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Caso Martinó: el condenado se escapó vestido de mujer

26/07/2012 12:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo revelaron a Clarín fuentes carcelarias. Marcelo Segovia aprovechó el día de visitas y, caminando, huyó del penal de Florencio Varela. Creen que hubo guardias cómplices. Cumplía una pena de 29 años

Una semana pergeñando una fuga de un penal de máxima seguridad. El primer día fue el 13 de julio pasado, cuando Marcelo ‘Monguito’ Segovia (34) regresó a la Unidad 23 de Florencio Varela tras ser condenado a 29 años de prisión por el secuestro y asesinato del comerciante Emiliano Martinó (33), ocurrido en junio de 2010 en Ramos Mejía tras un asalto y persecución.

Primero, Segovia pensó que podía hacer ‘explotar’ las diferencias que había con su grupo de Ciudadela y otro rival de pabellón. Y comenzó a recolectar ropa de mujer. A todas las visitas de sus compañeros les pedía una prenda.

Segovia, contaba, como muchos de sus colegas, con un teléfono celular. Y con contactos. Sabía que sin la complicidad del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) era imposible ilusionarse con ver la calle.

El viernes 20 de julio por la mañana recibió la visita de Natalia Vallejos, quien sería su actual pareja. Su última mujer, Claudia Pérez, también está detenida, con una pena de 26 años de cárcel por el mismo hecho. Segovia esperó a Vallejos en su celda, hasta que el preso que trabaja de ‘limpieza’ los días de visitas se acercó al pabellón para avisarle que debía salir al patio, que su pareja ya había llegado.

En el bolso tenía el equipo de mate, un mantel, una frazada para apoyar sobre los bancos fríos y ropa de mujer.

El celular lo llevaba consigo. Y se cree, también, que contaba con una peluca prestada, o vendida, por algún miembro del SPB. Todo habría ocurrido en el patio del Salón de Usos Múltiples.

La visita fue igual a todas: cumbia de fondo, los niños corriendo, los de ‘limpieza’ calentando la comida que llevaron los de afuera, los besos intensos de los que aún no tienen encuentros íntimos y no quieren tener relaciones en el baño. Eran más de 10 mesas de presos, familiares, parejas y amigos.

A las 12.45, los penitenciarios advirtieron que faltaban 15 minutos para el primer corte. Ahí los hombres debían irse. Las mujeres también, pero tenían permiso hasta las 15, si querían.

Era la hora.

Segovia tomó algunas cosas del bolso y se fue al baño . Primero llamó a un compañero de su pabellón y le dio la orden de que era el momento de hacer lo que habían planeado.

Y se cambió. Salió vestido de mujer.

La orden del preso se cumplió y muchos penitenciarios fueron hacia el pabellón en el que se estaba desatando una pelea entre internos. Fue el primer paso para llamar la atención de la guardia.

‘Monguito’ tomó algunas bolsas y se acercó a la fila de hombres y mujeres que se retiraban de la visita.

Salió como si nada. Pasó la primera, la segunda y la tercera puerta.

Como una visita más que se retiraba a su casa comentando lo bien que la habían pasado o el largo viaje de regreso con la combinación de colectivos y trenes.

En ese momento es donde entraría en acción la complicidad penitenciaria. Porque a todos los que ingresan como visita se les pone un sello: en el antebrazo o en la mano, antes de pasar por un detector de metales y dar el primer paso dentro del penal. A la salida, un penitenciario verifica el sello y le pasa un láser que determina la marca de la tinta intacta, igual que antes de entrar.

El preso pasó ese detector de metales y, mezclado entre hombres y mujeres, se fue sin pasar a retirar su documento por la ventana en la que paraban todos . Todos los que sí habían llegado a la mañana. Después fueron pasos y pasos, al aire libre, a la par del resto de visitas. Luego de la última barrera un auto lo habría estado esperando.

Desde ese día nadie sabe nada de su paradero . Mientras en su pabellón los guardias se preocupaban por descifrar los motivos de la pelea entre los dos grupos de internos, Marcelo ‘Monguito’ Segovia ya disfrutaba de su libertad.


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Autor:
Begoju (80 noticias)
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Reportaje
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