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Narra payaso cómo logró salir de las drogas, alcohol y delincuencia

01/08/2010 04:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El maquillaje, el vestuario y los accesorios que "Pedro" usa para desempeñar su trabajo de payaso en Chiapas, esconde la tormentosa vida que tuvo que pasar al caer en las drogas, alcoholismo, delincuencia organizada, sexo y migración. Nacido en Tapachula, actualmente tiene 22 años y es soltero, alguna vez practicó el boxeo y la lucha libre como deporte y con el afán de abrirse un espacio en ese mundo de la fama y el dinero, cosa que no logró. Huérfano de padre, vivía con su madre en la zona rural alta del municipio. A los 12 años algunos amigos le enseñaron a fumar cigarrillos "por curiosidad y porque con eso nos sentíamos ya mayores de edad", un año después probó por primera vez la marihuana a invitación de uno de sus mejores amigos. "Me dio un ataque de risa, caminaba como entre nubes. Al principio ellos me invitaban de sus carrujos y después yo empecé a comprarlos porque todos los que nos drogamos sabemos como conseguirlo y en donde", dice. Al llegar a los 15 buscó nuevas emociones con el thiner y otros solventes, al cumplir los 17 probó el crack fumado y después inhalado, "aunque mis familiares no sabían nada de lo que me estaba pasando". Empezó a llegar tarde a su casa, incluso en horas de la madrugada, justificando para ello que estaba con amigos o haciendo deporte. La situación económica de la familia lo obligó a emplearse como vendedor ambulante pero las ganancias las invertía en drogas. Llegaba a su casa sin dinero y decía que había sido asaltado, sin embargo, el pretexto fue tan recurrente que ya no le creyeron. a desesperación por conseguir dinero para las drogas lo llevó a pedir limosna en las calles. "Muchos me insultaban y me decían que mejor me pusiera a trabajar. Alguien me invitó a participar en un asalto y después yo organicé los propios. Usaba una pistola y prefería de víctimas a los taxistas. No maté a nadie porque en realidad el arma no servía... era puro pancho". Entró en un periodo de depresión al grado de buscar el suicidio. Decidió hablar con su mamá y decirle que en realidad era delincuente prisionero de las drogas, ella se enojó muchísimo y decidió internarlo en un anexo de rehabilitación en la Ciudad de México. "Ahí me golpeaban y humillaban, me daban de comer solamente verduras sin sal, no había dormitorios sino más bien una especie de auditorio en el que dormíamos en el suelo unas 120 personas. El primer día que salí, fume marihuana", narra. Egresó resentido contra su madre, a quien le robó seis mil pesos de una tarjeta de crédito, discutieron por ese motivo y decidió viajar camuflageado con migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, aunque solo consiguió llegar a Hermosillo, Sonora. En ese lugar conoció a un grupo de payasos que le dio un espacio para vivir y comer, pero también le enseñó el oficio y varios trucos de magia que utilizó como parte de su espectáculo en camiones, parques, calles, plazas y otros espacios públicos. A las adicciones se le agregó el sexo con menores de edad que se encontró en su camino, aunque asegura que nunca tuvo hijos ni enfermedades venéreas. Las drogas -incluida la cocaína- y el alcohol lo apresaban cada vez más hasta que se robó la camioneta del resto de los payasos que vivían con él y emprendió su viaje hacia Tijuana. El carro lo dejó abandonado en una calle cuando se le acabó la gasolina. En Tijuana siguió con el personaje de payaso pero también pidió limosna. Un día decidió acabar con todo eso y se presentó voluntariamente al Instituto Nacional de Migración (INM) y dijo que era guatemalteco y que quería que fuera repatriado. De esa manera logró regresar a Chiapas, en donde buscó a su mamá para pedirle perdón y que lo ayudara a salir de las drogas. Ella decidió llevarlo al Centro Especializado para la Prevención y Tratamiento en Adicciones (Centra), que desde el 13 de noviembre del año pasado abrió oficinas en Tapachula. El Centra es un organismo creado por la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) para poner en marcha mecanismos de prevención, preparado para otorgar atención especializada y profesional a personas con problemas de adicción. "Pedro" cumplió tres meses de rehabilitación en ese lugar. Ahí mismo hicieron todas las gestiones para que continuara con sus estudios de secundaria en la modalidad de adultos, en donde lleva excelentes calificaciones. Dejó las drogas. Hoy es miembro de una organización de alcohólicos anónimos en Tapachula y se volvió religioso. Aún cuando esa vida le dejó algunos daños físicos, como el olvidar constantemente las cosas, nombres y lugares, considera que ha triunfado en su lucha contra las adicciones. Es payaso de profesión y ahora tiene una agenda completa de trabajo. Sigue viviendo con su madre y es claro cuando dice que "hoy ya tengo un plan de vida y una razón para seguir adelante". El Centra de Tapachula atiende de manera gratuita y en promedio mensualmente a unas 30 personas -de entre 13 y 60 años de edad, aunque la mayoría son jóvenes-; le da seguimiento a cada caso y mantiene un promedio de alrededor de 95 por ciento de efectividad. Ahí, psicólogos, médicos, enfermeros, así como especialistas en deporte, cultura, educación y otras áreas, festejan cada nuevo ingreso y la salida de los rehabilitados. "Pedro" se da hoy tiempo recorriendo las calles de la Frontera Sur para tratar de rescatar a quienes, como él, cayeron en las drogas. Este es su primer testimonio.


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