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Maternidad Extrema

27/01/2011 15:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, 24 Ene. 11

La pesadilla de toda potencia es la decadencia. Los imperios se atormentan con la idea de ser desplazados de la cumbre por el rival ideológico o económico. Hace 50 años, los norteamericanos veían con temor el ascenso militar y tecnológico de la Unión Soviética. Años después, les preocupó el brío comercial de los japoneses. Hoy los chinos les quitan el sueño: su enormidad demográfica, su fuerza económica, su ambición geopolítica, su éxito deportivo. El presidente Obama habló hace poco del tema declarando que Estados Unidos enfrentaba un reto extraordinario, una competencia inédita. Nuestra generación vive, un ‘ momento Sputnik’ , dijo. Aludía al momento en que los soviéticos tomaron la delantera en la carrera espacial. Ésa fue una llamada de atención que puso al país a trabajar en la innovación, en el desarrollo científico, en la educación.

La competencia de hoy no es por la conquista del espacio sino por la enseñanza. Y en eso, Estados Unidos se ha ido rezagando en relación con otros países desarrollados, e incluso frente a economías más atrasadas. Si bien las mejores universidades del mundo y las mejores plataformas de innovación tecnológica siguen estando ahí, sus escuelas primarias se van quedando atrás. El debate en Estados Unidos examina los estímulos en las escuelas y la preparación de los maestros; las pruebas y el papel del sindicalismo en la política educativa. Tiene también un componente cultural: ¿cuál es el sitio de la educación en una sociedad, en una familia? ¿De qué manera se valora el mérito en una comunidad? ¿Con qué rigor se pueden exigir resultados a los niños? Más allá de lo que sucede en el salón de clase y en el patio de la escuela, es crucial entender los mensajes que los niños reciben en casa, de sus padres. Este debate se ha zarandeado en los últimos días en Estados Unidos tras la publicación de una polémica memoria de crianza. El libro de una madre de origen chino que relata su filosofía pedagógica ha generado una intensa discusión sobre el lugar de la casa en la educación de los niños, el poder de los padres para formar a los hijos y el sentido mismo de la formación educativa.

El libro es un grito de batalla de una madre-tigre. Así podría traducirse el título de esta memoria sobre la educación de dos niñas. Amy Chua, autora del libro, se adelanta a revelar en el primer capítulo su catálogo de prohibiciones: sus hijas nunca tuvieron permiso para: quedarse a dormir con una amiga, aparecer en la obra de teatro de la escuela, ver televisión o jugar videojuegos, escoger sus actividades extraescolares, tener una calificación inferior a 10, tocar un instrumento diferente al piano o el violín. Chua contrasta el rigor de la crianza china con la laxitud occidental. A su juicio, las madres occidentales son sobornadas por la primera queja de sus hijos. En lugar de conducirlos a la excelencia, buscan mimarlos para nutrir su ‘ autoestima’ . Aunque el libro no se presenta como instructivo, queda clara la convicción de la autora de que el modelo chino ‘ produce’ prodigios, mientras el modelo occidental multiplica mediocres.

Chua describe la maternidad como un deporte de confrontación extrema. No se trata de atender las necesidades de los niños y ser sensible a sus gustos sino de imponerles un orden, y exigirles dedicación total. Está convencida de que los niños sólo disfrutarán realmente de aquello en lo que se hayan vuelto expertos. Si las niñas no se concentran para tocar el violín, bien vale llamarlas ‘ basura’ . Si tocan mal el piano, se les puede amenazar con quemarles sus osos de peluche, o regalar sus juguetes a la beneficencia cortados en cachitos si no dominan el fraseo de una sonata. Desde luego, no hay que estimular su vanidad elogiándolas en público. Un auténtico régimen draconiano, hermético a los cohechos de la sensiblería. Chua recuerda, casi orgullosamente, que en un cumpleaños de ella las hijas le prepararon una sorpresa. Estaban celebrando en un restorán italiano y le entregaron una tarjeta. Una carita feliz diciendo: ‘ Felicidades, mamá. Te queremos’ . La madre vio el papel y se los aventó de regreso. ‘ No quiero esto. Quiero algo mejor’ . Y tiró al suelo la sorpresa. La mayor tenía siete años y la menor cuatro.

La idea del éxito de Chua tiene un perímetro diminuto: la boleta de calificaciones y la ejecución musical. Se asoma así la idea de que la felicidad es consecuencia de la perfección. Una vez que se ha alcanzado la excelencia, se podrá disfrutar del reconocimiento y la satisfacción.

Sea como sea, la discusión pone un tema relevante sobre la mesa mexicana: lo que hacemos en casa, los mensajes que difundimos en la cena, el código de premios y castigos del fin semana son tan importantes para el desempeño educativo de los niños como las lecciones del salón y las pruebas de enlace. Es horrible decirlo pero tal vez somos cómplices de Elba Esther. Escultores, como ella, de nuestra mediocridad.


Sobre esta noticia

Autor:
Eduzac (15 noticias)
Fuente:
eduzac.org.mx
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Tipo:
Opinión
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