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Muestra filme con parte de la historia del cine mexicano en el FICM

19/10/2010 14:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En “Perdida”, un documental familiar de dos horas, Viviana García Besné y Alistair Tremps muestran un relato cronológico (1910-1990) sobre la participación de la dinastía Calderón reconstruyendo parte de la historia del cine mexicano. El filme en competencia, proyectado esta tarde, forma parte de la Sección Documental Mexicano en la octava edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), y fue gratamente recibido por un público al que despertó la nostalgia y la curiosidad de saber qué ocurrió esos años en entretenimiento cinematográfico. De paso, el testimonio fílmico sirve para aclarar que, a pesar de haber sido considerados gran parte de los integrantes de la familia Calderón como los pornógrafos del cine mexicano, sino más bien como los audaces empresarios que se valieron de las modas y tendencias del cine de otras latitudes para reactivar, por momentos, el negocio cinematográfico. Viviana García pone al descubierto no sólo la actitud visionaria de los Calderón, quienes lograron convencer a la diva Lupe Vélez para que regresara al cine mexicano, y ser los causantes de un escándalo sin precedentes en esos años, al enfrentar la censura de la época al filmar el trasero desnudo de la actriz en una escena saliendo del río, en la película “La Sandunga”, dirigida por Fernando de Fuentes en 1937. Calificado por algunos sectores de la crítica como un documental de añoranzas familiares, lo cierto es que recorre, por cuestiones de tiempo, gran parte del cine mexicano. La cineasta destapa secretos de cómo fue que su familia, “los Calderón”, resultaron factores esenciales en la producción, distribución y exhibición del cine popular. En audiovisual destacan testimonios, principalmente de su abuela “Mate”, quien le confiesa a su nieta que estuvo a punto de contraer matrimonio con el actor mexicano Ricardo Montalbán, pero que su bisabuelo, pionero del Séptimo Arte, nacido en un pueblo de Chihuahua, don José U. Calderón, lo impidió. Viviana saca del anonimato familiar la decepción amorosa de su abuela, doña María Teresa (Mate), quien debió contraer matrimonio con Jorge García Besné, un advenedizo y mujeriego convertido en actor y productor por encargo de su bisabuelo. La sociedad de uno de sus tíos con el legendario Santo, el Enmascarado de plata, con una serie de películas que lo vinieron a sacar de la bancarrota, luego de sus malas inversiones, así como esa frustrada relación entre el empresario fílmico y la cubana Ninón Sevilla. En su narración cinematográfica, en la que además revela cómo descubrió todos esos tesoros fílmicos que hoy muestra en forma pública, y descubre ella misma que esas decenas de cartas, memorándums, copias abandonadas en bodegas son, como dijo ella, “pésele a quien le pese, testimonio cultural del cine mexicano”. Poco a poco, a través de las películas familiares y los relatos de algunos sobrevivientes se da cuenta de cómo “El clan Calderón” fue fundamental en la creación de una industria, de su audacia para proponer nuevas tendencias en el cine de hace cuatro décadas. Viviana descubre que don José, su bisabuelo, así como sus tíos, Pedro, Guillermo y Rafael tuvieron la visión para levantar un emporio fílmico que comenzó en el estado de Chihuahua, cruzó la frontera hacia El Paso, Texas, y se extendió a otros estados de la República Mexicana. En realidad en su documental da cuenta del cine hecho por los Calderón, desde las primeras películas con rumberas, con las grandes de antaño como María Antonieta Pons, Amalia Aguilar y Meche Barba, así como los filmes de desnudos en las que convencieron a bellas como Ana Luisa Peluffo y Kitty de Hoyos, entre otras, a aparecer como Dios las trajo al mundo Qué decir de las películas musicales, como “Juventud desenfrenada”, en la que una escena de una actriz, menor de edad, incorporada en la película horas antes de su estreno alborotó de los moralistas de los 60. Los Calderon fueron quienes provocaron también la llegada de los luchadores a la pantalla grande, inicialmente con El Santo, con dos películas filmadas en Cuba, y a partir de ese momento el género se extendió y acaparó la taquilla con un éxito sin precedentes. Casi al final de la dinastía, cuando un ex presidente los fustigó y acosó para que dejaran el negocio del cine, los Calderón tomaron un nuevo con el género de ficheras, mediante “Bellas de noche”, experiencia de la que da testimonio Sasha Montenegro y Rafael Inclán. Esas películas originaron la bonanza de una cinematografía que actualmente trata de levantarse.


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