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Montarán en el CUT “La Cocina”, de Arnold Wesker

18/08/2010 11:11 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El escritor, director y actor mexicano Alonso Ruizpalacios presentará el 20, 21 y 22 de este mes en la Caja Negra, del Centro Universitario de Teatro (CUT), la obra “La cocina”, pieza original del prolífico dramaturgo británico Arnold Wesker, nacido en Londres en 1932. Antes que dramaturgo, Wesker fue fontanero, obrero, comerciante y repostero de un restaurante en París. Durante los años 50, al lado de John Osborne, Kingsley Amis y John Braine, representó una generación que criticó desde la mirada de las clases bajas de la posguerra, hasta la hipocresía de la sociedad inglesa. En ese contexto, en 1957 publicó su obra más conocida: “La cocina”. Basada en sus propias experiencias, la pieza reveló una certeza: “El mundo pudo haber sido un escenario para William Shakespeare; para mí es una cocina: donde los hombres van y vienen y no pueden quedarse el tiempo suficiente para comprenderse, y donde las amistades, amores y enemistades se olvidan tan pronto como se realizan”. Convencido de la notable vigencia del texto, Alonso Ruizpalacios montó con los alumnos del cuarto año del Centro Universitario de Teatro una adaptación realizada junto con el dramaturgo, guionista y traductor Alan Page. En entrevista, Ruizpalacios explicó que se trata de un texto poco convencional, pues tiene más ritmo que una anécdota propiamente. Es decir, no tiene una estructura narrativa aristotélica (en tres actos), sino que ofrece una serie de focos de atención que conforman una obra coral. “Es un día en una cocina industrial. Lo que intenta hacer el autor es llevarnos tras bambalinas hacia lo que nunca vemos cuando vamos a un restaurante: ¿qué ocurre atrás?, ¿quién es esa gente que nunca vemos?”. Para el director, la obra muestra cómo en el mundo, al igual que en una cocina, nunca hay tiempo suficiente de llegar a conocerse o entenderse. Y el contacto que tienen las personas se limita a lo que se permite en los espacios entre el trabajo. En ella, los trabajadores deben vivir sus vidas en medio del bombardeo de órdenes. La obra originalmente ocurre en un restaurante de finales de los 50 en Londres, en el ambiente hostil entre extranjeros durante la posguerra. Para acercar el texto a los alumnos del CUT, en la adaptación, la historia se transportó a un restaurante en el Nueva York contemporáneo, con personajes de distintas nacionalidades y donde la dicotomía entre la pertenencia a un sitio y ser extranjero es latente. “¿Quiénes son legales y quiénes ilegales? ¿Cuáles son las barreras entre ellos?, ¿Cómo se sienten unos en casa y otros como visitantes? La otredad es uno de los temas importantes de la obra”. La condición de extranjeros define el ánimo de los personajes: mientras hay unos resignados o esperanzados, otros son realistas y algunos más asumen que no progresarán y será mejor no lamentarse. En la exploración de esas emociones, el director busca un tono documental con los actores, pues hace un tiempo investiga los mecanismos del énfasis y las interrupciones en el habla cotidiana. “A ver si lo logramos, se trata de desprender la teatralidad y mostrar seres humanos hablando, contándose sus sueños y frustraciones. Hemos trabajado con el tono, con que no actúen, que simplemente digan el texto y dejen que poco a poco las emociones vengan”. La cocina como analogía de la vida era una idea persistente para Alonso Ruizpalacios, quien trabajó como mesero y barman en Londres y cuyo Café Paraíso (2008), que también sucede en un espacio de ese tipo, fue reconocido como mejor cortometraje mexicano en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Montar la pieza del dramaturgo británico representó un enorme reto, por los requerimientos técnicos y el número de actores (17 en escena). Por ello, producirla en el CUT fue ideal, pues había tiempo y recursos humanos para trabajar. Para ello, tuvieron que investigar las dinámicas al interior de las cocinas y acudieron a varias. Incluso generaron un sistema jerárquico y de organización con ayuda de un chef: “Wesker entiende la vida como una cocina y la cocina es una sociedad de castas”. Representar la hora pico del restaurante es un desafío para el montaje, pues el que dibuja Arnold Wesker tiene mil 500 clientes por día. Los actores trabajaron para resolver las rutinas físicas, pues el ritmo se acelera tanto que llega a convertirse en un caos. La cocina es un hervidero de emociones a flor de piel; hay que resolver problemas y uno tiene que hacerse escuchar, así que el volumen, la intensidad y el calor van subiendo. Para compartir esa tensión, se diseñó un espacio de “teatro pasarela” con público de un lado y de otro, a diferencia de los foros a la italiana o redondos. Diseñado por Auda Caraza y Atenea Chávez, en él los actores deben ir todo el tiempo de un lado a otro y comunicar sin perder el tono documental y la sutileza. Para el escritor, el tema principal lo sintetiza una frase que dice el personaje principal, Pedro, un mexicano enamorado de una mesera estadounidense que no puede corresponderle. Cuando los compañeros se detienen a hablar de sus sueños, él apenas responde: “no se puede soñar en una cocina”. “Los que se mueven son los personajes, no el lugar. De eso se trata: la cocina siempre estará ahí, más grande que todos; los personajes vienen y van, se van a morir y la cocina seguirá ahí porque es una máquina poderosísima”, comentó.

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