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Listo Villoro para que la Tierra dé su lección y él haga la tarea

19/10/2010 02:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Marcado por los sismos que le ha tocado sobrevivir, entre ellos los de México 1985 y Chile 2010, dos de los más fuertes de los últimos años en el continente, Juan Villoro salió del "shock" que le provocó el chileno para escribir una estrujante crónica que reúne las voces de quienes, como él, entendieron de golpe que un sismo "siempre te remite a tu pequeñez". "Mi primera reacción fue de pasmo y de resignación. Eran las tres y media de la mañana, la sacudida me despertó y creí que estaba en mi casa. Quise ir al cuarto de mi hija pero el movimiento me derribó al piso. Fue ahí donde desperté de verdad. Al saber que mi familia estaba lejos, me entró una extraña calma", recordó el autor de "8.8: El miedo en el espejo". En entrevista desde Barcelona, España, donde da clases en la Universidad Pompeu Fabra, el periodista y escritor recapituló algunos de sus primeros pensamientos ante la sacudida y recuerda que al oír que todo crujía supuso que su destino era el del edificio. El miedo, dijo, lo comenzó a sentir cuando bajó a la calle y vio a amigos y conocidos descalzos, entre vidrios rotos, con cara de desorientación. Lo siguiente fue estar entre réplicas y sobresaltos hasta que supieron del cierre del aeropuerto y que estaban varados en zona de desastre. Desde luego, explicó, no tomó apuntes como tal ni vio la situación como un asunto literario, aunque contar historias resultaba una terapia. "Al volver a México, la tensión contenida en Santiago afloró de otro modo. No podía dormir, sentía que suelo se movía, las manos me temblaban, sólo podía pensar en el temblor". A la luz de los días que han pasado desde aquel 27 de febrero, Villoro sentenció: después del terremoto chileno "estoy listo para que la Tierra dé su clase y yo haga la tarea". Y es que para el autor de "Llamadas de Ámsterdam", la experiencia fue reveladora en muchos sentidos, por ejemplo, que ante la tierra "todos somos discípulos y uno se limita a tomar apuntes", o que no hay nada más excepcional que el suelo que pisamos. Por eso, dijo, le encantó el regalo con el que el minero chileno Mario Sepúlveda recompensó a sus rescatistas: "llegó con piedras para todos. No hay nada más valioso". Inquirido sobre cuándo y en qué circunstancias decidió volcar su experiencia en la crónica publicada por Almadía, el ganador del Premio de Periodismo Rey de España reconoció que hay veces que uno escribe desde la perplejidad y la ignorancia. En este caso, señaló, el texto resultó como un exorcismo, en el que las voces que había escuchado a lo largo de aquellos días salieron como las frases en la caja negra de un avión. Recordó que en algunos pasajes habla desde la ignorancia del que no sabe si va a vivir o no, "en otros, como un coleccionista de sismos (ser mexicano te convierte en eso) y un lector que ha tenido curiosidad por buscar esos temas. El secreto de una crónica, dijo contundente, no depende de saber muchas cosas, sino de usar datos que no se habían combinado antes y te permiten entender la realidad de otro modo. "8.8", expuso, es un libro coral en el que quiso registrar la experiencia a partir de testimonios colectivos, como la tripulación de un barco que habla de la tempestad. “La gente de un hotel está de paso, pero nosotros estuvimos a punto de quedarnos ahí, con el hotel encima. Esto desató toda clase de historias sobre el azar, el destino, la proximidad de la muerte, las premoniciones, etcétera", añadió. Una vez que se puso a escribir, señaló, el reto fue articular estas voces y crear un eje que fuera su propia historia, tratando de narrar desde los sentimientos, no tanto desde la reflexión, por eso en el material hay pocos adornos y giros estilísticos, que lo apartan un poco de la tendencia a adjetivar que se observa en otros trabajos. Y es que la realidad era un horizonte sin metáforas, de objetos que se rompen o resisten, y eso le parecía más conmovedor que cualquier otra cosa. Hacia el final da un giro y habla de "El terremoto en Chile", relato de Henrich von Kleist, en el que se refiere a todas las cosas por las que pasaron Villoro y su grupo: la culpa de sobrevivir, la selectividad del destino, la imposibilidad de detectar el azar y la necesidad de entender las claves de la naturaleza. "8.8: El miedo en el espejo" es así una crónica desde las entrañas de la angustia, de esos largos siete minutos de devastación que dejaron algo más que vidrios rotos o plafones derrumbados; un quiebre a la normalidad de la gente, de la que murió, pero también de la que, como Villoro, ahora vive para contarlo. Es también una mirada al espejo de los desastres, en el que Villoro y muchos otros podrán reconocerse como sobrevivientes para seguir adelante, conscientes de sus miedos convertidos en una certeza: la vulnerabilidad del ser humano ante los caprichos de la naturaleza. Calificado como un periodista de amplios recursos capaz de analizar escenarios complejos, Villoro es hoy por hoy un escritor maduro que lleva muchos años escribiendo y que considera que lo mejor que le ha pasado es que la curiosidad ha crecido con los años “y para eso me ha ayudado mucho el periodismo". "Para mí, la muerte es la pérdida de la curiosidad. La gente que estuvo conmigo en el terremoto no sabía que yo escribiría una crónica. Yo tampoco lo sabía. Pero ahora que salió el libro muchos de los que ahí estuvieron me dicen: "ahora entendemos tu curiosidad". Como ser curioso no es en sí mismo un oficio, me justifico escribiendo”, concluyó.


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