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'Los Yankees', los apodan...

08/11/2011 00:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageHace más de siglo y medio, allá por la mitad del siglo XIX, existía en América una región libre de hambre, de mendigos, de pobreza. Así lo cuentan muchos historiadores a través de sus crónicas. Relatan, casi como un lugar fuera de la Tierra, un oasis de bienestar en un continente, por entero, convulsionado. Ese lugar era Paraguay.

En 1845, el agente norteamericano Hopkins reportó a su gobierno: ‘aquí no hay niño que no sepa leer, que no sepa escribir’. Por aquellos años, el país se movía con una moneda sólida y no conocía la deuda externa. La razón era simple, a diferencia de los países vecinos, los gobiernos paraguayos, encabezados por Carlos Antonio López y luego su hijo Francisco Solano, depositaron en el Estado todos los resortes de la economía. Dependían sólo de ellos. El virus del capital extranjero, también inexistente, no había infectado a su país.

La industria se desarrollaba con fábricas de materiales de construcción, de tejidos, lienzos, ponchos, papel, tinta y pólvora. Y hay que hacer una anotación, Paraguay vivía con la placentera ausencia de una oligarquía, eliminada desde tiempos del dictador Gaspar Rodríguez de Francia. Ya para 1864, el Estado paraguayo llevaba a cabo un beneficioso proteccionismo sobre su industria y su mercado interno. Es más, sus ríos ni siquiera admitían las naves británicas que se paseaban a sus anchas por el resto del continente.

¿Se lo pueden imaginar? En ese mismo 1864 en el que la oligarquía mexicana traicionaba a su patria importando un emperador desde Austria, los hermanos paraguayos construían el gobierno más progresista y saludable de América Latina sin inversiones extranjeras, sin dependencia de las bancas extranjeras y sin la supervisión del comercio libre.

Pero todo lo anterior, definido como pecado por las ambiciones imperialistas, se pagó caro.

Gran Bretaña estaba en medio de una severa crisis económica, producto de la Guerra de Secesión con Estados Unidos. Se le terminó entonces la remisión de algodón de su antigua colonia, por lo que debían voltear al segundo productor mundial de algodón: Paraguay. De paso, también les urgía agregar a ese país en la lista de deudores de su banca. Vaya, el imperialismo en marcha.

A finales de 1864 estalló la guerra civil en Uruguay, por lo que el presidente paraguayo, Francisco Solano López, decidió intervenir en favor del gobierno legal uruguayo. Él pensaba que el derrocamiento del presidente uruguayo Atanasio Cruz acabaría con la estabilidad de la región. Paraguay tenía en ese entonces el mayor ejército de Sudamérica, aunque también el peor armado. Brasil, en cambio, decidió apoyar la rebelión uruguaya de Venancio Flores. Paraguay respondió apoderándose de un buque mercante brasileño y del gobernador de la provincia brasileña Mato Grosso, lo que dio origen a la guerra. El gobierno argentino, también simpatizante de los rebeldes uruguayos, negó su apoyo a Paraguay, que en respuesta decidió invadir Misiones. En ese momento su suerte estaba echada. En mayo de 1965, las potencias Brasil y Argentina, junto con su títere uruguayo, para entonces ya Venancio Flores, firmaron el Tratado de la Triple Alianza. Todos contra Paraguay. El evento fue supervisado, como no podía ser de otra manera, por Edward Thornton, ministro inglés en Buenos Aires.

La guerra duró 5 años y se trató, en rigor, del exterminio de Paraguay. Murió el 70% de su población y se calcula que el 90% de su población masculina adulta. La edición de la Enciclopedia Británica de 1911 estimaba que la población paraguaya se redujo de 1.337, 439 habitantes a 221, 079. Apenas un 17% de supervivencia. Por supuesto, junto con la población, también desaparecieron las tarifas aduaneras, los ríos clausurados a embarcaciones extranjeras y la independencia económica. Gran parte de su territorio se repartió entre argentinos y brasileños, 169, 174 kilómetros cuadrados, casi el equivalente al estado de Sonora. Finalmente, en Paraguay cayó el primer empréstito extranjero de su historia. Era británico, por más de un millón de libras, de las cuales si acaso 200 mil llegaron al país.

Tras el crimen, los tres vencedores quedaron en bacarrota, lo que agudizó su dependencia de Inglaterra. La deuda de Brasil, por ejemplo, creció hasta 56 millones. Libras esterlinas, claro.

El 12 de noviembre de 1878, como una mínima recompensa a todo lo perdido, la región del Chaco fue devuelta a Paraguay. La decisión la tomó Rutherford B. Hayes, 19º presidente de Estados Unidos, elegido por los argentinos como árbitro para resolver el conflicto correspondiente a los límites de dicho territorio. Como es de suponer, los argentinos no esperaban tal decisión.

‘Con ésta, se da ahora a conocer que yo Rutherford B. Hayes, Presidente de los Estados Unidos de América, después de haber tomado en debida consideración las dichas exposiciones y documentos fehacientes, juzgo: que la dicha República del Paraguay tiene los títulos perfectos y legales a la posesión del dicho territorio discutido entre el Pilcomayo y río Verde y de Villa Occidental situada entre ellos, y de consiguiente concedo a la dicha República del Paraguay el territorio en la orilla occidental del río del mismo nombre, entre el río Verde y el Brazo principal del Pilcomayo, incluyendo Villa Occidental’.

Hoy, 8 de noviembre de 2011, es el aniversario 104 del Club Presidente Hayes de Asunción, parte de la Segunda División paraguaya. Los Yankees, los apodan. Ganó su único título de Primera en 1952, y fue nombrado así en honor a aquel hombre que regresó una mínima dignidad al entonces golpeado pueblo paraguayo.


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elbuenfutbol.com
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