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Es Matilde P. Montoya un estandarte de la lucha social de las mujeres

25/01/2012 04:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el jardín José Martí, ubicado frente al Centro Médico Siglo XXI, se encuentra casi en el olvido un busto de Matilde P. Montoya Lafragua, una mujer que nació para hacer historia, al convertirse en la primera médica de este país. Hija única, aprendió a leer y a escribir a los cuatro años, gracias a los empeños y conocimientos de su madre, convirtiéndose en una ávida lectora, y a los 13 años aprobó un examen para maestra de primaria, luego haría cursos de Obstetricia y Partera, logrando titularse cuando contaba con sólo 16. Su historia no fue nada fácil pues tuvo que enfrentarse a todo un sistema de creencias que prevalecía y que veía con malos ojos que una mujer quisiera convertirse en médico. De hecho, hubo quienes la tacharon de “impúdica y peligrosa mujer, que quiere ver cadáveres de hombres desnudos". De acuerdo con datos biográficos disponibles en diversos sitios “web” que recuerdan a esta insigne mujer, de quien este jueves se cumplen 74 años de su deceso, ocurrido el 26 de enero de 1938, Montoya nació en la capital mexicana en 1857. Tras graduarse como maestra normalista a los 13 años, Matilde no pudo ejercer por la desconfianza que generaba su juventud, así que hizo cursos que le permitieron tres años más tarde recibirse como partera, oficio con el que debían conformarse las mujeres que aspiraban a la Medicina. Empezó a trabajar entonces como auxiliar de cirugía con los doctores Luis Muñoz y Manuel Soriano, a fin de ampliar sus conocimientos de Anatomía, ya que en sus estudios de Obstetricia sólo le habían enseñado lo relativo al aparato reproductor femenino. Con el poco dinero que contaba, se dio tiempo para tomar clases en escuelas particulares para mujeres y completar sus estudios de Bachillerato. Al cumplir los 18 años, Matilde Montoya buscó acomodo en la ciudad de origen de su madre, Puebla, y rápidamente se hizo de una numerosa clientela de mujeres que se beneficiaban con su amable trato y sus conocimientos de medicina, más avanzados que los de las otras parteras y aún que los de muchos médicos locales. Algunos colegas orquestaron una campaña de difamación en su contra en varios periódicos locales, publicando violentos artículos en los que convocaban a la sociedad poblana a no solicitar los servicios de esa mujer poco confiable, acusándola de ser "masona y protestante". Cuentan que la presión fue muy grande y el trabajo de Matilde Montoya se hizo insostenible, por lo que se fue a pasar unos meses a Veracruz, y de regreso en la capital poblana pidió su inscripción en la Escuela de Medicina de Puebla, presentando constancias de su recorrido profesional. Fue aceptada en una ceremonia pública a la que asistieron el gobernador del estado, todos los abogados del Poder Judicial, numerosas maestras y muchas damas de la sociedad que le mostraban así su apoyo. Sin embargo, los sectores más radicales redoblaron sus ataques, publicando un artículo encabezado con la frase: "Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica". Agobiada por las críticas, Montoya decidió regresar con su madre a la Ciudad de México, donde por segunda vez solicitó su inscripción en la Escuela Nacional de Medicina, siendo aceptada por el entonces director, Francisco Ortega, en 1882. Después de mucha oposición de parte de profesores y sectores de la sociedad, tuvo que dirigir una carta al Presidente de la República, el general Porfirio Díaz para poder acceder a la Escuela Nacional de Medicina. Finalmente, en 1887, estando presente el presidente, su esposa y periodistas invitados, Matilde se graduó como médico, ante un riguroso jurado y bajo el aplauso de todos los presentes, luego hizo su práctica en el Hospital San Andrés y un año más después recibió su título de Profesora de Medicina y Cirugía. Su interés por la Medicina ý su espíritu humanista la hicieron atender a todo tipo de pacientes, cobrando según las posibilidades de cada uno, a pesar de lo cual nunca fue reconocida por el gremio, ya que nunca fue invitada a ninguna asociación o academia médica, aún exclusivas para hombres. No obstante, sí participó en asociaciones femeninas como el "Ateneo Mexicano de Mujeres" y "Las Hijas de Anáhuac". Su firmeza y perseverancia la llevaron a sobrellevar las críticas y los obstáculos y trabajar en su profesión hasta edad avanzada. En 1923 asistió a la controvertida segunda Conferencia Panamericana de Mujeres, que se realizó en México, y más tarde fundó la Asociación de Médicas Mexicanas. Fue hasta medio siglo después de graduada, en agosto de 1937, cuando la Asociación de Médicas Mexicanas, la Asociación de Universitarias Médicas y el Ateneo de Mujeres le ofrecieron un merecido homenaje, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Cinco meses después, el 26 de enero de 1938, Matilde Montoya murió a los 79 años. Aunque no se casó, añaden, adoptó cuatro hijos, uno de los cuales vive en Puebla. Se sabe que su hija Esperanza, a la que envió a Alemania como concertista, desapareció durante la Segunda Guerra Mundial. La participación de la doctora Montoya en el impulso a la actividad profesional de las médicas, finalmente le valió múltiples reconocimientos de organizaciones de mujeres, la prensa y la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia. En 1988 se instaló el busto en bronce que se encuentra en el Jardín José Martí, frente al Centro Médico Siglo XXI.


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