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Maradona y el trofeo Teresa Herrera

21/03/2012 02:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageMaradona llegó en 1982 a un Barcelona difícil. Su técnico era el alemán Udo Lattek.

El DT los ponía a entrenar con balones de ocho kilos, los medicine balls, según él, para aumentar fuerza. Si estaba en puerta el clásico contra Real Madrid, utilizaba los de veinte kilos, y Maradona, que venía de otro fútbol, no se explicaba nada. ‘Oiga míster, ¿por qué no lo hace usted y verá cómo se siente mañana?’, le preguntaba. El Barça, recuerda Diego, tenía los mejores jugadores de España, pero, y así lo dice en su libro, ‘en los entrenamientos tiraban patadas a la boca’. La idea del entrenador era priorizar el músculo, y sólo con Schuster el argentino podía entenderse a la hora de tocar el balón.

Para colmo, cuando Diego comenzó a agarrar ritmo, y muy a su pesar, físico, le diagnosticaron hepatitis. Andaba de malas.

Durante la recuperación, para su alegría, destituyeron a Lattek y llegó El Flaco Menotti. ‘Todos se enamoraron de él’. Y entonces el Barcelona comenzó a jugar a otra cosa. Al fútbol.

Vino entonces el partido contra Real Madrid en el Barnabéu por la liga y Maradona fue la figura. Hizo un golazo en aquel 2-2. El Barcelona cerró impresionante esa 1982-83 y terminaron en cuarto lugar, en mucho, gracias a él. Por ejemplo, en el penúltimo ante Las Palmas, Maradona marcó tres.

Pero entonces se acentuaba otro problema: el presidente del club, José Luis Núñez. El 10 jamás llevó buena relación con él y, encima, el directivo le ponía presión extra cada vez que podía.

El punto crítico entre ellos llegó antes de final de la Copa del Rey de ese mismo 1983, que los enfrentaba a Real Madrid.

Durante la semana previa a la final, se realizaría el juego despedida de Paul Breitner, el alemán Campeón del Mundo 1974. Maradona y Schuster estaban invitados, pero Núñez les prohibió ir. Además, para meterles miedo, les llevó al mismo presidente de Catalunya al entrenamiento, quien habló con Diego para decirle en persona que ‘confiamos mucho en usted y lo necesitamos, Catalunya estará al pendiente de este partido’.

Los dos jugadores fueron a hablar con el presidente para insistir en el permiso, y éste volvió a negarse. ‘¡Si Real Madrid no presta a Santillana (también invitado), nosotros tampoco a ustedes!’, respondió furioso.

Maradona, por supuesto, tenía pensado ir al homenaje de cualquier manera, y fue cuando la bomba detonó. El presidente Núñez retuvo el pasaporte de los dos jugadores. Previamente los había pedido a los representantes de ambos futbolistas con el pretexto de unos trámites para próximos partidos europeos.

Diego llamó telefónicamente para solicitar su pasaporte y se lo negaron. Insistió al día siguiente, y obtuvo la misma respuesta. Así que fue en persona, junto con Schuster, a las oficinas del club y exigió hablar con el presidente. La secretaria les comunicó que Núñez no estaba, pero en la entrada habían visto su auto y al chofer. ‘No los puede recibir’, les cambió entonces la respuesta.

Ya hecho un demonio, Maradona, que esperaba en la sala de trofeos del club, amenazó: ‘Yo voy a esperar cinco minutos. Si no me dan el pasaporte, todos estos trofeos que están acá, que son divinos, que son de cristal, los voy a tirar uno a uno’. Los empleados le rogaban que no lo hiciera. Schuster, también asustado, le siguió el juego: ‘Avisa que empezamos’.

Ante la nueva negativa, El Diego tomó el primer trofeo que vio. Era un Teresa Herrera, ‘precioso’ como lo recuerda, lo levantó tanto como pudo y amenazó una última vez. ‘Es que el presidente se niega a darte el pasaporte Dieguito‘, le respondieron… Y ¡puuuummmm! El trofeo fue al piso y se deshizo. ‘Tú estás loco’, dijo Schuster. ‘Si no me dan el pasaporte, más trofeos voy a tirar’, advirtió una última vez, y el pasaporte llegó.

Al final, se enterarían, había una cláusula de la Federación que les impedía asistir al juego de Breitner, y no viajaron. ‘Pero no podían quedarse con mi pasaporte, era anticonstitucional’, apuntaría Maradona en sus memorias años después.

Eso sí, ganaron en Zaragoza la Copa del Rey 2-1 sobre Real Madrid, que en ese entonces era dirigido por Di Stéfano. Maradona, como todos esperaban, volvió a ser figura. No anotó, pero puso un pase de gol a Víctor. Santillana, a quien tampoco dejaron ir, hizo el descuento. Marquitos, finalmente, haría el del triunfo catalán.

‘Le demostramos a España, y a Núñez, de lo que éramos capaces’, sentenciaría Maradona.


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elbuenfutbol.com
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