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¿México, un país sin valor...es?

17/05/2011 02:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Podríamos, mencionar cómo practicamos los valores morales en un día de nuestra vida, incluyendo a la familia, el trabajo, los compañeros, los vecinos?

Conozco una dama que trabaja como administrativo en una escuela dependiente de la SEP, con más de veinte años de servicios. Un día, uno de los directivos, ante la falta de docentes, le propuso que impartiera clases a un grupo que carecía de maestro, señalándole que ese podría ser el inicio de un proceso en el que más tarde ocuparía una plaza tabulada como Profesor. La dama a que me refiero, contestó: “no tengo la preparación para desarrollar esa tarea, por lo cual, no puedo apoyarlo en esa actividad”.

Tiempo después, al externar esa experiencia en una plática de sobremesa, la dama argumentó: “mi padre me educó con valores y uno de esos es la honestidad”. Al terminar la plática y, con un nudo en la garganta, me atreví a responderle que esa era una buena acción.

¿Cuántas veces hemos sido testigos de actos donde resalte algún valor moral? Difícil pregunta.

Por el contrario, son cientos, miles de casos, ejemplos, vivencias cotidianas, donde hay una carencia total de esos valores. Como individuos y sociedad, estamos muy dispuestos a criticar, juzgar y señalar, a quienes incurren en esas conductas, sin aceptar que en nuestro entorno somos causantes de un sinnúmero de acciones tanto en nuestra familia como en nuestro trabajo, o en las actividades a que nos dedicamos.

Preguntémonos: ¿Quién es el causante de que un niño de 10 años, asista a la escuela primaria con un sobre que contiene supuesta cocaína?, ¿quién, de que un niño de secundaria lleve en su mochila una cerveza de lata, o bien un arma punzocortante?, ¿quién, de que un alumno responda a uno de sus maestros con palabras altisonantes (mentadas de madre las menos)? Creo que muchos de nosotros, al caminar por la calle cerca de un negocio de juegos electrónicos (maquinitas), ha escuchado a niños no mayores de 7 años, expresar una retahíla de groserías, que hasta uno mismo, como adulto, no es capaz de pronunciar en una larga plática con los “cuates”; Y ya no se diga cuando los chiquillos juegan en la calle. Escenarios tristes… muy tristes.

Sería mejor que, antes de ocuparnos de que los niños asimilen, entiendan y practiquen los valores morales que les enseñan en la escuela, nosotros lo hiciéramos por nuestra persona, familia y trabajo

Acusamos a los maestros que permiten ese tipo de actitudes, a los compañeros de nuestros hijos, porque son unos vagos, porque en sus casas no los educan, porque son de un barrio de gente malviviente, y muchos etcéteras.

Mentira, farsa, deshonestidad, de los adultos, de los padres. Falta de valores… es todo lo que vemos.

Como padres, somos los mismos en el hogar que en la calle, que en el trabajo y en cualquier lugar donde convivamos con otras personas. Siempre estamos alardeando de que nos pagan muy bien por hacer “nada”; “que, a duras penas terminamos la primaria o secundaria, pero ganamos más que aquel que hizo una carrera”; “cometí una infracción, pero con una “corta”, el agente de tránsito me la perdonó; para obtener una licencia de manejo, para que me levanto temprano para hacer fila, simplemente le paso una “mordida” al empleado y me atiende rápido, mi patrón es un explotador, mi jefe es un inútil, etcétera. Y así es como educamos a nuestros hijos. Ellos aprenden de los “ejemplos” que los padres ofrecen. Entonces… si educamos con esos ejemplos ¿qué podemos esperar? La sociedad corrompida, los funcionarios de “papel” que tenemos (trátese del policía, el Diputado, el Presidente Municipal, el Agente de Tránsito, el oficinista que atiende al público en las oficinas de gobierno, los burócratas) y podría seguir mencionando una enorme lista.

Los maestros –me consta- en una etapa de sus cursos, imparten los valores morales –honestidad, puntualidad, responsabilidad, decencia, docilidad, sensibilidad, comunicación, compasión, servicio, voluntad, gratitud, sinceridad, generosidad, honestidad, solidaridad, prudencia, autodominio, sacrificio, desprendimiento, optimismo, amor, superación, paciencia, sencillez, amistad, respeto, comprensión, bondad, lealtad, perdón- y luego… con quién los practican los alumnos, porque al igual que cualquier otra materia, deberían hacer ejercicios hasta que queden bien asimilados, ¿pero con quién?, si los padres somos los primeros en hacerlos a un lado, cuando mandamos a la tienda a los niños a comprar los cigarros, la caguama y, de paso, los sobornamos ofreciéndoles un buen “premio” $$$$ si lo hacen rápido. ¿No es esto asqueroso?, o mejor dicho, fatal. Por eso, ¿no sería mejor que, antes de ocuparnos de que los niños asimilen, entiendan y practiquen los valores morales que les enseñan en la escuela, nosotros lo hiciéramos por nuestra persona, familia y trabajo?

De esa manera, aligeraríamos bastante la delincuencia, la burocracia, la corrupción, y desde luego, enriqueceríamos a nuestra familia, seríamos mejores padres, hijos, alumnos, estudiantes, profesores, directores, policías, diputados, senadores, funcionarios, y sobre todo mejores seres humanos, con valores y convicciones al servicio de nuestro país. Porque un ¡Viva México! bien lo vale.

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