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Mantienen vigente en San Angel la tradición del Altar de Dolores

30/03/2012 10:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La instalación del Altar de Dolores terminó esta tarde para que de inmediato y hasta el 15 de abril, los habitantes de la Ciudad de México y los visitantes del resto del país y del extranjero, lo conozcan y lo disfruten. Doña Carmen Mendoza, miembro honorario del Patronato de San Angel, fue quien supervisó personalmente la instalación, y quien desde hace varios años ha sido la estratega que mantiene viva esa tradición que data de alrededor del año 1200. Durante la presentación esta tarde, los asistentes fueron obsequiados con un folleto, que también está al alcance del público en esta temporada, en el que se destaca que fiel a esa costumbre, el recinto museográfico ya alista su Semana Santa. Durante mucho tiempo, fue común en las casas de la añeja Colonia San Angel montar el Altar de Dolores en celebración a la Virgen de los Dolores, tradición que el museo que lleva el nombre del ex convento dedicado a esa virgen, ha retomado. El altar evoca los siete dolores, explicó Doña Carmen, quien también este año se ocupó personalmente de supervisar que los elementos que conforman el altar estuvieran bien en tiempo y forma, para montarlo, como imágenes, luces, esferas y flores. La Semana Santa es una ancestral festividad católica con la que se representa, tanto la Pasión de Cristo y el dolor de la Virgen María, como la culminación de alegría de la resurrección, fiesta que retoma los rituales paganos del fin del invierno. Durante la apertura al público del colorido Altar de Dolores, en el primer piso del museo, se informó que por segundo año consecutivo San Angel abre sus puertas a los visitantes para ofrecer exposiciones, conciertos, talleres y otras actividades. Lo anterior, con la finalidad de preservar y difundir las tradiciones como ésta. Desde el Virreinato y a la usanza española, en San Angel ha sido común la glorificación de los “Dolores de la Virgen”, como preludio a la Semana Santa, que ya inicia. La instalación de exuberantes altares domésticos y de santas procesiones que iniciaban la clausura y el recogimiento espiritual de las actividades mundanas, es el antecedente de lo que hoy vive en San Angel, pero con un cierto aire de modernidad”. Compartir el dolor de María, así como merecer la redención de los pecados, generó arte, artesanías y decoraciones, efímeras y esplendorosas, que finalmente fue, para los mexicanos, la forma de acompañar y distraer a la Virgen en su dolor. El Altar de Dolores es una de las tradiciones más arraigadas de México, fue introducida hace casi 500 años en el continente americano por la orden franciscana, para fomentar la devoción a la Virgen María como parte de la evangelización de los indígenas. Diversos museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuyas sedes fueron conventos durante el periodo virreinal, presentan al público sus altares, a partir de este viernes 30 y las primeras semanas de abril. La devoción mariana se da a través de diferentes advocaciones, entre ellas Nuestra Señora de la Soledad, la Virgen de la Piedad, Nuestra Señora de las Angustias, la Virgen de la Esperanza, María de la Caridad y la Virgen de los Dolores o La Dolorosa, entre otras. El origen de esta costumbre católica se remonta al siglo XIII, cuando en Florencia, Italia, se fundó la Orden de los Frailes Siervos de María o Hermanos Servitas, cuyo objetivo y espíritu era fomentar, difundir y conservar la devoción a la Virgen y enaltecer los momentos más importantes de su vida, entre ellos el sufrimiento por la pérdida de su hijo Jesús. Fue el Papa Benedicto XIII quien estableció de manera oficial la recordación en 1727, bajo el nombre de Señora de los Siete Dolores, y se conmemora el Viernes de Cuaresma, que antecede a la Semana Santa. La tradición se originó en México en 1519, cuando el fraile Bartolomé de Olmedo erigió en San Juan de Ulúa, Veracruz, el primer altar del continente americano. Posteriormente comenzaron a levantarse altares en conventos, iglesias y capillas. Después la gente hizo lo propio en comercios y lugares públicos y, más adelante, en sus hogares. Poco a poco los altares se enriquecieron con elementos regionales y destacaron los que se ponían en lugares clave, como el de la Catedral Metropolitana de México. No menos importante es la quema de los “Judas”, tradición que probablemente procede de la antigua práctica del Santo Oficio en España. Las figuras de cartón, a las que se