Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Guadalupe Lizárraga escriba una noticia?

Legalizar el narcotráfico

02/08/2009 05:34 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

En México, la denuncia y la repetición de nombres presuntamente involucrados, así como el presupuesto millonario para seguridad no han ayudado a comprender el significado y la dimensión geopolítica que el problema del tráfico de estupefacientes alcanza en el continente americano

Con la caída de la imagen del ex-presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, el tópico recurrente por parte de periodistas y políticos nacionales e internacionales con respecto a este país es el narcotráfico. Sin embargo, la denuncia y la repetición de nombres presuntamente involucrados, el presupuesto millonario para seguridad nacional, entre otras débiles medidas de combate, poco ayudan a comprender el significado y la dimensión geopolítica que el problema del tráfico de estupefacientes alcanza a lo largo y ancho del continente americano.

Desde de 1996, la detención de "uno de los más temibles capos", Juan García Abrego, y la presión política contra Ernesto Samper, quien fuera presidente de Colombia, ha persistido en el ambiente político continental cierto aroma de justicia y de ejemplo para gobernantes malosos que actúen en contra de los intereses de su nación. En aquel mismo año, la senadora demócrata de Estados Unidos, Dianne Feinstein, se refirió a México como una narcodemocracia, y secundándola, el escritor Carlos Fuentes, como un narcoestado. Si nos ponemos más rigurosos, estaríamos hablando de una narcoautocracia.

Una narcoautocracia, indudablemente, crea el terreno más propicio para la gestación y proliferación de problemas como el narcotráfico, la portación ilegal de armas, la corrupción y la impunidad en sus diversos ámbitos de autoridad. Ello no supone que en los estados democráticos consolidados estén ausentes estos problemas, sino que existen más restricciones, interferencias y controles políticos que en los estados no democráticos. Pues, el éxito del narcotráfico es, precisamente, que las restricciones del mercado, institucionalizadas de manera macro-regionalizada, producen utilidades superiores a lo que serían si el intercambio no fuese ilegal. Es decir el intercambio comercial ilícito a través de las fronteras nacionales, independientemente de cuáles son los países proveedores y cuáles son los consumidores, no sólo es una cuestión de oferta y demanda, como mucho se ha insistido. Es, primero, un asunto de legislación establecida en cada estado.

Un narco eje continental

Para nadie es un secreto que el libre comercio se ha constituido en una pieza clave dentro de la visión estratégica de la elite estadounidense, para consolidar y reproducir en el largo plazo su hegemonía en América Latina.

El primer punto en esta cuestión es que no podría existir el tráfico de estupefacientes sin la colaboración –sea por acción u omisión- de la menos una parte del stablishment estadounidense. Bastante se ha escrito sobre las cifras considerables y la variedad de drogas que ingresan a Estados Unidos vía México, incluso de las cifras monetarias que oxigenan y vuelven dinámico y atractivo este mercado negro, con importantes sedes en Latinoamérica. Aún en Hollywood han trascendido las películas con este tema, en las cuales dibujan, más que una CIA incompetente y burlada por las grandes mafias, una CIA cómplice y en competencia con el FBI o la DEA, en materia ilegal.

Pero bien, podríamos pensar con esa misma lógica, las elites gobernantes de los países de Latinoamérica. Cúpulas de poder coordinadas, no sólo en las tareas de política exterior, sino también, y como vemos, con gran éxito, en acciones internacionales ilícitas. De hecho, cuando se afirma que el negocio de las drogas es un asunto que trasciende fronteras nacionales, se asume, aunque no se diga, que las elites que conducen el combate al narcotráfico tienen que actuar coordinadamente de manera trasnacional. Simplemente, sin esta condición no podía existir un negocio tan beneficioso como el que estamos considerando. Si el lector no considera correcto lo anterior, está obligado a sostener una hipótesis maniquea de que en este tema atestiguamos una guerra sin cuartel de los buenos contra los malos.

