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El caso de México: la democracia secuestrada

27/07/2012 20:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hay obstáculos que impiden consensuar acuerdos para como uno solo defender los derechos legítimamente construidos que son violentados por terceros

Cuauhtémoc Mávita E./periodista

Hay millones de mexicanos para los que los excandidatos presidenciales Enrique Peña Nieto (PRI), Andrés Manuel López Obrador (PRD-MORENA), Josefina Vázquez Mota (PAN) y Gabriel Quadri de la Torre (PANAL), no son “santos de su devoción”; ven en cada uno de ellos, a través del cristal, la imagen cruda de la corrupción, de las complicidades que han conducido al país a un estado permanente de crisis y de la impunidad que conlleva a que la ley y la justicia sean extremadamente selectivas: “Para estos sí pero para estos no”.

Y es posible que les asista –cuando menos en parte- la razón. Coloquialmente: la burra no era arisca, pero la hicieron. Vivimos en un México dividido en el cual el que gana se vanaglorea de su triunfo y el que pierde actúa como si no hubiera futuro. Nos enceguecemos y perdemos la perspectiva de las cosas.

Lo anterior quizás sea uno de los tantos obstáculos que nos impiden consensuar acuerdos para como uno solo defender los derechos legítimamente construidos que son violentados por terceros; tal es el caso de la democracia que es continuamente pisoteada, y pocos son los que hacen algo para que esas acciones sean debidamente sancionadas y no se festinen en este coliseo azteca.

En lo que se refiere a la elección presidencial del primero de julio cuyos resultados, como la de 1988 y 2006, han sido severamente cuestionados; hay aparentemente suficientes elementos para creer que debe ser anulada, y no precisamente para que Enrique Peña Nieto no sea el presidente de México durante el periodo 2012-2018 o para que suban “los bonos” de Andrés Manuel López Obrador, sino porque el país como la democracia es patrimonio de todos y no de unos cuantos.

Es cierto que el ejercicio de la política y el poder, más desde los partidos y el gobierno, ha sido el instrumento para crear el actual estado de cosas, pero eso no implica que las cosas marchen bien y que el discurso democrático del cambio deba quedar en un simple juego perverso de palabras. El fin, en contraposición a Maquiavelo, no justifica los medios.

Legitimar la elección no implica que Peña Nieto no sea presidente, o que se tengan que subir "los bonos" de López Obrador

Por eso habría que ver lo que establece el marco jurídico en materia electoral, sin violentar los principios de constitucionalidad, para precisar si las causales existentes tienen el peso legal suficiente como para anular la elección, designar un presidente interino y convocar a nuevas elecciones; el Tribunal Federal Electoral tiene una alta responsabilidad en la decisión que se tome, dado que –se entiende- no representa ni está al servicio de grupos de poder o de partido, sino de los mexicanos que le han tutelado la defensa de su derecho a votar y hacer que se cumpla su decisión al elegir a sus representantes políticos.

Exigir que se limpie la elección es cada vez un reclamo más fuerte. Esto no es estar en contra del PRI o de Peña Nieto, ni poner en tela de duda su proyecto –que debe tener- para sacar al “buey de la barranca”, en alusión al ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y sus esfuerzos por librar la crisis económica y política que en su sexenio trastornó a México y los mexicanos, sino dar una justa respuesta a los reclamos de millones de nacionales que repudian las añejas e ilegítimas prácticas que caracterizaron al Revolucionario Institucional y que se resumían en aquella frase: “El PRI cuando no gana arrebata”. Esa historia no debe repetirse.

La compra de votos, la entrega de despensas, la incursión de las instituciones de gobierno en procesos irregulares de intimidación ciudadana, los gastos exorbitantes de campaña y otros, se multiplicaron en todo la geografía nacional, poniéndose en evidencia un proceso electoral carente de pulcritud y la flagrante violación de la ley; eso, por supuesto, no fue privativo del PRI, sino también del PAN quien ante la pérdida de consensos ciudadanos pretendió mantener el poder comprando la presidencia de la república; solo que el PRI en esa estrategia le ganó la partida. Solo que da la impresión que se les pasó la mano.

Por eso el TRIFE debe precisar con toda claridad si se respetan los resultados ya de todos conocidos o si se anula la elección presidencial; millones de mexicanos son presas de la incertidumbre y la desconfianza en el gobierno y sus instituciones, ya que si no se actúa de acuerdo con la ley y el Derecho, el país y la democracia volverán a estar secuestrados por élites a las que las mueve el poder del dinero, las concertacesiones políticas y el control de la nación desde los partidos y el gobierno. Esa etapa se creía ya superada.

La ciudadanía quiere creer que los caminos torcidos de la democracia mexicana aún pueden enderezarse.

Pero: ¿Usted qué opina?


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
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