acostumbra poner un nombre y vestimenta alusiva a ciertos personajes, son quemadas el Sábado de Gloria. Con el objetivo de rescatar esta tradición, el Museo de El Carmen realizará los domingos 1, 8 y 15 de abril el taller Dale vida a tu “Judas”!, en el Patio del Acueducto. Por su parte, el Altar de Dolores, que se coloca en el Museo Nacional de las Intervenciones, Ex Convento de Churubusco, desde su fundación en 1981, es una tradición sincrética que combina el culto católico con los ritos agrícolas del México prehispánico, debido a que se compone de elementos que provee la naturaleza en Semana Santa, es decir, en el periodo de estiaje. Sus elementos responden a un fin ritual. El espacio y las mesas en donde se instala el altar, se cubren con papel de china o manteles morados o blancos, colores emblemáticos para guardar luto. También se acompaña de tapetes rellenos de semillas, pétalos y/o aserrín que representan la Pasión de Cristo y los dolores de la Virgen María. Un elemento singular son las semillas germinadas de trigo que representan la Resurrección, y que a su vez tienen relación con la agricultura prehispánica. En jícaras o fruteros se colocan naranjas doradas en las cuales se ensartan banderitas de papel picado morado, dorado o plateado que representan al pueblo y los soldados que vieron la Pasión de Cristo. Las naranjas simbolizan al pecado porque son frutos dulces y amargos al paladar. Se colocan también vitroleros con agua de sabor, sobre todo de limón con chía, que representa las lágrimas de María en el momento de la Crucifixión de Cristo. El Altar culmina con una imagen que puede ser una pintura o escultura de la Virgen de los Dolores o La Dolorosa. El montaje se podrá apreciar de manera gratuita del 30 de marzo al 8 de abril, en el Portal de Peregrinos del Museo Nacional de las Intervenciones. El Altar de Dolores se presenta desde hace muchos años en el Museo Nacional del Virreinato, que tiene como sede el ex Colegio Noviciado de San Francisco Javier, en Tepotzotlán, Estado de México. El montaje será el tema del mes del recinto y estará en exhibición del 1 al 30 de abril, en el acceso al museo. El altar se compone de una escultura de la Virgen de los Dolores, de madera tallada y policromada del siglo XVIII, así como naranjas o toronjas que representan la amargura de la Virgen. Banderitas que aluden a la Resurrección de Cristo, semillas que refieren a la Pasión y a los dolores de María, aguas de sabores que simbolizan la sangre de Cristo (jamaica), la pureza de María (horchata), la amargura de la Virgen (tamarindo) y sus lágrimas (chía). Asimismo, se adorna con tapetes de aserrín pintado donde se colocan algunos símbolos de la Pasión de Cristo, como el corazón de María con siete dagas, la corona de espinas puesta en la cabeza de Jesús y la columna donde fue flagelado el Redentor. Figura asimismo la lanza que atravesó su costado, los dados donde los soldados echaron a la suerte su túnica, el gallo que significa las tres negaciones del apóstol Pedro y las monedas que aceptó Judas por entregar a Cristo a los fariseos. Tanto el Museo de Sitio San Francisco, en el Ex Convento del mismo nombre, en la ciudad de Pachuca, como el Ex Convento de San Nicolás de Tolentino, en Actopan, ambos en el estado de Hidalgo, también rescatan esta tradición que constituye una de las celebraciones religiosas más antiguas y coloridas de México. Los objetos del altar, su disposición e incluso el mobiliario, están asociados a los simbolismos y referencias del padecimiento de la madre de Dios. En una mesa se colocan 14 escalones pequeños cubiertos con un mantel blanco de lino o encaje, que aluden a las antiguas estaciones del Vía Crucis, y que contrastan con un cortinaje de color morado que significa luto, meditación y penitencia, colocado en la parte posterior del altar. En el centro y en la parte más alta del altar se coloca la figura de la Virgen, representada en una escultura de madera. Los atributos de la advocación dolorosa son: un puñal grande o siete dagas clavadas sobre el pecho, que remiten a los siete dolores de María, el rostro de aflicción, la túnica morada, blanca o negra y las manos entrelazadas en señal de plegaria. En la cabeza lleva una aureola y un resplandor indicativos de su santidad y gracia. El montaje del Ex Convento de Actopan, en la planta baja del claustro, tiene la particularidad de que la pieza central es una escultura de pasta que pertenece al acervo del Ex Convento de Acatlán, Hidalgo, y fue prestada por el párroco para esta ocasión.


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