La coordinación entre los segmentos de las elites gubernamentales implica, a su vez, que hay una diferenciación entre los narcotraficantes “admitidos” y los combatidos. Por tanto, el combate al narcotráfico, encabezado por el presidente mexicano Felipe Calderón, necesariamente tiene que ser selectivo con ciertos cárteles latinoamericanos, a menos que supongamos que la parte involucrada del stablishment mexicano no participa en la definición de la política de combate a la droga en América Latina, carece de representatividad en las estructuras de decisión política en este rubro. Lo cual resulta inverosímil, pues las utilidades derivadas de estas actividades serían sustancialmente inferiores si se permitiese la proliferación de narcoagentes económicos surgidos por las “fuerzas del mercado”. Este sería el comportamiento racional por parte de todos los miembros de los grupos que operan en este contexto. Basta recordar que Calderón redujo en todos los rubros el presupuesto federal, no así para seguridad, fue el único rubro en que no sólo no se redujo, sino se fortalece.

No hay nada que resuelva el problema de fondo sino es la legalización del tráfico de droga. Y para ello tendrían que participar cada uno de los estados nacionales del eje

Un segundo punto, derivado de lo anterior, es que la selectividad de esta guerra se vuelve manifiesta al seguir evadiendo la legalización mundial del narcotráfico. Estados Unidos, por ejemplo, se ha caracterizado por mundializar campañas millonarias respecto a otros temas, como ha sido el comunismo, los derechos humanos, la tolerancia racial, la instauración plena del capitalismo, entre otras. Campañas que han justificado su injerencia en las políticas de otros estados. Llama la atención que en el rubro del narcotráfico su política, principalmente desde la administración Bush, se limite a la captura de capos de ciertos cárteles, y no a una campaña seria para abrir el debate sobre la legalización y resolver el problema de raíz.

Por otra parte, la política de promoción del libre comercio en el continente podría verse como el puntal para crear las condiciones óptimas en la política de combate selectivo contra el narcotráfico. En este contexto, América Latina constituiría, entre otras cosas, un eje narcopolítico entre zonas estratégicas del stablishment estadounidense y los stablishment periféricos. De esta manera, los estrechos vínculos económicos y políticos entre Estados Unidos y América Latina parecerían estar establecidos sobre la base de un pacto, no escrito, acerca de las características de la forma de coordinación entre los diversos gobiernos para combatir el narcotráfico.

Y por último, desde el punto de vista de los impactos en la vida política de los estados latinoamericanos –y México es un caso paradigmático- la estrategia de las elites está creando graves problemas de gobernabilidad. Más todavía, hay que observar que la naturaleza democrática de los estados periféricos se ve cuestionada por lo señalado anteriormente. Es claro que el proceso político de estos estados no puede ser todo lo abierto a la competencia política que requiere el concepto moderno de la democracia. Pero, las condiciones señaladas implican que lo que se han establecido en América Latina serían narcooligarquías con los mecanismos necesarios para excluir a todos los outsiders que consideren peligrosos para su empresa. Así la visión estratégica estadounidense, implicaría, casi inevitablemente, la creación y consolidación de oligopolios partidistas, con múltiples barreras de entrada para los nuevos sujetos políticos.

Legalizar el narcotráfico

En esta situación no hay nada que resuelva el problema de fondo sino es la legalización del tráfico de droga. Pues debemos reconocer que si persisten serios obstáculos intelectuales para comprender la lógica del libre intercambio comercial, la legalización del narcotráfico se enfrentará con barreras no sólo de índole intelectual, moral e ideológico-político, sino sobre todo con las interferencias de los grupos organizados trasnacionalmente.

Una reforma jurídica en cada uno de los estados nacionales para despenalizar la producción y distribución de estupefacientes, con un consumo regulado, impactaría considerablemente las utilidades hoy generadas por la prohibición de su comercio internacional. Y quienes resultarían en primera instancia afectados económicamente con tal reforma serían los grupos narcopolíticos nacionales e internacionales que de alguna forma participan en las estructuras de decisión contra el narcotráfico, política que en todo estado nacional se lleva a cabo con recursos públicos.

Además, esta decisión estratégica, la legalización, significaría que la “tercera ola” de democratización de la que habla Huntington tendría más naturaleza democrática, que el carácter oligárquico de los narcoejes continentales actuales. Seguir en la lógica del disimulo analítico sobre los problemas claves para el bienestar público mundial, nos convierte en cómplices, sea por omisión o por interés, de los beneficiarios reales de narcotráfico.


Sobre esta noticia

Autor:
Guadalupe Lizárraga (28 noticias)
Visitas:
2790
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

×
¿Desea borrar este comentario?
Borrar
0
+ -
Responder

Usuario anónimo (24/11/2009)

UNA IDIOTEZ