos qué piensan sobre el aborto, sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo, sobre la legalización de la mariguana y sobre un tratado de libre comercio con China. Sólo Josefina morderá el anzuelo y Quadri pasará de candidato a moderador. Un reportero me dirá que Quadri es algo así como made in China, pero al final también reconocerá que terminó siendo uno de esos púgiles mediocres que han sabido estirar sus golpes y sus ganancias. Pero pasemos a algo más importante. Josefina, quien ha pedido a la gente de producción que le pongan una especie de banquito para disfrazar su 1.65 de estatura, pide que el televidente imagine que en ese set, que ha costado cuatro millones de pesos y que está bajo una temperatura de 21 grados centígrados para evitar que los candidatos suden, hay cuatro mujeres. Una, dice, le encanta estar bien peinada y salir en la tele. Otra, es inteligente, pero siempre debe pedirle permiso a su mamá. La siguiente es de esas que juegan dominó, pero si pierden habla de un complot. Es obvio que Josefina quiere dar uno de esos rectos de derecha que explotan de lleno en esa parte del rostro que los managers llaman el botón de luz y que no es otra cosa que la barbilla. Para su mala suerte, ni Peña Nieto ni Andrés Manuel se desvanecerán con ese golpe. Y menos cuando mienta que Andrés Manuel, en 1971, ingresó al PRI. “En ese año yo estaba en la preparatoria”, le contestará con pericia López Obrador, “Me veo viejo, pero no lo estoy; lo que pasa es que estoy aflojado en terracería”. A Josefina también se le regresará el boomerang cuando, al fin, alguien se atreva a decirle a Quadri una gran verdad: que cada voto por él es, en realidad, un voto por Elba Esther y su familia. Quadri, astuto como el Diablo, enseñará un foto de Josefina con Gordillo y recomendará a los televidentes que busquen en Youtube un video titulado “Querida Amiga”, donde “de una manera zalamera” Josefina habla de la maestra. Lo mismo le ocurrirá con Peña Nieto, cuando recuerde que en la tesis de éste hay una dedicatoria a ese negro personaje llamado Arturo Montiel. “Fue un gesto de agradecimiento”, le contestará Peña Nieto y Josefina guardará silencio. Y el silencio, en estas situaciones, equivale a la desgracia. La señora Letra D —le tocó esa letra para abrir y cerrar el debate—, poco a poco asemejará a ese boxeador que deja de trabajar al adversario y que al final busca un nocaut de angustia. Entonces llegamos al señor C, a Andrés Manuel —sacó la A para el cierre—. Los minutos pasan y Peña Nieto no lo toca. Él, parafraseándolo, tampoco lo tocará con el pétalo de una rosa. Si el priista no ataca, él no tiene por qué hacerlo. Los dos se asumen como punteros y los punteros no se complican las cosas. Son como esos futbolistas fríos, inconmovibles. Y si Peña Nieto no lo ataca, por qué debería entrar al juego de Quadri y Josefina a quienes no les cuadran las cifras que da López Obrador. “Vamos a ahorrar trescientos mil millones de pesos en sueldos”. La polémica de esta cifra no será en el set televisivo, sino en Twitter. “¿Ya viste lo que twiteó Calderón?”, me dijo un colega justo cuando Quadri pedía que Andrés Manuel le explicara la aritmética del ahorro y yo pensaba que Quadri también debería explicar la aritmética del SNTE. Entonces leí el twitter de Calderón: Si el gobierno despidiera a todos los altos funcionarios, de director a Presidente, ahorraría 2 000 mdp, no 300 000 mdp. ½ sueldo: 1 000 m. Lo que no leí fue lo que aparecía abajo del mensaje: 7:50 pm - 10 jun 12 vía Twitter for BlackBerry® Para entonces, sin embargo, se decía que Calderón había entrado, en pleno debate, a corregir a Andrés Manuel. Lo único de lo que no había duda, es que el presidente, a través de alguien del equipo de Josefina, sabía que la panista hablaría de ese tema y que, para protegerse de violar alguna ley, inteligentemente escribió el twitter diez minutos antes del debate. ¿Y Peña Nieto? Él ahí sigue, en el debate, aunque no lo parezca. Está ahí, como esperando que lo ataquen, a que Andrés Manuel diga que ha gastado un dineral en su campaña como si no hubiera consecuencias. Esperando a recibir la cuenta de protección sin el mínimo deseo de volver a la pelea. Esperando a borrar con sus palabras todos esos años del priato. Esperando a contestarle a Andrés Manuel que a René Bejarano y sus billetes atados con una liga no ha podido acomodarlo o esconderlo en ocho años. Esperando ese momento de que sus adversarios le recuerden que hace un mes parecía bastante contento con su suerte, pero hoy los estudiantes le cambiaron su destino. Esperando, pues, salir de este embrollo y declararse ganador, aunque nadie crea que las cejas abiertas signifiquen el triunfo. Él a diferencia de Andrés Manuel, no sabrá qué decir en sus treinta minutos y medio. Sonará incoherente. Copiará propuestas y, sin embargo, se irá con esa cara del tipo que se ha salido con suya. d) Letra A: Andrés Manuel. Ha tenido un modo especial de ignorar las críticas y en su voz se ha notado una disimulada nota de orgullo. Nadie le ha preguntado del famoso pase de charola, donde se ha dicho de todo porque, en realidad, no se sabe nada. Letra B: Quadri. Se ha creído el símbolo de la dignidad nacional. Se ha prestado como puente hacia Andrés Manuel y eso significa que, quizá, él, Josefina y Peña Nieto sean los unos para los otros. Ha tenidos sencillos modos de capataz. Letra C: Peña Nieto. Ha fruncido el ceño; de ahí en fuera, no ha movido un solo músculo de su rostro. Ha demostrado que, aun cuando no sabe qué decir, siempre consigue sus objetivos. Letra D: Josefina. A diferencia del box, donde el castigo y los buenos reflejos pueden bastarle al peleador, en un debate hay que tener la capacidad de mostrar confianza. Y a ella le ha costado trabajo inspirarla. Todo parece indicar que, esta motivadora personal, acabará encajando esta historia como un fracaso personal. * Alejandro Almazán ha ganado tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de crónica. Es autor de La victoria que no fue; Gumaro de Dios, El Caníbal; Placa 36; Palestina, Historias que Dios no hubiera escrito y, Entre perros. Próximamente publicará una novela basada en la vida de “El Chapo” Guzmán. NOTA: Las crónicas presentadas en esta sección corresponden a la visión de los cronistas. Como toda crónica, constituyen una descripción periodística en la que tienen lugar apreciaciones personales. Notimex ofrece aquí los trabajos de cronistas invitados de reconocida trayectoria, en igualdad de condiciones frente a los distintos candidatos y ofertas políticas en campaña, reconociendo la importancia de que los medios de servicio público, que tienen como parte de su función social garantizar el acceso a la información plural y propiciar el ejercicio de la libertad de expresión, deben explorar mecanismos para dar cabida a los diversos géneros periodísticos y así enriquecer su oferta informativa.


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