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Lo Mejor de la Vida Rural por Alberto Thirion

30/04/2014 23:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será. (Johann Wolfgang Goethe)

El Cristro de la Tierra, obra al óleo de Alberto Thirion

El árbol hunde sus raíces en la tierra que lo vio nacer, hunde sus raíces en sus sueños en sus ideales, en sus amores, a medida que eleva sus ramas hacia el cielo y crece o reza, por que los arboles como los hombres pueden rezar, así dibujo y pinto este árbol como metáfora de mi vida toda.

 

El árbol es, y siempre ha sido el espejo del hombre, el árbol me confronta con el verdadero sentido de la existencia, el árbol me recuerda siempre mi verdadera vocación y mi misión en la vida, el árbol me recuerda siempre a mi maestro Don Enemesio Robles, un árbol es como un poema que nos dice, que nos canta.

El árbol es nuestra metáfora!, nuestra síntesis!

 

El árbol nos enseña a aceptarnos a nosotros mismos;un día, un amigo pintor me dijo, muy contento, "¡tu eres un pintor de arboles!", estaba muy contento por que yo había vendido bien un cuadro, estaba por cierto mas contento que yo mismo, seguramente por el aprecio que me tiene, ya que es común entre  los verdaderos artistas la calidad humana, ya que es eso la calidad humana superior, justamente lo que los hace artistas.

 En ese momento no lo compren di claramente, hoy varios años después comprendo del todo cuanta razón tubo al decirlo.

 

Por cierto este amigo mio, es el único tipo que yo nonosco, que comía cacahuetes junto con los paja ros, me decía mira fíjate!-aben taba el cacahuete al aire para ca charlo con la boca y pasaba algún pájaro que salia de por ahí, de no se donde de algún árbol y trataba de llevarse el cacahuete en el pico a veces lo conseguía el pájaro y a veces no y mi amigo Chucho que así se llamaba lo cachaba con la boca.

 

Las ramas del árbol tendidas hacia el cielo semejan los brazos tendidos al cielo del ser humano en una plegaria rogando a Dios le ayude a la perfección de su alma, en su paso por la tierra, entre la vida y la muerte, ya que es eso en realidad la vida.

Al contemplar un árbol siempre nos dirá algo acerca de nosotros, acerca de nuestra condición en la tierra, en este planeta ahora tan deteriorado por el mal llamado progreso.

 

El contemplar un árbol puede mostrarnos nuestro lugar en el mundo, no olvidemos que se le ha llamado el árbol de la vida.El árbol sintetiza el alma de la humanidad, dándole a la humanidad su poesía para ayudarla a vivir y mostrarle el camino, el camino de la vida, los arboles no se traicionan a si mismos jamas, si nacen manzanos dan manzanas, seguramente por esto el pueblo lo hiso Cristo, lo hiso, por por sentido común.

 

El árbol ha sido también símbolo de auto desarrollo, la visión del árbol como hombre, El árbol de la vida, el árbol del conocimiento, son figuras centrales de la Biblia de todos conocidas.

Pero esto no es todo, lo mejor es que el arbol nos recuerda tambien siempre que,

"La tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra”, tal cual dijo el Jefe indio, el Gran Jefe Seattle, lo dijo al presidente de USA Franklin Pierce en 1854, en una carta que le fue enviada ante un propuesta de compra de las tierras indias, por el gobierno de USA.

Esta es la CARTA COMPLETA!

 

El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

¡Alabad el árbol que desde la carroña sube jubiloso hacia el cielo! (Bertolt Brecht)

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

 

Hoy ante el llamado " cambio climático", la peor tragedia social de nuestro tiempo, vemos con claridad meridiana, que el jefe indio simplemente tenia toda la razón!.

Recuperación de artículos perdidos por Alberto Thirion

La esperanza es un árbol en flor que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones. (Severo Catalina)

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Alberto Thirion (91 noticias)
Visitas:
882
Tipo:
Nota de prensa
Licencia:
Distribución gratuita
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