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Mitigan mujeres hambre de indocumentados a su paso por Veracruz

18/12/2011 05:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Al lado de las vías del ferrocarril que pasa por este municipio, una cocina improvisada sirve para preparar los alimentos que diariamente mujeres entregan a los migrantes centroamericanos que van rumbo a Estados Unidos. Enfermera de profesión y convertida “por el llamado de Dios” en una protectora de “nuestros hermanos” que viajan en el tren conocido como “La Bestia”, María de los Angeles Ortega Martínez, sin proponérselo, se ha vuelto una de esas personas que desde el anonimato contribuyen a mitigar las dolencia que enfrentan los migrantes durante su travesía. Delgada, de manos fuertes manchadas del tizne de los leños que calientan una olla de arroz, aseguró que no le interesa ser reconocida por su labor, al contrario, llamó a las demás personas a ser solidarias y verse reflejadas en la tragedia que padecen los centroamericanos. “Esto lo hacemos porque muchos vienen con tres o cuatro días sin comer, hay quienes mencionan hasta cinco días, entonces el que no coman ellos, no duerman ha ocasionado accidentes, muchas mutilaciones y muchas pérdidas de vidas”, dijo. Y agregó: “Por eso estamos trabajando aquí en las vías, para que ellos puedan comer un poquito de arroz, que es lo que les damos la mayoría de las veces para que puedan recuperar sus energías y seguir su camino”. Ortega Martínez trabaja de igual manera en el albergue que tiene la Iglesia católica en esta zona, punto neurálgico del trayecto que miles de migrantes realizan cada año para alcanzar el “sueño americano”. Recordó que una tarde, luego de escuchar en la parroquia la lectura del buen samaritano, al recorrer las inmediaciones de las vías, encontró un joven centroamericano que estaba enfermo y lo trasladó a la Cruz Roja. Después de esa ocasión, no ha dejado de prestar auxilio dando alimento, sanando heridas y gestionando apoyos de centros hospitalarios y de la comunidad, para que los migrantes que lo necesiten sean atendidos. Haciendo a un lado su morral con la frase “Si el migrante no es tu hermano, Dios no es tu padre”, Ortega Martínez llena con una cuchara bolsas con arroz que luego de un nudo, se convierten en el bastimento de algún centroamericano que en cualquier momento abordará “La Bestia”, sin saber hasta cuando probará nuevamente bocado. Dijo que es común que durante el trayecto sufran heridas provocadas por caídas de los vagones, enfermedades como paludismo o diarreas, además del cansancio y anemia provocada por la falta de alimento. “Si son lesiones pequeñas se les atiende, en la casa les hacemos las curaciones, si son cosas más graves como fracturas los canalizamos al Hospital General, si la lesión es más grave como amputación, pues se traslada a la ciudad de Veracruz”, manifestó. “De repente hay sólo como 50 (migrantes), pero a veces llega a haber hasta 300 gentes, todos quieren tomar el tren al mismo tiempo, y sin querer, ellos mismos se han empujado, provocándose accidentes”. Manifestó que durante los años que ha servido en el albergue, como en las vías del tren, ha sido testigo de decenas de fallecimientos y lesiones, circunstancias que la llenan de impotencia y dolor. “Cuando los miro es un dolor muy grande, es una impotencia, ese pensar en ellos que están sufriendo ese dolor, ese accidente o esa pérdida de algún miembro, pensar en esas madres que se quedaron atrás y están llorando a sus hijos, son muchos sentimientos encontrados”, dijo. Removiendo los leños de la fogata a la orilla de las vías del tren, en esta zona del estado donde la temperatura llega a alcanzar los 50 grados centígrados, alista los ingredientes para preparar otra olla de arroz. Sonriente, recuerda la ocasión en que con 38 kilogramos de este grano alimentaron a cerca de 800 centroamericanos que hicieron escala en Tierra Blanca. “Se vino todo el pueblo”, mencionó entre risas. Cuestionada sobre hasta cuándo continuará realizando esta tarea altruista, María de los Angeles Ortega Martínez se pone seria, seca el sudor de su frente y, sin dudarlo, responde: “Hasta que nos llame el Señor”.


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