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25 Millones de mexicanos con dolor constante

03/10/2012 13:05 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

25 Millones de mexicanos con dolor constante image Salud y Medicinas - Juan Fernando González G.

Enfermedades articulares, diabetes o migraña son algunas de las causas más comunes de este problema; desafortunadamente, sólo se le atiende cuando el malestar es muy intenso, pues en nuestro país carecemos de cultura de atención oportuna a las dolencias.

El dolor es, en términos generales, la causa más frecuente de consulta médica; sí, porque 7 de cada 10 personas en México acuden al especialista por este motivo. Empero, debemos resaltar que, por desgracia, 70% de los enfermos que se someten a cirugía reciben atención deficiente, lo cual implica, por supuesto, considerable retraso en el alivio de sus dolencias.

Estos conceptos son vertidos por el Dr. Miguel Ángel Genis Rondero, anestesiólogo y presidente de la Asociación Mexicana para el Estudio y Tratamiento del Dolor, quien a lo largo de su charla con saludymedicinas.com.mx establece una serie de conceptos que mueven a la reflexión.

Al dolor se le divide en agudo (de corta duración) y crónico (prolongado), dice el especialista egresado de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); así, al referirnos al primero se puede afirmar que los más comunes en el plano internacional, debido a sus causas, son dos:

  • Dolor agudo perioperatorio (aparece después de alguna cirugía), mismo que sufre 70% de los afectados porque no son tratados en forma adecuada. En otras palabras, establece el anestesiólogo, "se puede afirmar que únicamente una tercera parte de los pacientes reciben correcta atención luego de intervención quirúrgica o en fase de recuperación".
  • Dolor agudo en individuos que sufren algún evento traumático (caída o accidente en vehículo, por ejemplo), siendo evidente que, durante el trayecto hacia el hospital, la víctima presenta dolores de diversa índole, señala Genis Rondero.

En cuanto al dolor crónico, el experto enfatiza: "Se sabe que afecta a 23% de la población mexicana, y ello significa que si en México somos 105 millones de habitantes, aproximadamente 25 millones lo padecen, la mayoría de las veces a causa de males degenerativos (que empeoran con el tiempo), como osteoartrosis (rigidez articular), artritis reumatoide (inflamación en articulaciones que también afecta a ciertos órganos), diabetes (elevación de glucosa o azúcar en sangre, lo que altera al sistema nervioso), migraña (dolor de cabeza que puede ocurrir con náuseas, vómito o sensibilidad a la luz) o problemas en las caderas".

Mexicanos al grito del dolor

El entrevistado, también autor del libro Manejo del dolor por el médico de primer contacto, establece que es difícil aceptar sin más que los mexicanos seamos poseedores de gran umbral (resistencia) al dolor. Numerosas variables intervienen al respecto, señala el también director de la Clínica del Dolor del Hospital General Tlalnepantla, Valle Ceylan, adscrito al Instituto de Salud del Estado de México y localizado en dicha entidad; por ejemplo, se debe valorar "si el paciente es hombre o mujer, pues aunque se dice que los varones somos el 'sexo fuerte', en el caso del dolor no es así: es un hecho que las mujeres soportan más".

Por otra parte, añade, ciertas creencias religiosas motivan a algunas personas a tolerar mucho el sufrimiento, y si nos referimos a herencia cultural "tenemos que citar al machismo, que no permite que los hombres derramen lágrimas; sin embargo, aquella persona que se siente mal tiene derecho a llorar o a manifestarse de otra manera. Creo que nos hemos mal acostumbrado a vivir con cierta intensidad de dolor, y acudimos al médico sólo cuando las molestias son muy severas".

Al cuestionarle si esto puede definirse como irresponsabilidad, el Dr. Miguel Ángel Genis responde: "No creo que la conducta de la mayoría de los mexicanos pueda calificarse de esta manera, pues hay que evaluar muchas cosas. Si me pregunta quién acude más a consulta, la respuesta es: las mujeres; los varones no asisten porque la mayoría son jefes de familia, trabajan y llevan el sustento a casa, de modo que ir al consultorio equivale, para muchos, perder un día de sueldo, y por ello deben aguantar".

