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La canciller alemana, Angela Merkel, recibe este viernes y el sábado al presidente francés, François Hollande, en su bastión de Stralsund, una localidad turística a orillas del mar Báltico, para fortalecer su relación con una visita "informal".
Aunque no se espera más que alguna breve declaración a la prensa, el encuentro permitirá discutir, en un marco menos estricto, sobre la crisis ucraniana ucraniana en una fecha simbólica, el 9 de mayo, día de Europa, que en Rusia es una jornada de conmemoraciones por la victoria de 1945 sobre la Alemania nazi.
"Las hermosas apariencias engañan. ¡Hay roces entre Berlín y París!", señaló recientemente Bild, el diario más leído de Alemania. Este periódico aseguró que las recientes declaraciones del primer ministro francés, Manuel Valls, pidiendo bajar el euro molestaron al Gobierno alemán.
Berlín también se impacienta ante lo que considera un ritmo demasiado lento de disminución de los déficits públicos en Francia. No obstante, las reformas de inspiración socialdemócrata anunciadas por Hollande a principios de este año fueron bien recibidas.
Después de un comienzo con mucha tensión entre Hollande y Merkel, cuando el mandatario francés quería cuestionar la política de austeridad alemana impuesta a Europa un día después de su elección, los dos dirigentes aprendieron a trabajar mejor juntos.
Esta invitación es "claramente una señal de reconocimiento y de estima por parte de Merkel", opinó Henrik Uterwedde, politólogo y vicepresidente del Instituto Franco-Alemán en Ludwigsbourg, destacando que su relación "se ha vuelto claramente más amistosa" con el paso del tiempo.
Esta visita también es interpretada en París como una señal de la mejoría de la relación entre ambos estadistas. Sin embargo, desde hace varios meses la situación se ha desequilibrado entre el presidente socialista francés y la canciller conservadora alemana.
Mientras François Hollande, quien registra un récord de impopularidad desde la debacle de su mayoría en las elecciones municipales, tuvo que cambiar de primer ministro y tiene dificultades para dar unidad a su mayoría, Angela Merkel, reelegida para un tercer mandato, encabeza las encuestas de popularidad y dirige una gran coalición con los socialdemócratas.
Merkel y Hollande tienen la misma edad, 59 años, pero aunque ahora se tutean, en dos años no han logrado instaurar una verdadera amistad.