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La necesidad y la entereza forjaron a Guillermo Prieto

09/02/2011 04:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Huérfano de padre a los 13 años de edad y con su madre enferma, Guillermo Prieto comenzó trabajando como dependiente en una tienda de ropa, sin imaginar que su entereza lo llevaría a ser reconocido como poeta, político, periodista y dramaturgo mexicano. Prieto nació el 10 de febrero de 1818 en el barrio de Tacubaya de la Ciudad de México, y su niñez transcurrió por el rumbo de Molino del Rey, cerca del histórico Castillo de Chapultepec. Su primer trabajo fue como vendedor en una tienda de ropa, luego ingresó como meritorio en la aduana, bajo la protección de don Andrés Quintana Roo, lo que le permitió ingresar al Colegio de San Juan de Letrán. Luego, al lado de Manuel Toussaint Ferrer y los hermanos José María y Juan Lacunza, participó en la fundación de la Academia de Letrán, en 1836, dirigida por Quintana Roo, la cual tenía la tendencia a "mexicanizar la literatura". Metido en la política, fue secretario Particular de Valentín Gómez Farías y Anastasio Bustamante, sucesivamente. Comenzó su carrera de periodista en “El siglo XX” como crítico teatral, publicando los "San Lunes", y colaboró también en el “Monitor republicano”. En 1845 fundó, con Ignacio Ramírez "El Nigromante", el periódico satírico “Don Simplicio”. Afiliado desde muy joven al Partido Liberal, defendió sus ideas en la prensa y en su poesía. Fue ministro de Hacienda en el gabinete del general Mariano Arista. Se adhirió al Plan de Ayutla, proclamado el 1 de marzo de 1854, por cuyo motivo sufrió el destierro. Posteriormente volvió a desempeñar la cartera de Hacienda, en el gobierno de Juan Alvarez (6 de octubre al 6 de diciembre de 1855). Fue diputado 15 veces durante 20 periodos del Congreso de la Unión, y participó, representando a Puebla, en el Congreso Constituyente de 1856-1857. Por tercera vez al frente del Ministerio de Hacienda, acompañó al presidente Benito Juárez en su huida, después del pronunciamiento del general Félix Zuloaga. En Guadalajara, Prieto salvó la vida del presidente Benito Juárez, interponiéndose entre él y los fusiles de la guardia sublevada, gritando su famosa frase: "¡Alto, los valientes no asesinan!". Cuando Juárez inició la restauración de la República, fue nombrado por cuarta ocasión ministro de Hacienda, desde donde se empeñó en llevar a cabo la Reforma. El 5 de febrero de 1861 publicó el decreto que establecía que todos los bienes eclesiásticos eran y habían sido siempre del dominio de la nación, y en consecuencia resultaban nulos los contratos y negocios celebrados por el clero sin el consentimiento y la aprobación del gobierno constitucional. Más tarde fue ministro de Relaciones Exteriores en el gabinete de José María Iglesias. En 1890 resultó ganador del concurso convocado por el periódico “La República” para determinar quién era el poeta más popular del momento, superando a los también poetas mexicanos Juan de Dios Peza y Salvador Díaz Mirón. Fue declarado por Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) como "El poeta mexicano por excelencia, el poeta de la patria", desde su "Observatorio de costumbres". En su obra, Prieto vio desfilar paisajes urbanos y tipos populares y los describió con una novedad plástica asombrosa, al tiempo que sostuvo siempre su pasión política. bajo su tono festivo e irónico. Autor fecundo, su obra completa aún está dispersa en periódicos. De su poesía sobresalen "La musa callejera" y "Romance nacional", en tanto que de su prosa destacan "Memorias de mis tiempos", "Viajes de orden supremo" y "Viajes a los Estados Unidos". También escribió las piezas dramáticas "El alférez" (1840), "Alonso de Ávila" (1842), "El susto de Pinganillas" (1843), "Patria y honra", "La novia del erario" y el monólogo "A mi padre". Fue profesor de Economía Política y después Historia Patria en el Colegio Militar; escribió "Indicaciones sobre el origen", "Lecciones elementales de economía política", "Lecciones de historia patria" y "Breve introducción al estudio de la historia universal". A los 79 años de edad, Guillermo Prieto enfermó de una añeja lesión cardiaca y tuvo que trasladarse a Cuernavaca, Morelos, para cuidar de su salud. Tras el fallecimiento de su hijo regresó a la Ciudad de México, donde se agravó su enfermedad y murió la mañana del 2 de marzo de 1897, en compañía de su segunda esposa, Emilia Golard, sus hijos y sus nietos.


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