Ante la duda de si quien tiene más dolor es quien más se enferma, el especialista dice que "esta apreciación es capciosa, pero hay que decir que el dolor equivale a la intensidad del estímulo. Hay personas que se someten a cirugía para corregir juanetes (deformidad del pie conocida como hallux valgus) y el dolor que refieren es de intensidad muy severa; por ello, aquí no vale la frase 'a más dolor mayor enfermedad', pues el paciente tiene molestias severas, pero el padecimiento no es grave. Sin embargo, si observamos a un enfermo de cáncer, invadido por la enfermedad y con mucho dolor, las circunstancias son otras".

La escalera del dolor

De acuerdo con los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el dolor debe considerarse como aquel que el paciente dice padecer. Por ello, los trabajadores de la salud deben tener como misión aliviar el malestar del enfermo, no juzgarlo.

Al mismo tiempo, dice este precepto, se debe buscar la causa del dolor y aplicar el tratamiento para erradicarlo siempre que sea posible. El uso de placebo (producto sin efecto farmacológico que puede actuar a nivel psicológico) no es éticamente aceptado porque puede agravar el dolor y generar desconfianza por parte del paciente.

De acuerdo con estos lineamientos, el primer paso es buscar la causa y determinar el tipo de dolencia para luego intentar medir su intensidad a través de las distintas escalas existentes. Cabe mencionar que la evaluación incorrecta es uno de los principales motivos de fracaso terapéutico, por lo que la selección del tratamiento adecuado siempre tiene en cuenta el tipo de dolor:

  • Somático. Constante, intenso, bien localizado, opresivo y/o punzante.
  • Visceral. Constante y fuerte, pero de difícil localización en una sola región corporal.
  • Neuropático. De naturaleza disestésica (desproporcionado en relación al estímulo; por ejemplo, cuando se siente malestar al roce de un algodón). Puede haber sensaciones punzantes o "eléctricas" (generalmente por lesión del sistema nervioso).

Ayudar al bien morir

El Dr. Genis Rondero no duda en afirmar que está a favor del derecho que tiene el enfermo de decidir acerca de su tratamiento e, incluso, sobre evitar el alargamiento de su agonía si el padecimiento que lo aqueja le provoca malestar intenso y continuo. "Estoy a favor de ello porque tenemos que pensar en que el ser humano no se puede someter a tratamientos agresivos que le produzcan más dolencias, no podemos martirizarlo y es bueno que se tome en cuenta la decisión del individuo, como se hace en Holanda, por ejemplo".

En México, concluye el experto, "no tenemos esta cultura y muchas veces vemos que la familia nos pide que le ocultemos al paciente que tiene cáncer, sin considerar que el enfermo tiene el derecho y la capacidad de decidir si se le aplica o no tal cosa. No obstante, muchas veces la persona muere sin saber qué enfermedad lo llevó a la tumba".

Escalera analgésica para el control del dolor

(Según la Organización Mundial de la Salud, OMS) Escalón Tratamiento

Primero: dolor leve a moderado

Analgésicos antiinflamatorios (AINES) y derivados: paracetamol, metamizol, ibuprofeno, diclofenaco, ketorolaco.

Estos fármacos presentan "techo analgésico", es decir, no aumenta su capacidad de bloquear el dolor al aumentar la dosis, ni son más potentes al utilizar dos o más AINES distintos.

Segundo: dolor leve a intenso

AINES más opioides menores (codeína, dihidrocodeína o tramadol), que son más potentes, pero de uso delicado porque pueden generar adicción.

Tercero: dolor intenso no controlable con tratamientos anteriores

Opioides mayores, especialmente morfina (analgésico muy fuerte). La dosis y vía de administración son muy variables y se determinan de acuerdo a cada caso. Deben emplearse bajo estricta vigilancia médica.

Cuarto: dolor muy intenso

Se emplean medidas analgésicas invasivas, es decir, se administra morfina vía intratecal o epidural (a través de aguja en zonas cercanas a la médula espinal) o infiltración (aplicación al interior de articulaciones) de anestésicos locales.

Última actualización: 10-2012


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